
El especialista en energía Gonzalo Monroy hizo un breve análisis de la explosión de una pipa de gas licuado de petróleo (LP) en el Puente de la Concordia, en la alcaldía Iztapalapa, uno de los accidentes más graves en la Ciudad de México en lo que va del año.
La explosión, ocurrida el 10 de septiembre, ha provocado hasta el momento la muerte de al menos 20 personas y mantiene a 28 hospitalizadas.
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La tragedia ha puesto en el centro del debate la seguridad en el transporte de combustibles por vías urbanas, y es que de acuerdo con las declaraciones hechas por el experto en el podcast de Esquina Balderas, con el periodista Óscar Balderas, las altas temperaturas durante la explosión pudieron haber alcanzado hasta 230℃ (446℉), provocando graves quemaduras entre quienes se encontraban cerca del sitio.
Explosión de pipas de gas vs pipas de gasolina

En las primeras imágenes del siniestro, varios testigos advirtieron la formación de una nube u “honguito” blanco, que creció y se extendió rápidamente tras la volcadura de la pipa. Monroy explicó que este fenómeno ocurre porque el gas LP se transporta en estado líquido y refrigerado dentro del tanque, pero, al sufrir una ruptura, el contenido escapa, entra en contacto con el aire y pasa a estado gaseoso. El resultado es una niebla densa y visible que, además de ser tóxica, es altamente inflamable.
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“Ese es precisamente el hongo que vimos expandirse. En cuanto el gas se mezcla con el oxígeno y alcanza una fuente de ignición, se produce el flamazo”, detalló Monroy.
Monroy puntualizó que, a diferencia de los incendios de gasolina, donde el fuego puede durar horas, el caso del gas LP presenta un riesgo distinto y es de corta duración: “En estos incidentes el flamazo es sumamente intenso pero se agota en pocos segundos, porque el gas disponible en la nube se quema de inmediato y no queda combustible para mantener el incendio”.
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En los accidentes que involucran pipas de gasolina, la principal diferencia visual radica en que el combustible líquido se derrama y las llamas se propagan por el suelo, generando incendios prolongados y de difícil control.
La gasolina permanece en estado líquido y, al derramarse, sigue ardiendo mientras exista combustible y oxígeno en el entorno, lo que puede derivar en siniestros que se extienden durante varias horas.
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Además de las diferencias visuales, los riesgos aumentan por el mayor poder calorífico de la gasolina, que es cerca de siete veces superior al del gas LP, según explicó Gonzalo Monroy. Esto significa que, en caso de explosión o incendio, la cantidad de energía y calor liberados es mucho más alta, incrementando el peligro para las personas, los vehículos y las construcciones cercanas. Con gasolina el fuego puede llegar a más de 700℃ (1292℉).
¿Por qué ocurrió la explosión?

Consultado sobre los motivos detrás del siniestro, Monroy descartó que el accidente se haya originado por un bache, como algunos testigos han sugerido.
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Monroy señala que incluso si hubiera existido un bache, el desenlace habría sido distinto si la unidad hubiera circulado a menor velocidad.
“La causa es la velocidad. Si hubiera circulado a 20 o 30 kilómetros por hora, incluso si hubiera caído en un socavón, el desenlace habría sido distinto”, aseguró el experto en energía, retomando los datos proporcionados por autoridades en los días posteriores al accidente.
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Monroy recomendó a los conductores comunes dejar pasar las pipas o mantenerse alejados, debido a los potenciales riesgos y la falta de supervisión rigurosa en cuestiones de velocidad en las carreteras y avenidas urbanas.

El especialista consultado por Balderas también señaló la importancia de considerar restricciones en horarios y rutas de circulación para las pipas, para evitar que transiten durante periodos de máxima concentración peatonal. “Es una medida de introducción sencilla que podría reducir la probabilidad de siniestros”, dijo Monroy.
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El accidente en Iztapalapa reavivó el debate sobre la seguridad del transporte terrestre de combustibles y el combate al robo y manipulación ilegal. Monroy contextualizó la problemática recordando que el robo de hidrocarburos, conocido como “huachicol”, tiene registro en México desde la década de 1950. En épocas recientes, la sofisticación en el hurto y manipulación de ductos ha representado un desafío adicional para las autoridades y la industria.
Hasta el último reporte oficial de la Secretaría de Salud de la Ciudad de Mexico (Sedesa), el saldo de la explosión en el Puente de la Concordia se mantiene en 20 personas fallecidas, 36 dadas de alta y 28 hospitalizadas, varias de ellas en estado grave.
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