Tomar vitaminas sin receta podría ser innecesario: cuándo ayudan y cuándo pueden ser perjudiciales

Los suplementos son consumidos por millones de personas con la intención de mejorar su salud o prevenir enfermedades

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El consumo de vitaminas y suplementos alimenticios se ha popularizado como una estrategia para fortalecer el sistema inmunológico, aumentar la energía o prevenir enfermedades.

Sin embargo, la evidencia científica muestra que, para la mayoría de las personas sanas, estos productos no ofrecen beneficios adicionales cuando existe una alimentación equilibrada.

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Especialistas en nutrición y medicina coinciden en que, salvo indicación médica, el organismo obtiene las vitaminas y minerales necesarios mediante una dieta variada que incluya frutas, verduras, cereales integrales, legumbres, proteínas y grasas saludables.

Por ello, tomar suplementos sin una deficiencia diagnosticada suele representar un gasto innecesario. En el caso de algunas vitaminas, el exceso simplemente es eliminado por el organismo, mientras que otras pueden acumularse y provocar problemas de salud.

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¿Qué ocurre con las vitaminas hidrosolubles?

Las vitaminas hidrosolubles, como la vitamina C y las del complejo B, se disuelven en agua y no permanecen almacenadas durante largos periodos en el cuerpo.

Mesa de madera clara con frascos de pastillas de colores, frutas como manzana y naranjas, verduras de hoja, frutos secos y un vaso de agua.
Los especialistas recomiendan consumir suplementos vitamínicos únicamente cuando existe una deficiencia diagnosticada o una indicación médica, ya que una alimentación equilibrada suele aportar los nutrientes necesarios para una persona sana

Cuando se consumen cantidades superiores a las que el organismo necesita, el exceso generalmente se elimina a través de la orina. Esta característica ha dado origen a la expresión utilizada por algunos especialistas de que los suplementos, en estos casos, solo producen “la orina más cara”.

Aunque presentan un menor riesgo de toxicidad, consumir dosis elevadas de manera prolongada tampoco está exento de consecuencias. Un exceso de vitamina C puede ocasionar molestias gastrointestinales, diarrea e incrementar el riesgo de cálculos renales en personas predispuestas.

En tanto, la vitamina B6, cuando se consume por encima de las recomendaciones durante largos periodos, puede provocar alteraciones neurológicas.

Las vitaminas liposolubles sí pueden acumularse

A diferencia de las anteriores, las vitaminas A, D, E y K son liposolubles, es decir, se almacenan en el hígado y en los tejidos grasos.

Esta característica hace que el consumo excesivo durante meses o años pueda derivar en una acumulación conocida como hipervitaminosis, una condición que puede afectar distintos órganos.

Entre los principales riesgos se encuentran:

  • Vitamina A: daño hepático, alteraciones en la visión y debilitamiento de los huesos.
  • Vitamina D: incremento anormal del calcio en la sangre, condición que puede afectar riñones y sistema cardiovascular.
  • Vitamina E: mayor riesgo de hemorragias debido a que interfiere con los mecanismos normales de coagulación.
  • Hierro y calcio: aunque no son vitaminas, estos minerales también pueden resultar perjudiciales cuando se consumen en exceso. El hierro puede acumularse en órganos vitales, mientras que el calcio favorece el estreñimiento y la formación de piedras en los riñones.
Seis frascos blancos de diferentes tamaños, pastillas de colores dispersas, varios símbolos de advertencia amarillos y rojos, y una señal de riesgo biológico azul.
Los especialistas recomiendan consumir suplementos vitamínicos únicamente cuando existe una deficiencia diagnosticada o una indicación médica, ya que una alimentación equilibrada suele aportar los nutrientes necesarios para una persona sana

¿Sirven para prevenir enfermedades?

Diversas investigaciones científicas han analizado el uso preventivo de los multivitamínicos en población sana.

De acuerdo con revisiones realizadas por organismos como el Grupo de Trabajo de Servicios Preventivos de Estados Unidos (USPSTF), no existe evidencia suficiente para afirmar que los suplementos vitamínicos reduzcan el riesgo de enfermedades cardiovasculares, cáncer o aumenten la esperanza de vida en personas sin deficiencias nutricionales.

Esto significa que tomar vitaminas “por si acaso” no representa una estrategia efectiva para conservar la salud.

Los mitos más comunes sobre los suplementos

Uno de los conceptos más extendidos es que las vitaminas proporcionan energía. Sin embargo, los especialistas aclaran que estos micronutrientes no contienen calorías ni funcionan como un estimulante.

Su función consiste en facilitar procesos metabólicos que permiten aprovechar la energía obtenida de los alimentos. Cuando el organismo ya dispone de cantidades suficientes, consumir más vitaminas no genera un efecto adicional.

Otro mito frecuente es que la vitamina C evita los resfriados. La evidencia disponible indica que su consumo habitual no impide contraer infecciones respiratorias. En algunos casos puede acortar ligeramente la duración de los síntomas, pero no actúa como una protección garantizada.

¿Quiénes sí necesitan suplementación?

Existen grupos de población para los que los suplementos vitamínicos sí representan una herramienta importante, siempre bajo supervisión médica.

Entre ellos se encuentran:

  • Mujeres embarazadas o que buscan un embarazo, quienes requieren ácido fólico para reducir el riesgo de defectos del tubo neural en el bebé.
  • Adultos mayores, que pueden necesitar vitamina B12 debido a una menor capacidad de absorción, además de vitamina D y calcio para proteger la salud ósea.
  • Personas con dietas veganas o vegetarianas estrictas, quienes deben suplementar vitamina B12.
  • Pacientes con enfermedades que afectan la absorción de nutrientes, como enfermedad celíaca, enfermedad de Crohn o quienes han sido sometidos a cirugía bariátrica.

La mejor fuente de vitaminas sigue siendo la alimentación

Los especialistas insisten en que una alimentación equilibrada continúa siendo la forma más segura y eficaz de obtener las vitaminas y minerales que el organismo necesita.

Antes de iniciar cualquier suplementación, recomiendan acudir con un médico o un profesional de la nutrición para determinar si realmente existe una deficiencia o una condición que justifique su consumo.

En la mayoría de los casos, mantener hábitos saludables, evitar el tabaco y moderar el consumo de alcohol ofrece mayores beneficios para la salud que incorporar suplementos vitamínicos sin una indicación médica específica.

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