
En las últimas semanas, la aparición de dos socavones en la Calzada Ignacio Zaragoza, en el oriente de la Ciudad de México, ha generado preocupación entre autoridades y ciudadanos. Estos colapsos del suelo, que pueden presentarse de forma repentina, son resultado de una combinación de factores naturales y humanos que afectan desde hace décadas al subsuelo capitalino.
Lejos de ser hechos aislados, los socavones revelan una problemática estructural que amenaza la estabilidad urbana y la seguridad de miles de habitantes.
Uno de los principales factores que propician la aparición de socavones en la ciudad es la sobreexplotación del acuífero. La Ciudad de México depende en gran medida del agua subterránea, y la extracción excesiva ha provocado un fenómeno conocido como subsidencia, es decir, el hundimiento progresivo del terreno.

Esta condición debilita los sedimentos blandos que conforman el suelo del Valle de México, especialmente en zonas como Iztapalapa, la Gustavo A. Madero y colonias como la colonia Roma, en la alcaldía Cuauhtémoc, donde se han registrado hundimientos de hasta seis metros en las últimas décadas.
A esta situación se suman las constantes fugas en la red hidráulica y de drenaje. El sistema de tuberías en la capital es antiguo y presenta deficiencias estructurales que permiten la filtración de agua al subsuelo. Estas fugas, al infiltrarse, erosionan el terreno y arrastran partículas finas del suelo, creando cavidades que eventualmente colapsan.
Este proceso, conocido como “sufusión”, es una de las causas más comunes de socavones en zonas urbanas. De hecho, expertos de la UNAM estiman que entre 2018 y 2024 se han atendido más de 800 socavones en la ciudad, muchos de ellos provocados por este fenómeno.
Otro elemento clave es la composición geológica del Valle de México, asentado sobre antiguos lagos. El subsuelo está formado por arcillas, limos y materiales blandos que reaccionan fácilmente a la pérdida de humedad o a la presión constante.

Durante la temporada de lluvias, como la que actualmente atraviesa la ciudad con niveles récord de precipitación, el peso del agua y su infiltración aceleran los procesos de debilitamiento del suelo. Aunque las lluvias no son la causa principal, sí actúan como un factor detonante.
Además, el tránsito pesado sobre vialidades como Ignacio Zaragoza y las vibraciones generadas por microsismos o vehículos de gran tonelaje pueden contribuir al colapso de zonas previamente afectadas por fugas o hundimientos. Esta combinación de elementos convierte a algunas partes de la ciudad en puntos de alto riesgo.
Finalmente, especialistas advierten sobre la falta de monitoreo geológico y planeación preventiva. En muchas alcaldías no se realizan estudios del subsuelo antes de intervenir vialidades o zonas urbanas, y las soluciones se limitan a rellenar los huecos sin atender las causas profundas del problema.
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