Así escondieron los restos de Hernán Cortés en la CDMX para que no los destruyeran: dónde están hoy y quién los ocultó

El testamento del conquistador dispuso que su cuerpo fuese llevado a la antigua capital virreinal, donde atravesó sepulturas intermedias

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El testamento del conquistador dispuso que su cuerpo fuese llevado a la antigua capital virreinal, donde atravesó sepulturas intermedias
El cuerpo de Cortés permaneció casi dos décadas en Sevilla antes de trasladarse a la Nueva España conforme a las disposiciones testamentarias del conquistador. Crédito: Jesús A. Aviles/ Infobae México.

El destino de los restos de Hernán Cortés se convirtió en un asunto rodeado de múltiples traslados, polémicas y confusiones desde su muerte en 1547, según documentó el historiador mexicano Luis González Obregón en una investigación publicada por el INAH.

Luego del fallecimiento de Cortés el 2 de diciembre de 1547 en Castilleja de la Cuesta, Sevilla, España, su hijo Martín Cortés cumplió la cláusula testamentaria que indicaba trasladar el cadáver a la entonces Nueva España. El cuerpo del conquistador de Tenochtitlan se entregó en el Monasterio de San Isidro del Campo ante testigos de la nobleza y funcionarios.

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En ese recinto fúnebre el cuerpo permaneció en depósito. Inicialmente fue sepultado en el altar mayor, pero en 1550, los restos se mudaron a una sepultura secundaria junto al altar de Santa Catarina, dentro del mismo monasterio. No fue sino hasta 1566 cuando los apoderados de Martín Cortés recibieron y trasladaron los huesos rumbo a la Nueva España.

Discreción y traslados internos en la Nueva España

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Al llegar los restos de Hernán Cortés a la Nueva España, se depositaron provisionalmente en la iglesia de San Francisco de Texcoco por decisión familiar. Crédito: Wikimedia Commons

A pesar de la expectativa generada por el deseo expreso de Cortés y la notoriedad de su figura, su llegada a la Nueva España ocurrió en un contexto de tensión política: la conspiración independentista encabezada por los hermanos Ávila y otros encomenderos llevó a que el suceso pasara casi inadvertido tanto para el público como para las autoridades virreinales.

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Los restos, careciendo aún de capilla funeraria definitiva, se depositaron provisionalmente en la iglesia de San Francisco de Texcoco, ya que en el sitio se encontraban los huesos de la madre y algunos hijos de Cortés por disposición testamentaria. Los huesos permanecieron allí hasta 1629.

En ese año, se realizó otro traslado hacia la iglesia de San Francisco en México, y en 1794, bajo la dirección del virrey 2.º Conde de Revilla Gigedo, se decidió su inhumación en el templo de Jesús Nazareno, anexo al Hospital fundado por el propio Cortés. Cada 2 de diciembre se celebraban honras fúnebres por el alma de Cortés.

El sepulcro de Cortés en el Hospital de Jesús incluía una inscripción detallada con datos biográficos: “Aquí yace el grande héroe Hernán Cortés, conquistador de este reino de Nueva España, gobernador y capitán general del mismo, caballero del orden de Santiago, primer marqués del Valle de Oaxaca y fundador de este santo hospital e iglesia de la Inmaculada Concepción y Jesús Nazareno...”

El debate sobre el destino final tras la Independencia

Iglesia Jesus de Nazareno
La última constancia documental de los restos de Hernán Cortés data de marzo de 1827 en la iglesia del Hospital de Jesús, en la Ciudad de México. (Wikipedia)

Con la llegada del México independiente y un clima adverso a los antiguos símbolos de la dominación española, las autoridades y algunos sectores propusieron eliminar vestigios como escudos, emblemas y monumentos ligados a la monarquía y la Conquista. En 1822 llegó al Congreso la propuesta de quitar los huesos de Cortés y demás insignias de nuestros opresores” de la iglesia de Jesús.

La exhumación de los héroes de la guerra de Independencia en 1823 revivió rumores de un posible atentado a los restos de Cortés. Sin embargo, no ocurrió ningún acto violento ni profanación pública. Para proteger los restos, el provisor de la Mitra, en coordinación con el hospital y por orden del Poder Ejecutivo, ordenó su inhumación en “lugar seguro” el 15 de septiembre de 1823, gestión en la que participó Lucas Alamán.

Diversos autores y cronistas, tanto nacionales como extranjeros, apuntaron a la desaparición y posible envío de los huesos a Italia, pero las fuentes documentales consignadas por González Obregón muestran que el último registro fehaciente de los restos señala su permanencia en la iglesia del Hospital de Jesús Nazareno (o Parroquia de Jesús Nazareno e Inmaculada Concepción)hasta por lo menos el 12 de marzo de 1827.

Por tanto, los documentos sustentan tres afirmaciones clave: Hernán Cortés dispuso que sus restos fueran llevados a la Nueva España, los apoderados de Martín Cortés cumplieron la voluntad en la segunda mitad del siglo XVI, y no existe registro oficial que permita suponer que los huesos hayan salido de México rumbo a Europa.

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