
El reciente brote del gusano barrenador que afecta al ganado en México y que provocó que Estados Unidos suspendiera temporalmente la importación de reses vivas no es culpa de Washington, sino del propio gobierno mexicano. Así lo sostiene el periodista Carlos Loret de Mola en su columna de este jueves, “AMLO y el gusano”.
Contrario a las declaraciones del secretario de Agricultura, Julio Berdegué —quien responsabilizó a EE.UU. por la expansión de la plaga—, la crisis actual tiene raíces internas, ligadas a los recortes presupuestales de la llamada “austeridad republicana” implementada durante el sexenio de Andrés Manuel López Obrador (AMLO).
El gusano barrenador, una plaga controlable
El gusano barrenador es una larva que afecta gravemente al ganado y a otras especies, y su principal vector de transmisión son ciertas especies de moscas. La técnica más efectiva para frenar su expansión consiste en criar y liberar moscas estériles, que al aparearse sin producir descendencia, reducen la población de moscas portadoras del parásito.
Durante años, México logró mantener a raya la plaga con esta estrategia. Sin embargo, el gobierno de AMLO redujo drásticamente la inversión en la producción de estas moscas estériles, debilitando las defensas del país frente al parásito.

Desmantelamiento institucional
Según Loret de Mola, el desmantelamiento de las capacidades técnicas del Senasica (Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria) provocó incluso una ruptura interna en el equipo presidencial. Javier Trujillo, entonces director en jefe de la institución, renunció tras meses de confrontación con Palacio Nacional, al oponerse al cierre de laboratorios, la reducción de personal y el debilitamiento del Cenapa, laboratorio clave para el control de enfermedades ganaderas.
Como resultado, la plaga, que había sido erradicada, resurgió en países al sur de México y comenzó a avanzar hacia el norte, afectando directamente a la industria ganadera nacional.
El contrabando y el crimen organizado
La medida propuesta de cerrar la frontera con Guatemala no resuelve el problema de fondo. Las moscas portadoras no respetan fronteras, y el verdadero riesgo no son los cruces formales de ganado (unos 7 mil 500 al día), sino el contrabando ilegal de alrededor de 1.5 millones de cabezas al año.
Este tráfico, manejado por grupos del crimen organizado centroamericano, escapa a cualquier control sanitario. Cerrar la frontera podría incluso fortalecer al mercado negro, haciendo más lucrativo el paso clandestino de ganado enfermo y empeorando la situación sanitaria.

Soluciones urgentes
Especialistas coinciden en que el gobierno debe reforzar la producción de moscas estériles, incrementar las inspecciones y combatir el contrabando, no culpar a Estados Unidos por una crisis generada en casa.
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