
El Premio Nobel de Economía 2021, el Dr. David Card, destacó que las ciudades grandes tienen mayores ingresos y salarios más altos, por lo que la inmigración no es un factor negativo en la población a la que llegan los nuevos habitantes.
Al impartir la conferencia magistral titulada Investigación y políticas económicas: inmigración y salarios mínimos en la Universidad Iberoamericana, Card, señaló que los países más grandes no tienen un ingreso per cápita más bajo, las ciudades más grandes tienen salarios más altos, muchos países tratan de promover el crecimiento de la población e incluso algunas naciones alientan la inmigración, como es el caso de Canadá, Australia y Nueva Zelanda-.
El Premio Nobel por sus contribuciones empíricas a la economía laboral, señaló que lo anterior contrastaba con el ensayo de 1826 de Thomas Malthus, sobre la población y la miseria humana; pero recalcó que el autor sólo estaba pensando en el mundo medieval y en la agricultura de esa época, “la mayoría de la gente piensa, intuitivamente, que a más personas, salarios más bajos”.
Ya que al hablar en específico de la inmigración y los salarios mínimos, mencionó que entre economistas suele haber posturas a favor y en contra. Una visión tradicional ve en la inmigración las siguientes ventajas: expande la economía -y a más trabajadores, mayor producto interno bruto-, aumenta el valor de la tierra y el capital, y aumenta los salarios promedio de los nativos.
A principios del siglo XX, prosiguió el doctor, las y los economistas se dieron cuenta de que en una economía industrial se puede evitar la trampa malthusiana, si: el capital -maquinaria, infraestructura- se expande con la población y cuando la inversión sigue el ritmo de la población, pues la producción por trabajador puede aumentar incluso con más población.

También se percataron de que, si las entradas de inmigrantes no están diversificadas, podría haber un efecto negativo en los nativos más similares. Por lo que el profesor de economía de la Universidad de California preguntó: ¿cómo obtenemos evidencia creíble sobre el efecto de los flujos de inmigración?
Parte de esa evidencia creíble halló que el éxodo masivo de judíos rusos a Israel, de 1991 a 1993, tuvo un efecto pequeño -cercano a 0- en los salarios de las personas nativas, y a corto plazo hubo grandes aumentos en la inversión en Israel.
En contraste, los salarios mínimos, vinculados a la inmigración, tiene como desventajas que reduce el empleo de trabajadores con salarios bajos y disminuye los incentivos para la inversión, eleva los precios al consumidor y que tal vez una ventaja, sea el aumento de los ingresos de los trabajadores peor pagados.
Ahora, las reacciones políticas a la inmigración han sido, que las políticas de inmigración de Estados Unidos se endurecieran después de 2001 y nuevamente bajo la Presidencia de Donald Trump, y que las políticas de refugiados ahora estén entre las más estrictas del mundo. Por ello, David Card apuntó que la inmigración impulsada por factores no económicos genera en naciones como Estados Unidos y el Reino Unido preocupaciones sobre su composición racial.
El también director del Centro de Economía Laboral de la Universidad de California en Berkeley, dijo que el conocimiento económico es todavía imperfecto, que en éste es imposible lograr un 100% de consenso y que las opciones de políticas públicas a menudo dependen de factores no económicos.
Al volver al tópico de los salarios mínimos, expuso que la teoría dice que, al aumentar el salario mínimo, los empleadores recortan el empleo; de lo cual se deriva esta suposición implícita: los empleadores contratan a cada trabajador a su salario de mercado. Pero, ¿y si los empresarios fijan los salarios?; Robinson (1933) mostró, en ese caso, que imponer un salario mínimo puede aumentar el empleo y como parte de evidencia creíble, estudios del nuevo salario mínimo federal en la década de 1940 analizaron las fábricas textiles del sur. Esta misma idea, pero con un grupo de control, la retomó Card en un estudio que hizo sobre New Jersey (NJ) y Pennsylvania (PA), en 1994.

Economistas conservadores, como el Premio Nobel James Buchanan, dijeron que ningún economista que se precie de serlo, afirmaría que los aumentos en el salario mínimo aumentan el empleo. Tal afirmación, argumentó Card, se vuelve equivalente a una negación de que existe un contenido científico mínimo en la economía y que, en consecuencia, los economistas no pueden hacer nada más que escribir como defensores de intereses ideológicos.
Posterior al 2000, muchos Estados adoptaron salarios mínimos. Sin embargo, el salario mínimo federal está atascado, y la oposición todavía usa la preocupación por la pérdida de empleos como argumento principal. Incluso si el salario mínimo tiene efectos limitados en el empleo, aún puede generar menores ganancias para las empresas. Entonces, David Card cuestionó: ¿la preocupación por la pérdida de empleo es realmente el problema principal?
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