Casi la mitad de los mexicanos tiene hígado graso y no lo sabe: cómo saber si lo padeces sin hacerte una biopsia

El hígado graso avanza de forma silenciosa sin mostrar síntomas claros, afectando la salud de millones de personas en México

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Primer plano de un hombre mestizo con camiseta oscura y jeans, de pie en una calle borrosa, con un contorno brillante de un hígado superpuesto en su pecho.
El hígado graso enciende alertas en salud pública por su alta incidencia entre la población mexicana. (Imagen Ilustrativa Infobae)

En la actualidad, el hígado graso afecta a millones de personas en México sin que la mayoría se de cuenta, según advierten organismos de salud pública y especialistas.

Este padecimiento, de evolución silenciosa, preocupa cada vez más a médicos y autoridades por su rápido crecimiento en los últimos años.

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Asimismo, el interés social por la enfermedad ha ido en aumento, como lo demuestran las búsquedas en internet y los informes de instituciones nacionales.

Las campañas de prevención y la información confiable se vuelven esenciales para frenar el avance de este problema de salud.

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Qué es el hígado graso y a cuántos mexicanos afecta

La esteatosis hepática metabólica, conocida comúnmente como hígado graso, consiste en la acumulación de grasa en las células del hígado.

Esta condición suele desarrollarse sin síntomas claros y es considerada la causa más frecuente de alteraciones crónicas en las pruebas de función hepática, según la Secretaría de Salud.

De acuerdo con datos oficiales actualizados a 2026, más del 60% de los adultos mexicanos padece algún grado de hígado graso, una cifra reportada tanto por el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) como por la Secretaría de Salud.

Si se suman los casos leves, la prevalencia puede alcanzar el 64%, lo que representa decenas de millones de personas.

La relación entre la obesidad, la diabetes tipo 2 y otros trastornos metabólicos es directa. En México, hasta 80% de las personas con diabetes desarrollan hígado graso, lo que dificulta tanto el pronóstico como el tratamiento, según especialistas en salud metabólica.

Cómo saber si tienes hígado graso sin hacerte una biopsia

La detección precoz del hígado graso es posible sin necesidad de recurrir a una biopsia hepática. El diagnóstico suele iniciarse con pruebas de laboratorio y estudios de ultrasonido, recomendados especialmente para personas con factores de riesgo como obesidad, diabetes o antecedentes familiares de enfermedad metabólica.

El ultrasonido abdominal es la herramienta de primera línea: es accesible, no invasivo y tiene alta precisión para detectar la acumulación de grasa en el hígado.

Además, los médicos pueden solicitar análisis de sangre para medir las enzimas hepáticas (ALT, AST, GGT), aunque estas pueden estar normales incluso en fases avanzadas de la enfermedad.

Para complementar, existen índices clínicos como el índice de hígado graso (IHG) y el SteatoTest, que integran datos como el índice de masa corporal, triglicéridos y enzimas hepáticas.

Si estas pruebas muestran alteraciones compatibles, el diagnóstico puede establecerse sin requerir una biopsia, que solo se reserva para casos dudosos o cuando se sospecha de daño avanzado.

Infografía sobre hígado graso en México. Muestra un hígado resaltado en un torso, un mapa de México y paneles con datos de prevalencia, vínculo con diabetes y obesidad.
Un gráfico informativo ilustra que el 64% de los adultos mexicanos padece hígado graso, destacando su preocupante relación con la obesidad y la diabetes tipo 2 como un grave problema de salud pública. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Qué pasa si te diagnostican hígado graso y por qué es importante detectarlo a tiempo

Detectar el hígado graso en sus primeras etapas permite controlar y, en muchos casos, revertir la enfermedad.

La pérdida de al menos 5% del peso corporal mejora la función hepática, y una reducción mayor al 10% puede revertir incluso la fibrosis.

El mayor riesgo reside en la evolución asintomática. Sin tratamiento, la enfermedad puede progresar a inflamación (esteatohepatitis), fibrosis, cirrosis y, en casos graves, cáncer de hígado.

De acuerdo con el Centro Médico ABC, se estima que cerca del 10% de quienes no reciben diagnóstico temprano desarrollan cirrosis.

El tratamiento se centra en el control de los factores de riesgo metabólicos: bajar de peso, mejorar la dieta, controlar el azúcar y el colesterol, y realizar ejercicio regular.

Limitar el consumo de azúcares simples y grasas saturadas, además de evitar el alcohol, es esencial en adolescentes y adultos jóvenes con diagnóstico.

Por qué el hígado graso es un desafío creciente en México

Los especialistas señalan que el aumento del hígado graso en México se debe a una combinación de sedentarismo y dietas altas en calorías y azúcares, especialmente en niños y jóvenes.

El país lidera los índices de obesidad infantil a nivel mundial, lo que contribuye a la detección de esteatosis hepática desde la pubertad.

Un estudio publicado en la revista médica The Lancet Gastroenterology & Hepatologyadvierte que, para 2050, la prevalencia de hígado graso aumentará 42% a nivel global. México figura entre los países más afectados, debido a la elevada incidencia de obesidad y diabetes, según las proyecciones internacionales.

Un niño obeso, de espalda, con camiseta roja y pantalones oscuros, sentado en el suelo. Cerca hay patatas fritas, una hamburguesa, un refresco y un osito de peluche.
Especialistas advierten que el alza de casos de hígado graso en México está vinculada al sedentarismo y al consumo excesivo de calorías y azúcares, con mayor impacto entre niños y jóvenes. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Qué recomiendan los especialistas y cómo actuar

Expertos y autoridades sanitarias coinciden en la necesidad de reforzar la prevención, el diagnóstico temprano y la educación en salud.

Es fundamental que la detección del hígado graso forme parte de las políticas públicas contra la obesidad y la diabetes.

El IMSS y la Secretaría de Salud recomiendan realizar estudios de laboratorio y ultrasonido en personas con factores de riesgo, y promueven la adopción de una alimentación balanceada y la práctica regular de ejercicio.

Para quienes ya tienen diagnóstico, el tratamiento se basa en cambios en el estilo de vida y, en casos seleccionados, seguimiento médico especializado.

El mensaje clave es claro: el hígado graso puede revertirse si se detecta a tiempo y se actúa sobre los factores de riesgo.

No se debe esperar a que aparezcan síntomas: la prevención y los chequeos periódicos marcan la diferencia entre una vida saludable y la aparición de complicaciones graves.

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