La pirámide más alta de México no está en Teotihuacán: está en Puebla, tiene más volumen que la de Keops y la mayoría la confunde con un cerro

Los pasadizos subterráneos de la zona arqueológica de Cholula volvieron a recibir visitantes con nueva iluminación, control de acceso y sistemas de seguridad. Descubre cuántos metros están habilitados y los precios de entrada para mexicanos

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Una iglesia de cúpulas amarillas y blancas sobre una colina verde. Un volcán nevado con una columna de humo blanco se levanta al fondo bajo cielo azul con nubes
La Iglesia de Nuestra Señora de los Remedios se erige sobre la Gran Pirámide de Cholula con el volcán Popocatépetl expulsando una columna de humo de fondo. (Gobierno de Puebla)

La Gran Pirámide de Cholula, en el estado de Puebla, es la pirámide más grande del mundo por volumen y supera a la de Keops en Egipto, aunque la mayoría la confunde con un cerro natural. Con 4,45 millones de metros cúbicos de volumen y una base de 450 × 450 metros, el Libro Guinness de los Récords la reconoce como el monumento más grande jamás construido por el ser humano.

La estructura se alza 66 metros sobre la llanura —altura similar a la Pirámide del Sol en Teotihuacán— pero se extiende horizontalmente de forma que su base cuadruplica la de la Gran Pirámide de Giza, que mide 230 × 230 metros. En volumen, Cholula casi duplica a su par egipcia, que alcanza apenas 2,5 millones de metros cúbicos.

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Fotografía en blanco y negro de una gran colina cubierta de abundante vegetación con una iglesia blanca de dos torres en la cumbre y senderos en sus laderas
Una fotografía histórica en blanco y negro muestra la Gran Pirámide de Cholula con el Santuario de Nuestra Señora de los Remedios en su cima, en Puebla, México. (Gobierno de Puebla)

Por qué parece un cerro

Póster de la Gran Pirámide de Cholula con cielo azul y vegetación. Texto: Sabías que... La Gran Pirámide de Cholula es la pirámide con más volumen del mundo. Logotipo municipal
Un póster promocional del Gobierno Municipal de San Pedro Cholula muestra la Gran Pirámide de Cholula e indica que es la pirámide con más volumen del mundo. (Gobierno de Puebla)

La confusión tiene siglos de antigüedad. Cuando Hernán Cortés llegó a Puebla en 1519, la estructura ya estaba cubierta de vegetación brotada del adobe con el que fue construida, y la tomó por una montaña.

Lejos de demolerla, los españoles ordenaron levantar una iglesia en su cima. En 1594 se erigió el Santuario de Nuestra Señora de los Remedios, cuyas cúpulas amarillas sobre el templo prehispánico —con el volcán Popocatépetl de fondo— se convirtieron en una de las postales más reconocidas de México.

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Su nombre en náhuatl lo dice todo: Tlachihualtépetl, que significa “cerro hecho a mano”. La denominación no es poética: es una descripción literal de lo que los habitantes de la región veían sin saber que era obra humana.

Mil años de construcción superpuesta

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El método constructivo fue peculiar: cada cultura dominante que habitó la región construyó su propio centro ceremonial encima del anterior, sin destruirlo. (INAH)

La pirámide no fue levantada de una sola vez ni por una única cultura. Su origen se remonta aproximadamente al año 300 a.C., y su edificación se prolongó durante casi mil años, hasta el siglo IX d.C.

El método constructivo fue peculiar: cada cultura dominante que habitó la región construyó su propio centro ceremonial encima del anterior, sin destruirlo. Ese proceso de superposición se repitió entre seis y siete veces, lo que agrandó la base de forma progresiva hasta alcanzar sus dimensiones actuales.

Las culturas vinculadas a Teotihuacán dejaron su huella en las primeras etapas, con la arquitectura característica de talud-tablero. Más tarde intervinieron grupos olmeca-xicalanca y toltecas. La estructura estuvo dedicada al culto del dios Quetzalcóatl y fue, en su momento, un centro religioso de primer orden en Mesoamérica. Se estima que el complejo urbano que se desarrolló a su alrededor llegó a albergar cerca de 100.000 habitantes hacia el año 200 d.C., lo que la convertía en la segunda ciudad de Mesoamérica después de Teotihuacán.

El material principal fue el adobe —ladrillo de barro secado al sol—, con revestimientos de roca volcánica y acabados de estuco. Se calcula que la obra requirió alrededor de 100 millones de ladrillos de adobe.

Fotografía en blanco y negro de un túnel oscuro y abovedado con paredes de piedra irregular que se estrechan en la distancia
Un pasaje abovedado en blanco y negro atraviesa el interior de la Gran Pirámide de Cholula. (Gobierno de Puebla)

El arqueólogo que descubrió la montaña falsa

Durante siglos, nadie documentó científicamente que aquella elevación era artificial. Fue el arqueólogo suizo-estadounidense Adolph Bandelier quien llegó a Cholula en 1881 y publicó sus hallazgos en 1884: tomó las primeras mediciones precisas de la estructura, identificó enterramientos en su entorno y elaboró el primer plano detallado del sitio.

Décadas después, en 1931, el arquitecto Ignacio Marquina inició las excavaciones formales bajo el auspicio del gobierno mexicano. Su equipo optó por explorar el interior sin tocar la iglesia de la cima: abrieron túneles que cruzaban la pirámide de norte a sur y de este a oeste, siguiendo el contorno de las subestructuras internas.

Para 1954, la red subterránea sumaba cerca de 8 kilómetros de pasadizos. Una segunda fase de excavaciones, entre 1966 y 1971, completó el mapeo de las distintas capas constructivas. Entre los hallazgos más relevantes figura el Mural de los Bebedores, una pintura de 60 metros que representa una escena ritual vinculada al consumo de pulque y que es considerada una de las obras pictóricas más importantes de Mesoamérica.

Los túneles reabrieron en 2026 tras seis años cerrados

Fotografía en blanco y negro de un túnel de piedra con escaleras irregulares que descienden hacia un arco de luz
Un túnel de piedra con escaleras irregulares conduce hacia una salida arqueada iluminada dentro de la Gran Pirámide de Cholula. (Gobierno de Puebla)

De los 8 kilómetros de túneles excavados, solo 800 metros están habilitados para el público. Esos pasadizos permanecieron cerrados desde el inicio de la pandemia en 2020 y reabrieron en marzo de 2026, en coincidencia con el Equinoccio de Primavera.

El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) supervisó una rehabilitación que incluyó iluminación eléctrica renovada, códigos QR con información histórica, cámaras de vigilancia y torniquetes de acceso. La inversión total rondó los 8 millones de pesos. El director del INAH Puebla, Manuel Villarruel, explicó que el acceso libre podría deteriorar el interior del monumento, por lo que el ingreso se controla mediante grupos reducidos y horarios definidos.

El recorrido subterráneo expone los muros de adobe originales, sistemas de drenaje antiguos y las distintas etapas constructivas superpuestas. Los pasillos miden aproximadamente 1,20 metros de ancho con techos bajos, por lo que el INAH advierte que la experiencia no es apta para personas con claustrofobia.

La zona arqueológica se ubica a 15 kilómetros de la ciudad de Puebla de Zaragoza y a unas dos horas de la Ciudad de México. La entrada cuesta 210 pesos para visitantes generales y 105 pesos para nacionales y extranjeros con residencia en México.

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