
La influencia de los hermanos en el aprendizaje social de los carboneros comunes supera la de los progenitores biológicos, según una investigación conjunta de la Universidad de California, Davis y el Instituto Max Planck de Comportamiento Animal.
Este hallazgo, publicado en la revista especializada PLOS Biology, ofrece una nueva perspectiva sobre la concepción previa de la transmisión cultural en animales, al demostrar que en especies con cuidado parental limitado, la adquisición de habilidades esenciales para la supervivencia se apoya en vías alternativas de aprendizaje.
El estudio se centró en el Parus major, una especie de ave que, tras abandonar el nido, dispone de apenas unos días de asistencia parental antes de enfrentarse a la independencia.
Los investigadores diseñaron un experimento en el que 51 parejas reproductoras y sus 229 crías recién emplumadas interactuaron durante 10 semanas con rompecabezas de alimentación automatizados. Las aves debían deslizar una puerta hacia la izquierda o la derecha para acceder a una bandeja con gusanos de la harina, lo que permitió registrar de manera precisa miles de intentos de resolución y rastrear las rutas de aprendizaje.
¿Cuáles fueron los resultados del experimento?

El análisis de los datos reveló que, aunque la frecuencia con la que los padres resolvían los rompecabezas durante el periodo de dependencia aumentaba la probabilidad de que sus crías adquirieran la habilidad, la influencia parental resultó ser secundaria frente a la de los hermanos y otros adultos no parentales.
Casi el 94% de los aprendices posteriores en cada grupo fraterno adquirieron la técnica observando a sus propios hermanos, mientras que solo un 1,6% lo hizo directamente de los padres y un 3,6% de adultos no parentales. Entre los primeros aprendices de cada cohorte, el 74,6% aprendió de adultos no parentales y el 23,6% de los padres, según los resultados publicados por Wild, Alarcón-Nieto y Aplin en PLOS Biology.
La investigación empleó un enfoque de análisis de difusión basado en redes para distinguir entre las distintas vías de transmisión social: vertical (de padres a hijos), oblicua (de adultos no parentales a jóvenes) y horizontal (entre hermanos o entre pares no hermanos).
Como ya se mencionó, la transmisión social más fuerte se produjo entre hermanos, con un 42,1% de los eventos de adquisición, seguida por la transmisión oblicua (37,8 %) y la vertical (19,8 %). El aprendizaje asocial, es decir, la adquisición de la habilidad sin observar a otros, fue prácticamente inexistente, con una tasa estimada del 0,3%.
Copiar primero, decidir después

El diseño experimental permitió manipular el conocimiento de los padres sobre la resolución del rompecabezas, creando situaciones en las que ambos progenitores sabían resolverlo, solo uno lo sabía, tenían conocimientos contradictorios o ninguno poseía la habilidad.
A pesar de estas diferencias, las elecciones de lado (izquierda o derecha) de los padres durante la dependencia no predijeron las decisiones de sus crías al enfrentarse al rompecabezas.
En cambio, las elecciones de los jóvenes estuvieron fuertemente influenciadas por las decisiones de otras aves en los minutos previos, mostrando un sesgo conformista, es decir, la probabilidad de elegir el lado preferido por la mayoría aumentó en un factor de 19,50 cuando todas las resoluciones previas se habían producido en ese lado.
A medida que los juveniles ganaron experiencia personal resolviendo el rompecabezas, su dependencia de la información social disminuyó. La confianza en la experiencia propia aumentó con la práctica, con una razón de probabilidades de 1,22 por cada 100 soluciones adicionales, mientras que la influencia de la información social se redujo.
Este patrón sugiere que los carboneros comunes emplean una estrategia adaptativa en la que recurren al aprendizaje social cuando la incertidumbre es alta y, con el tiempo, consolidan sus propias preferencias a partir de la experiencia directa.
Las relaciones estrechas entre hermanos en las primeras etapas de la vida resultan cruciales para la adquisición de habilidades, un fenómeno que, aunque ampliamente documentado en personas, apenas había sido demostrado en animales no humanos en condiciones naturales.
Los autores destacan que la transmisión cultural en estas especies no depende exclusivamente de la vía vertical, sino que se apoya en una red más diversa de modelos a seguir, lo que podría conferir mayor resiliencia cultural y adaptativa frente a cambios ambientales.
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