
El incremento del uso de dispositivos electrónicos entre estudiantes universitarios ha desencadenado una transformación profunda en los hábitos de estudio y, al mismo tiempo, ha planteado nuevos desafíos para el rendimiento académico.
Un reciente estudio desarrollado por el doctor Alejandro Hernández Chávez, profesor de la Facultad de Medicina de la UNAM, identificó una relación directa entre el tiempo dedicado a pantallas y una disminución en el desempeño escolar, al tiempo que evidenció la fuerte dependencia digital que caracteriza a la generación postpandemia.
Según lo que explica Hernández Chávez publicado en el sitio UNAM Global, una de las conclusiones más significativas de la investigación consiste en que el aumento del uso de celulares, tabletas y computadoras correlaciona con una menor calificación en exámenes departamentales. Aunque los datos no prueban causalidad, el vínculo revela que el consumo excesivo de contenidos digitales afecta funciones esenciales como la concentración y el procesamiento de información.
Los detalles del estudio

Otro aspecto relevante surge del comportamiento de los estudiantes actuales: la transición de la enseñanza secundaria a la universidad, marcada en muchos casos por la virtualidad durante el confinamiento, impulsó que las pantallas se consolidaran como principal canal para el estudio, el entretenimiento y la socialización.
El doctor Hernández Chávez señaló en el medio UNAM Global que el predominio de los dispositivos electrónicos no solo ha modificado la manera de tomar apuntes –ahora los cuadernos han sido sustituidos casi por completo por tabletas–, sino que también ha influido en la forma de acceder y consolidar el conocimiento.
El estudio, realizado a lo largo de dos años con 355 alumnos de segundo año de Medicina, recopila información desde el perfil demográfico hasta el tiempo total invertido frente a diferentes pantallas: televisión, YouTube, redes sociales, videojuegos y servicios de streaming. Para ello, los estudiantes completaron un instrumento de autorreporte que permitió abarcar el uso en diversos dispositivos, evitando caer en la limitación de las aplicaciones de medición que analizan únicamente el celular.
Uno de los hallazgos más destacados es que el promedio diario de exposición a pantallas asciende a 7,2 horas en este grupo de universitarios, cifra alineada con reportes nacionales e internacionales sobre consumo digital juvenil. Además del tiempo frente a la pantalla, la investigación incorporó evaluaciones de inteligencia fluida y cristalizada, así como pruebas de atención y de posibles deterioros cognitivos. En una submuestra de 30 estudiantes, se llevaron a cabo análisis de potenciales evocados, lo cual permitió observar cómo las notificaciones y la hiperconectividad tienden a fragmentar la atención y dificultan la retención de información.
El estudio, citado por UNAM Global, también recurría a datos objetivos académicos, como registros oficiales del Sistema Integral de Administración Escolar de la UNAM y los resultados de la asignatura de Fisiología, una materia con 22 créditos y alta carga cognitiva que exige tanto memoria como capacidades de razonamiento avanzado.
Otros factores de bajo rendimiento y la adicción al internet

Entre los factores adicionales que podrían incidir en el bajo rendimiento, Hernández Chávez mencionó el tiempo prolongado de traslado hacia la universidad, ya que puede afectar tanto la calidad del sueño como la disponibilidad real de horas de estudio. El investigador subrayó que, tras el confinamiento, la dependencia del celular adquirió una dimensión inédita, fomentando distracciones frecuentes y problemas para mantener la concentración, responsabilidad en parte de la preferencia por contenidos breves y estímulos inmediatos de plataformas como TikTok.
Los resultados de la investigación forman parte de un panorama mundial que incluye advertencias de organismos internacionales sobre el riesgo de “adicción al internet”, un fenómeno recogido incluso en el DSM-5. Este diagnóstico no fue el objetivo del estudio, pero refuerza la necesidad de abordar el impacto de los hábitos digitales en la salud cognitiva y educativa. Hernández Chávez remarcó al medio UNAM Global que: “Existe una correlación negativa entre el tiempo total de consumo de medios electrónicos y las calificaciones obtenidas en el examen departamental de Fisiología. Es decir, a mayor tiempo frente a pantallas, menor rendimiento académico.”
La investigación evidencia que los recursos digitales desplazaron a los libros impresos y las asesorías presenciales, lo que genera cambios en la capacidad de concentración y afecta la higiene del sueño. El uso reiterado de pantallas durante la noche impacta negativamente en la memoria, un proceso crucial para el aprendizaje. Ante esta situación, Hernández Chávez sugiere que tanto los estudiantes como las instituciones educativas deben implementar estrategias de autorregulación para atenuar los efectos adversos de la integración tecnológica en la vida universitaria.
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