
Genaro García Luna, el “súper policía” del gobierno de Felipe Calderón que cooperó con el Cártel de Sinaloa, tuvo su primer acercamiento a las instituciones de seguridad antes de entrar a la secundaria.
A los 11 años se convirtió en espía del Servicio Secreto mexicano y, desde entonces hasta que Enrique Peña Nieto llegó a la presidencia, ocupó cargos de una relevancia cada vez mayor dentro de las corporaciones a nivel federal.
En su libro García Luna, el señor de la muerte, Francisco Cruz relata que este hombre trató de aprovechar su experiencia y trayectoria para mantenerse en el poder cuando el Partido Revolucionario Institucional (PRI) relevó al Partido Acción Nacional (PAN) de Vicente Fox y Calderón en 2012.
Acorde con lo señalado por el escritor, el acceso que García Luna tuvo a expedientes secretos del gobierno fue la clave para pasar de director operativo de la Policía Judicial Federal (PJG) a titular de la Agencia Federal de Investigaciones (AFI) y mantener su influencia en la histórica transición del priismo al panismo en el Ejecutivo Federal.

Sin embargo, cuando se supo que el tricolor regresaría a la silla presidencial de la mano de Peña Nieto, García Luna tenía un plan mucho más ambicioso.
“García Luna y Calderón dieron muestras de tener una obstinación especial por el poderío, por la mano dura y las armas de fuego. Sabiendo que nunca sería un candidato presidencial, el primero intentaba sentar las bases para ejercerlo desde la Secretaría de Seguridad Pública”, expone Cruz en su obra.
Lo que García Luna tenía en mente era convertir a la SSP en una entidad independiente del Poder Ejecutivo y hacer que funcionara de una forma similar a la del Buró Federal de Investigaciones (FBI) en Estados Unidos, “pero se le acabó el camino en los comicios presidenciales de 2012″.
Según el citado texto, el plan de García Luna no prosperó debido a que “no tuvo capacidad, argumentos sólidos, encanto ni cartas bajo la manga para convencer a Enrique Peña Nieto” de hacer tal movimiento.

“Ni siquiera lo pudo seducir con sus archivos confidenciales sobre la homosexualidad, infidelidades ocultas y otros secretos de personajes clave en los grupos de poder y que podrían usarse para el chantaje”, añade el escritor.
La respuesta del priista fue desaparecer a la SSP y transformarla en una subsecretaría adscrita a la Secretaría de Gobernación, entonces encabezada por Miguel Ángel Osorio Chong.
Sin embargo, el poder de García Luna se mantuvo desde el ámbito financiero, ya que entre 2012 y 2018 operó libremente la triangulación de miles de millones de pesos mediante contratos, empresas fantasma y prestanombres.
“[Peña Nieto] le abrió las puertas de la impunidad, envió al archivo muerto los temas escabrosos como los vínculos del exsecretario con el narco y le permitió seguir lucrando con el tesoro nacional”, asevera Cruz.
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