
Un habitante único de las alturas del extinto volcán Monte Kaputar, en Nueva Gales del Sur, Australia, demostró una notable capacidad de recuperación tras los devastadores incendios forestales de 2019.
Hasta un 90 % de la población de la babosa rosa de Kaputar, conocida científicamente como Triboniophorus sp. nov. ‘Kaputar’ o Triboniophorus aff. graeffei, se creía perdida debido al fuego, de acuerdo con la revista científica Live Science.
Sin embargo, las condiciones climáticas más frescas y húmedas posteriores al desastre permitieron un repunte en su reproducción, asegurando la supervivencia de esta especie extraordinaria.
Una especie única en un entorno aislado

El hábitat exclusivo de estas babosas se encuentra en las alturas de Monte Kaputar, a unos mil 500 metros sobre el nivel del mar. Este entorno, descrito como una “isla en el cielo”, se formó hace 17 millones de años tras una erupción volcánica que creó un ecosistema aislado, rodeado por extensas llanuras áridas.
Según Live Science, las condiciones particulares de esta región, con lluvias y nevadas ocasionales, han permitido el desarrollo de una flora y fauna únicas, entre las que destaca esta especie de color rosa neón.
A diferencia de otras babosas que suelen pasar desapercibidas en su entorno, las de Mount Kaputar son inconfundibles. Con cuerpos que pueden alcanzar hasta 20 centímetros de longitud, su tonalidad vibrante las hace destacar.
Aunque están relacionadas con las babosas de triángulo rojo (Triboniophorus graeffei) que habitan en el este de Australia, las babosas de Kaputar constituyen una especie distinta, adaptada a su entorno aislado.
Esta babosa es considerada el símbolo de la comunidad de caracoles protegida en Nueva Gales del Sur y una de las criaturas más distintivas de la región. Durante períodos secos, se refugia bajo la hojarasca, escombros y rocas, emergiendo en noches húmedas o durante la lluvia para alimentarse de capas de algas, hongos y líquenes que crecen en diversas superficies.
Estas babosas pueden trepar hasta 20 metros en los troncos de los árboles en busca de alimento. Aunque a veces son difíciles de detectar, su presencia se puede identificar por los característicos rastros rosados que dejan al alimentarse, según información del Departamento de Agricultura, Agua y Medio Ambiente del Gobierno de Australia.
El misterio detrás de su coloración

El llamativo color rosa de estas babosas ha intrigado a los científicos, quienes aún no han determinado con certeza su propósito evolutivo. Según la revista, una de las hipótesis sugiere que los pigmentos en su dieta, compuesta de algas, musgo, hongos y moho, podrían ser responsables de su tonalidad.
Otra posibilidad es que este color les permita camuflarse entre las hojas caídas de eucaliptos rojos o de árboles de goma de nieve, comunes en su hábitat.
Asimismo, se ha planteado que el color rosa podría ser una forma de aposematismo, un mecanismo de defensa que advierte a los depredadores sobre la posible toxicidad o mal sabor de un organismo.
Aunque no se ha confirmado si estas babosas son tóxicas, su color podría ser una estrategia para disuadir a aves o cerdos salvajes, sus principales depredadores. Durante el día, estas criaturas se refugian en la hojarasca al pie de los árboles, y por la noche ascienden por los troncos en busca de alimento.
Más allá de su apariencia llamativa, las babosas rosas de Mount Kaputar desempeñan un rol esencial en su ecosistema. Según consignó el medio, al descomponer las hojas caídas, contribuyen a la formación de un suelo rico en nutrientes, lo que favorece el crecimiento saludable de las plantas locales. Este proceso es fundamental para mantener el equilibrio ecológico en esta “isla en el cielo”.
El impacto de los incendios forestales de 2019 en Australia fue devastador para muchas especies, y las babosas rosas de Mount Kaputar no fueron la excepción.
Sin embargo, su capacidad de refugiarse bajo tierra o en grietas de rocas les permitió a algunos individuos sobrevivir al fuego. Posteriormente, las condiciones climáticas más favorables impulsaron una reproducción masiva, lo que permitió que la población se recuperara parcialmente.
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