Violencia como espectáculo: así usan los gobiernos las imágenes como herramientas de miedo y control

Esta narrativa, que resurgió con fuerza tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, ahora se emplea para criminalizar a migrantes, disidentes o colectivos incómodos

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Ilustración de una figura sin rostro en traje que proyecta imágenes de personas esposadas a una audiencia. Iconos de redes sociales como compartir y corazón flotan en el aire.
Una figura institucional proyecta imágenes de personas sometidas y esposadas sobre una audiencia de siluetas anónimas, simbolizando la manipulación de la información y el control social en la era de las redes sociales. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Las imágenes de detenciones violentas y exhibición pública de personas sometidas han dejado de ser propiedad exclusiva de filtraciones periodísticas o denuncias anónimas.

En la actualidad, los propios gobiernos difunden este material como instrumento político para generar miedo, controlar y consolidar la figura del enemigo ante la sociedad, de acuerdo con el Dr. Edwin Culp, académico del Cecrige de la Universidad Iberoamericana,

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A través de un análisis mediático y estudios de género, el especialista sostuvo que este fenómeno no es nuevo, pero sí ha transformado su dinámica. Históricamente, la construcción del enemigo por medio de contenido visual, ha sido clave en contextos de guerra y agresiones estatales.

Sin embargo, a diferencia de casos como las torturas de Abu Ghraib, donde las fotografías eran filtradas por terceros, hoy se producen y distribuyen de manera deliberada, amplificando su impacto y alcance en las comunidades.

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Redes sociales y la espectacularización del control

El Dr. Culp observó que gobiernos de tendencia autoritaria han rescatado la figura del “terrorista” para legitimar políticas de represión, exclusión y uso de la fuerza.

Esta narrativa, que resurgió con fuerza tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, ahora se emplea para criminalizar a migrantes, disidentes o colectivos incómodos.

La exhibición de cuerpos humillados y sometidos es una estrategia visual para reafirmar poder y advertir las consecuencias de desafiar la autoridad. “Lo que se vuelve llamativo es quién se está volviendo el enemigo y cómo se está produciendo esa figura”, aseguró el especialista.

Con el auge de plataformas como TikTok, Instagram o X ha transformado la difusión de la violencia simbólica y política. Actualmente, vivimos en una época de espectáculo continuo, donde todo puede convertirse en contenido visual y viral.

Videos de detenciones o actos violentos son editados siguiendo tendencias juveniles o con música popular para maximizar su circulación. Así, los agravios dejan de ser algo excepcional y se convierte también en advertencia.

“Estamos viviendo en una época de show. Todo el tiempo vemos qué hace el otro, glamorizamos nuestras vidas y eso también alcanza a este tipo de videos”, indicó.

Ilustración digital: un teléfono celular gigante emite ondas rojas y azules. Siluetas humanas lo observan. Burbujas de notificaciones, hashtags y videos borrosos flotan.
Una ilustración digital conceptual muestra un teléfono celular gigante emitiendo ondas rojas y azules que envuelven a siluetas humanas, con notificaciones y videos borrosos de detenciones flotando. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Criminalización de la migración

Esta tendencia revela una crisis profunda de los modelos liberales, la lógica estatal ya no se limita a defender fronteras, sino a proteger intereses económicos y sistemas de acumulación de capital. El enemigo deja de ser quien amenaza la soberanía, para convertirse en quien incomoda políticamente o resulta prescindible para el sistema.

Un ejemplo claro es la criminalización de la migración. El miedo y la exposición pública de la violencia precarizan vidas y reducen derechos, dificultando el acceso a empleo digno, crédito o vivienda para quienes buscan integrarse socialmente.

El académico advirtió que mientras antes las imágenes de abusos estatales circulaban como denuncia, ahora el propio poder utiliza esos recursos para reforzarse. Esto marca una ruptura con el orden liberal internacional y fomenta discursos autoritarios y excluyentes, donde grupos tradicionalmente hegemónicos se presentan como “minorías agraviadas”.

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