
En enero de 2023, la sierra de Sinaloa fue escenario de uno de los operativos más relevantes en la cooperación antinarcóticos entre México y Estados Unidos. Cientos de soldados, apoyados por helicópteros artillados, cercaron el poblado de Jesús María con un solo objetivo: capturar a Ovidio Guzmán López, hijo de Joaquín “El Chapo” Guzmán y líder de Los Chapitos, la facción del Cártel de Sinaloa que expandió el negocio del fentanilo.
Aunque oficialmente se trató de una operación del Ejército mexicano, el trasfondo revelado por una nueva investigación de Reuters muestra otra cara: la de la Agencia Central de Inteligencia (CIA por sus siglas en inglés), la cual aportó inteligencia crucial para ubicar a “El Ratón”.
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De acuerdo con los nuevos hallazgos y las más de 60 entrevistas de los periodistas Drazen Jorgic y Clare Baldwin, la función de la CIA fue el interceptar comunicaciones cifradas, infiltrar a un informante en el círculo cercano del capo y elaborar un expediente de identificación con datos minuciosos sobre sus movimientos en el estado que ha cumplido ya un año en medio de una “narcoguerra” que no parece tener fin.

Las “unidades verificadas”: el entrenamiento de seguridad de élite
La colaboración no se limita al flujo de información. Desde hace años, con aval del gobierno mexicano, la CIA ha entrenado, equipado y supervisado a grupos de élite dentro del Ejército y la Secretaría de Marina (Semar). Estos cuerpos, conocidos como “unidades verificadas por la CIA”, pasan por controles de polígrafo, pruebas antidopaje y verificaciones de antecedentes aplicadas en Estados Unidos para blindarlos frente a la infiltración criminal.
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Actualmente existen al menos dos de estas unidades: una adscrita al Ejército y otra a la Marina. Han participado en la mayoría de las capturas de alto perfil, desde la recaptura de “El Chapo” en Los Mochis en 2016 hasta la captura definitiva de Ovidio en 2023.
El modelo no es nuevo: en los años noventa, la CIA impulsó la creación del Grupo de Análisis de Información sobre el Narcotráfico (GAIN en inglés), quien operó como punta de lanza contra organizaciones como Los Zetas.
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El costo de los golpes quirúrgicos a los cárteles mexicanos
La captura de Ovidio en 2023 marcó un contraste con el enredo de 2019 cuando un operativo improvisado terminó en el llamado “Segundo Culiacanazo” y la liberación del capo para evitar un baño de sangre.
Esta vez, la inteligencia de la CIA, según la investigación permitió planear con detalle la operación: helicópteros de ataque neutralizaron a sicarios, tropas de élite sitiaron el complejo y Ovidio terminó esposado. Sin embargo, el saldo fue alto: 29 muertos, incluidos diez militares.
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Los éxitos tácticos no han modificado el panorama de fondo. México mantiene un promedio anual de más de 30 mil homicidios, muchos vinculados a disputas internas tras la captura de líderes criminales. En Estados Unidos, el impacto tampoco es claro: pese a las extradiciones, entre 50 mil y 75 mil estadounidenses mueren cada año por sobredosis de drogas sintéticas, casi todas elaboradas en México.
CIA contra la DEA: la disputa silenciosa contra el “narcoterrorismo”
La investigación de Reuters también expone la dinámica de poder en la Embajada de Estados Unidos en México. Mientras la agencia para la Administración y Control de Drogas (DEA en inglés) encabeza la labor pública de cooperación, la CIA ocupa un rol privilegiado en la coordinación. Analistas de la agencia de espionaje comparten piso con el embajador, mientras que los agentes de la DEA y otras corporaciones se ubican un nivel abajo.
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Esta jerarquía refleja una realidad revelada en este nuevo trabajo periodístico: la CIA es la facilitadora y coordinadora de las operaciones más delicadas contra el narcotráfico en México. Su influencia ha crecido en paralelo a los límites impuestos a la DEA durante el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, quien marginó a esa agencia, pero permitió la continuidad de la colaboración secreta con Langley.

Tensiones entre la retórica de la “soberanía mexicana” y el ataque frontal de Donald Trump
La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo ha reiterado que no permitirá acciones unilaterales en territorio nacional. “No aceptamos la subordinación, sino la colaboración en igualdad de condiciones”, dijo en una conferencia matutina reciente. Sin embargo, ha mantenido abierta la cooperación con la CIA como un canal indispensable para contener la presión de Washington.
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Estados Unidos, por su parte, ha endurecido el discurso. Bajo el presidente Donald Trump, la Casa Blanca ha llegado a contemplar incluso operaciones militares directas contra cárteles en México, a quienes ha designado como “organizaciones terroristas extranjeras”. En ese contexto, la colaboración de la CIA aparece como un equilibrio incómodo: discreto, pero eficaz para mantener la cooperación sin violar formalmente la soberanía mexicana.
De terroristas a narcotraficantes: las técnicas similares contra Al-Qaeda y el 11-S
La CIA aplica en México las lecciones de dos décadas de lucha contra el terrorismo. Analistas antiterroristas reasignados a la región trasladaron su experiencia en localizar y eliminar objetivos de Al Qaeda o el Estado Islámico a la cacería de capos. El lema es el mismo: “encontrar, reparar, rematar”.
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Para ello, la agencia creó un Centro de Misiones para las Américas y Antinarcóticos, incrementó los vuelos de vigilancia con drones en el norte de México y reasignó personal especializado en operaciones encubiertas. La lógica es clara: lo que funcionó en Afganistán e Irak se traslada ahora a Sinaloa y Jalisco.
Un socio invisible, “pero indispensable”, según Reuters
La cooperación con la CIA no está exenta de riesgos. La estrategia de descabezar cárteles ha provocado fracturas internas y nuevas oleadas de violencia. A la par, el flujo de drogas hacia Estados Unidos apenas se ha contenido, alimentando la mayor crisis de opioides en su historia.
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Pese a las dudas, para ambos países la CIA se ha convertido en un “socio invisible, pero indispensable”. Su rol en operaciones como la captura de Ovidio Guzmán confirma que, aunque incómodo y polémico, la institución sigue siendo pieza central en la guerra contra los cárteles mexicanos.
En palabras de un antiguo oficial mexicano citado por Reuters: “Están concentrados en la misión, pero son invisibles”. Esa invisibilidad explica por qué, pese a los cuestionamientos sobre su eficacia, la CIA seguirá presente en México mientras la violencia criminal y el tráfico de drogas mantengan a ambos países atados en una guerra que parece no tener fin.
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