
El café es una de las bebidas más consumidas en el mundo y, además de ser una fuente confiable de energía para millones de personas cada mañana, también aporta beneficios importantes a la salud cuando se consume de forma adecuada.
Para aprovechar sus propiedades antioxidantes, su capacidad para mejorar la concentración, su efecto neuroprotector y su influencia positiva sobre el metabolismo, es importante prestar atención a cómo lo tomamos: desde la temperatura ideal hasta la forma de preparación y la cantidad recomendada.
Uno de los aspectos más importantes es la temperatura del café. Beberlo demasiado caliente, por encima de los 65 °C, puede resultar perjudicial para la salud, ya que puede dañar el revestimiento del esófago y aumentar el riesgo de cáncer en esa zona, según advierte la Organización Mundial de la Salud.
La temperatura recomendada para disfrutar el café de forma segura y sin perder el sabor es entre 50 y 60 °C. Así, se evita cualquier riesgo y se aprecia mejor su aroma y perfil de sabor.

En cuanto a la forma de preparación, lo más recomendable es optar por versiones simples y puras como el espresso, el café americano o el filtrado (como el de prensa francesa o el de goteo). Estas preparaciones conservan la concentración de compuestos beneficiosos, como los polifenoles y la cafeína, sin añadir calorías innecesarias.
En cambio, bebidas como el capuchino, el latte o las mezclas con jarabes saborizados suelen contener cantidades elevadas de azúcar, grasas y calorías, lo que puede contrarrestar los beneficios del café e incluso afectar negativamente la salud si se consumen en exceso.
Otro punto clave para maximizar los beneficios del café es evitar añadirle azúcar o endulzantes artificiales. El café negro, sin azúcar, es la opción más saludable.
Para quienes no toleran su sabor amargo, se puede añadir una pequeña cantidad de leche vegetal sin azúcar o un toque de miel natural. Al reducir los azúcares añadidos, se disminuye el riesgo de desarrollar problemas metabólicos como la diabetes tipo 2 o el sobrepeso.

En cuanto a la cantidad diaria ideal, los expertos coinciden en que entre 200 y 400 miligramos de cafeína al día —lo que equivale aproximadamente a dos o tres tazas de café negro— es una dosis segura para la mayoría de los adultos.
Superar este límite puede causar efectos secundarios como insomnio, nerviosismo o aumento de la presión arterial, especialmente en personas sensibles a la cafeína.
El momento del día también influye. Aunque muchas personas beben café justo al despertar, se ha demostrado que los niveles de cortisol —la hormona natural que nos mantiene despiertos— ya están elevados en ese momento.
Por ello, se recomienda tomar café entre las 9:30 y las 11:30, cuando el efecto estimulante de la cafeína es más eficiente. También es preferible evitarlo después de las 16:00 horas, para no interferir con el sueño.
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