
Álvaro Fidalgo, mediocampista del América, se perfila para debutar con la Selección Mexicana en marzo de 2026, una noticia que ha encendido el debate sobre el papel de los futbolistas naturalizados en el Tri.
La posibilidad de que el español, quien ya obtuvo la nacionalidad mexicana, vista la camiseta nacional ha generado reacciones encontradas entre analistas, aficionados y exjugadores.
En este contexto, las palabras de Roberto Gómez Junco en Futbol Picante cobran relevancia, pues el exfutbolista y comentarista advirtió que el abuso de naturalizados puede derivar en una “falsa representación” del fútbol mexicano.
Gómez Junco reconoció que casos como el de Sinha en su momento aportaron mucho a la Selección, y que hoy Julián Quiñones es un futbolista difícil de sustituir por su capacidad ofensiva.

También destacó que Fidalgo, en su mejor versión, es uno de los mediocampistas más completos de la Liga MX. Sin embargo, subrayó que el problema no es la calidad individual, sino la identidad colectiva: “Si abusas con los naturalizados, caes en una falsa representación. Como no formo jugadores, pues tráetelos de afuera, ayúdalos con los papeles y en la mayoría de los casos se va a naturalizar el que sabe que con la selección de su país de origen no podría jugar”.
El analista planteó que debería existir una reglamentación clara desde la Federación Mexicana de Futbol para definir cuántos naturalizados pueden ser convocados.
Según su visión, aceptar cinco o seis podría ser razonable, pero siempre con la conciencia de que representan otra formación futbolística. En su jerarquía, Quiñones es el más difícil de suplir, Fidalgo ocupa un lugar destacado en el mediocampo, mientras que Berterame tiene equivalentes mexicanos que podrían cumplir su función.

La discusión se centra en qué pretende México con su Selección rumbo al Mundial 2026. Para Gómez Junco, lo ideal sería que el equipo refleje lo que es el fútbol mexicano de la actualidad, con jugadores formados en el país y con identidad propia.
La llegada de Fidalgo al Tri en marzo abre un dilema: por un lado, la posibilidad de sumar calidad inmediata en una zona clave del campo; por otro, el riesgo de que la Selección se convierta en un mosaico de talentos formados en otros países.
El caso de Fidalgo, junto con el de Quiñones y otros naturalizados, obliga a replantear la estrategia de desarrollo de futbolistas en México. Mientras la Federación celebra la incorporación de jugadores de alto nivel, voces como la de Gómez Junco insisten en que el verdadero reto es formar talento local capaz de competir en la élite.
La pregunta que queda abierta es si el Tri, con naturalizados de impacto, seguirá siendo visto como un reflejo fiel del fútbol mexicano o como una selección que depende de lo que otros países no aprovecharon.
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