
El tlacuache ocupa un lugar destacado en la mitología y la vida cotidiana de las culturas mesoamericanas desde el periodo Preclásico, que abarca aproximadamente del 2300 a.C. al 100 d.C.
Este animal, representado con frecuencia en figurillas de arcilla, no solo formaba parte del entorno natural y económico de las aldeas, sino que también protagonizaba importantes relatos míticos que explicaban fenómenos esenciales para la humanidad, como el origen del fuego, de acuerdo con información del Museo Nacional de Antropología.
Una de las características más sobresalientes del arte preclásico es el realismo con el que los artesanos representaban su entorno, especialmente el mundo animal. Entre las figuras más emblemáticas de este periodo se encuentra una pieza que muestra a una madre tlacuache cargando a dos crías sobre su lomo.
Esta obra, elaborada en arcilla café mediante la técnica de modelado, refleja no solo la destreza técnica de los artesanos, sino también la relevancia simbólica de este animal en las creencias y tradiciones de las comunidades prehispánicas.
Una representación detallada del tlacuache

La figurilla descrita por el Museo Nacional de Antropología destaca por su nivel de detalle. La madre tlacuache presenta un hocico alargado y entreabierto, orejas triangulares y una pequeña cola, que difiere de la característica cola larga de estos animales en la naturaleza.
Las crías, por su parte, están representadas con precisión: una de ellas aparece de pie sobre la cabeza de su madre, mientras que la otra se apoya en la parte trasera del lomo.
Los ojos de las crías fueron elaborados mediante punzonado, y en toda la pieza se observan restos de pigmentos blancos y rojos, lo que sugiere que originalmente estuvo pintada con colores vivos.
El uso de engobe ligeramente pulido y las manchas negras en la arcilla aportan un acabado distintivo a la pieza, que no solo es un testimonio del talento artístico de los pueblos preclásicos, sino también una ventana a su cosmovisión.
Según el Museo Nacional de Antropología, estas representaciones no eran meramente decorativas, sino que reflejaban la importancia del tlacuache en la vida cotidiana y en los relatos míticos de estas comunidades.
El mito del tlacuache y el origen del fuego

Uno de los relatos más destacados en la mitología mesoamericana es el que atribuye al tlacuache la hazaña de traer el fuego a la humanidad. Según este mito, en un tiempo remoto, el fuego era exclusivo de los seres celestiales o de los habitantes del inframundo, dependiendo de la versión del relato.
El tlacuache, valiéndose de su astucia, logró acercarse a la hoguera y robar el fuego al prender su cola. Desde entonces, según la tradición, la cola del tlacuache quedó desprovista de pelo, como un recordatorio de su proeza.
El Museo Nacional de Antropología señala que este mito, además de explicar un elemento esencial para la supervivencia humana, como el fuego, también resalta las cualidades del tlacuache, como su ingenio y su capacidad para superar obstáculos. Estas características lo convirtieron en un símbolo importante dentro de las narrativas culturales de Mesoamérica.
Aunque no se puede determinar con exactitud cuándo comenzó la asociación del tlacuache con relatos míticos, el Museo Nacional de Antropología sugiere que esta tradición podría haberse originado en el periodo Preclásico, dado el número significativo de representaciones de este animal en las piezas arqueológicas de la época.
Al igual que otros marsupiales, las tlacuaches poseen dos úteros y dos vaginas, lo que les da el nombre de didélfidos. Las hembras tienen entre dos y tres camadas al año, con un rango de ocho a dieciocho crías por camada.
Tras un corto período de gestación, las crías nacen y se desarrollan en el marsupio, una pequeña bolsa ubicada en el vientre de la madre, donde se aferran a sus pezones durante aproximadamente dos meses. Con el tiempo, comienzan a explorar su entorno.
Estos mamíferos marsupiales prefieren climas tropicales y templados, por lo que se pueden encontrar en diversas regiones de México.
De manera coloquial, el tlacuache es conocido por diferentes nombres, como churchas, oposums, filandros, zarigüeyas, cuicas, catitas, zorras mochileras, llacas y comadrejas, entre otros.
Este animal fue especialmente abundante durante el periodo Preclásico, como lo evidencian las numerosas representaciones cerámicas, aunque hasta la fecha no se han encontrado restos óseos de tlacuaches en excavaciones arqueológicas.
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