Dormir menos de 6 horas al día de forma crónica reduce hasta un 30 por ciento la capacidad cognitiva

Las consecuencias de un mal descanso suelen pasar desapercibidas y afectan tanto la concentración como el control emocional

Guardar
Primer plano de un hombre con pelo revuelto y barba frotándose el ojo, con un despertador digital que muestra las 4:07 AM en la mesita de noche.
Una mala rutina nocturna se refleja en fallos de atención y disminución de la paciencia, aunque a veces la persona crea que se ha adaptado. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Dormir entre cinco y seis horas por noche durante las jornadas laborales genera un deterioro medible en el desempeño mental, que no se reduce solo a sentirse cansado sino que involucra una pérdida progresiva de las capacidades cognitivas.

advierte la neuropsicóloga Marta Balagué, presidenta de la Sección de Neuropsicología del Colegio Oficial de Psicología de Catalunya, en entrevista con La Vanguardia.

PUBLICIDAD

Esta merma no solo afecta la atención y la toma de decisiones en el trabajo, sino que, a pesar de que algunas personas sientan que se adaptan a dormir poco, el daño persiste y puede prolongarse más allá de la jornada laboral.

Según cifras de la Sociedad Española de Neurología más de la mitad de la población adulta en promedio las personas duermen menos de siete horas por noche.

PUBLICIDAD

Y aunque cada persona reacciona diferente a la privación de sueño por factores genéticos o de edad, las regiones frontales del cerebro disminuyen su eficiencia cuando el mal descanso se vuelve hábito.

Esto se traduce en fallos de atención frecuentes, conocidos como “apagones”, y en una fatiga mental sostenida que no siempre es perceptible para el afectado.

Vista lateral de una joven en la oscuridad de su cama, mirando fijamente la pantalla iluminada de un teléfono móvil que sostiene con ambas manos.
Dormir menos de siete horas por noche reduce la capacidad cognitiva y afecta el rendimiento laboral, según expertos en neuropsicología.(Imagen Ilustrativa Infobae)

Balagué explica que la descompensación ocurre en las zonas cerebrales responsables de la organización, la planeación y el autocontrol.

Cuando una persona duerme poco de manera constante, estos sistemas pierden precisión y aumentan los errores por descuido, así como la variabilidad en el rendimiento laboral.

La especialista precisa que los adultos jóvenes son más vulnerables a estos efectos, ya que su atención y tasa de errores se ven afectados rápidamente, mientras que en los años posteriores el impacto resulta menos notorio a diario, pero representa un riesgo más prolongado para la salud cerebral.

Para quienes intentan compensar el mal descanso de la semana durmiendo más durante el fin de semana, la evidencia científica muestra que se recupera parcialmente la sensación de descanso.

Sin embargo, “no se restauran por completo funciones más complejas como pensar antes de actuar, mantener el foco o la toma de decisiones”, detalla Balagué en la conversación con La Vanguardia.

Además, modificar en exceso los horarios de sueño puede alterar el reloj biológico y provocar lo que la neuropsicología llama “jet lag social”.

La especialista subraya que existen diferencias individuales significativas ante la falta de sueño. Algunos toleran mejor la pérdida de horas debido a su reserva cognitiva.

Este concepto describe la capacidad extra del cerebro para adaptarse y mantener su funcionamiento frente a adversidades, como la fatiga o las enfermedades neurológicas. Se desarrolla con educación, tipo de empleo y desafíos mentales a lo largo de la vida.

Quienes cuentan con mayor reserva cognitiva pueden resistir mejor periodos de poco sueño, pero la protección no es absoluta; a largo plazo, la privación de descanso también les afecta.

Joven acostada en la cama a oscuras, con la cara iluminada por la pantalla azul del smartphone. Un reloj digital en la mesita de noche marca las 2:30 a.m.
La privación de sueño habitual impacta la atención, la toma de decisiones y la capacidad organizativa en el trabajo. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La privación de sueño deteriora la regulación emocional y eleva probabilidad de conflicto laboral

Balagué indica que dormir poco incide directamente en la concentración. “La evidencia es muy sólida: disminuye la atención sostenida, aumentan los despistes y aparecen más errores, especialmente los llamados errores por omisión”, puntualiza.

Además, los trabajadores tienden a optar por respuestas automáticas o intuitivas en la toma de decisiones, por encima de análisis reflexivos.

En el ámbito de las emociones y las relaciones de trabajo, la neuropsicóloga señala que la falta de sueño altera la regulación emocional, eleva la irritabilidad y reduce la paciencia.

Sin embargo, no todo está perdido, ya que la especialista también reitera que si el patrón de descanso inadecuado se corrige, y la persona logra dormir entre siete y nueve horas, el cerebro recupera su funcionamiento óptimo aunque la restauración no es inmediata.

“Puede requerir varios días de buen descanso, y si el patrón de mal sueño se mantiene durante años, podrían aparecer efectos más persistentes o de mayor riesgo a largo plazo”.

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD