
Pronto se llevará a cabo una jornada electoral mediante la cual se elegirán jueces, magistrados y ministros de la Corte, entre otros cargos vinculados con el ámbito jurisdiccional. La cantidad de nombres en la boleta, los procesos de selección, el conteo de votos e incluso el tiempo que los ciudadanos deberán invertir en las urnas configuran un escenario poco alentador para la participación electoral. En los medios de comunicación, en círculos académicos e incluso en conversaciones cotidianas se percibe una profunda apatía hacia esta elección. La propia autoridad electoral ha anticipado una participación inferior al 20%, además de registrarse un rechazo significativo de la población para integrar las mesas de votación.
El dilema de muchos ciudadanos se instaura en acudir o no a las urnas el 1º de junio. Para los detractores, la simple presencia del elector significaría avalar una reforma judicial que muestra profundos signos de debilidad institucional, que desecha por completo el mérito construido en la labor jurisdiccional, que anula la independencia del Poder Judicial y sobre todo que conduce al debilitamiento de una ya menoscabada democracia mexicana aproximándonos más al autoritarismo.
En cambio, los que convocan a participar se dividen en 2 grupos importantes. El primero de ellos los alineados al oficialismo, algunos incluso, fanáticos del régimen los cuales refieren que es fundamental el voto y que promueven una movilización entre sus huestes para votar por candidatos totalmente alineados con el proyecto de la 4T. El segundo grupo no tiene que ver con estos. Son personas convencidas de que la pelea, en cualquier sistema democrático se da en las urnas. De ellos hablaré a continuación.
Las razones que motivan a este segundo grupo a participar activamente son diversas. En primer lugar, son partidarios de fomentar en nuestra comunidad la convicción de que la cultura democrática no solo se hereda, sino que debe cultivarse. Independientemente de la postura que cada ciudadano tenga respecto a la reforma judicial, es un hecho que el 1° de junio votaremos para elegir a quienes ocuparán estos cargos, y como ciudadanos tenemos la responsabilidad de asumir nuestro papel en estos mecanismos de participación directa.

En segundo lugar, este grupo está convencidos de que el acceso a una mayor cantidad de información fortalece la participación ciudadana. Escuchar, informarse sobre cada uno de los candidatos participantes permite desmitificar ideas preconcebidas que circulan en el debate público, como la noción de que “todos son corruptos”, “todos están alineadeos alrégimen” o “todos son simples instrumentos del poder en turno”. Por el contrario, dentro de los muchos candidatos que hay trayectorias judiciales, académicas y profesionales excepcionales, además de un profundo compromiso con México y sus instituciones jurídicas en muchos de ellos.
El tercer motivo está directamente relacionado con la cultura del diálogo. Pues este grupo de personas considera que no hay mejor camino para construir una comunidad política sólida que a través de la escucha, el entendimiento y el intercambio de ideas. Las dinámicas de polarización que fomentan la división, el odio y el resentimiento no sólo son ajenas a la esencia del quehacer democrático, sino que también resultan incompatibles con una cultura democrática sana. Si aspiramos a construir un país mejor, debemos comenzar por promover espacios de conversación con quienes piensan de manera distinta a nosotros y el lugar donde queda materializado el resultado de ese diálogo es en las urnas.
Estos tres grupos, descritos con anterioridad reflejan a toda nuestra sociedad. ¿En cuál grupo te colocas? A manera de reflexión personal estoy convencido que está reforma judicial está muy mal hecha y que debería obligarnos a sancionar a quien la llevó a cabo justo en las urnas. También, como demócrata que soy, estoy convencido que la democracia no juega en la liga que más me acomode, es decir que estaré feliz y participativo cuando mi equipo gane y triste y apático cuando pierda. Querido lector, el demócrata no opera de esa manera. Hoy la fuerza del partido en el poder ha sido ratificada en las urnas y es en las urnas donde hay que dar la batalla y luego en la transparencia en el conteo de votos y luego otra vez en las urnas ratificando o no un modelo de nación. la participación ciudadana es fundamental, y precisamente es el distanciamiento de la vida pública lo que contribuye al deterioro institucional. No involucrarse, no exigir rendición de cuentas y no generar una opinión pública informada son factores que debilitan la democracia. Por ello, querido lector, te invito a informarte y a participar. Si deseamos que los mejores perfiles ocupen un lugar en nuestro máximo tribunal, la participación es el primer paso ineludible.
* Por Guillermo A. Tenorio Cueto. El autor es Doctor en Derecho. Actualmente es Decano de la Escuela de Gobierno y Economía de la Universidad Panamericana, fue director de la Licenciatura en Gobierno de la Panamericana. Es integrantes del Sistema Nacional del investigadores de México. Preside la Asociación Coorperación Iberoamericana de Transparencia y Acceso a la Información. Autor, coautor y coordinador de 15 libros en materia de libertades informativas.
**Las expresiones emitidas en esta columna son responsabilidad de quien las emite y no necesariamente coinciden con la línea editorial de Infobae, respetando la libertad de expresión de expertos académicos en el panorama electoral nacional.
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