“La ciudad de los vivos”, relato de uno de los crímenes más brutales que se hayan visto en Roma

El escritor italiano Nicola Lagiola escribe esta novela a partir de los hechos reales sobre el asesinato de Luca Varani y la prespectiva de los autores intelectuales del crimen

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En 2016, los jóvenes romanos Manuel Foffo y Marco Prato mataron a Luca Varani. La noticia saltó a las páginas de los diarios y las transmisiones de noticias nacionales; el hecho convulsionó a una ciudad que no comprendía del todo lo que había sucedido.

Ahora, en la novela “La ciudad de los vivos”, el escritor italiano Nicola Lagiola se adentra en el misterio del juicio mediático desde la perspectiva de los verdugos. “A todos nos resulta más fácil ponernos en el papel de víctima y pensar en la pesadilla de ser atacado de alguna manera”, expresa el autor.

Hace seis años, tras un exagerado consumo de alcohol y grandes cantidades de cocaína, Foffo y Prato atacaron a Luca Varani a martillazos y cuchilladas.

Nicola Lagiola en lugar de ponerse en el papel de víctima enfrenta el reto de ser el ejecutor. En las primeras líneas de “La ciudad de los vivos” el autor presenta a dos jóvenes que no parecen diferenciarse de cualquier otro, los dos arrastran problemas en sus relaciones y sus familias, algo común, que pone a pensar al lector que cualquiera podría cometer un asesinato.

Manuel se siente el discriminado, la oveja negra de la familia. ¿Cuándo no nos hemos sentido así, fracasados, rodeados de gente que lo hace mejor que nosotros? Marco es brillante, extrovertido, pero tras todo eso esconde un gran malestar interno. Luca simboliza la parte más inocente, que cae en la trampa de los otros. Encontré algo de mí mismo en los tres”, dijo Nicola Lagiola en entrevista con El País.

Más que como un novelista, Lagiola reconstruye estos eventos como si fuera una labor periodística, pero luego se encarga de ficcionar los hechos conocidos a partir del momento en que Marco y Manuel asisten a una fiesta; allí se conocen y surge una relación que pareciera encaminarse a un segundo encuentro. Será aquí cuando los dos se unen a Luca, un joven residente de los suburbios y con carencias económicas, quien llega a esta reunión gracias a un tercero que también hace uso de sus servicios.

“La ciudad de los vivos” transita no bajo la mirada de la víctima, ni de la Policía, ni siquiera la de un familiar, sino de los asesinos.

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En poco más de 450 páginas, editadas bajo el sello Penguin Random House, el autor detalla cómo a partir del intercambio de drogas y sexo, Luca Varani entra en un momento de vulnerabilidad.

Apenas tenía 23 años y era hijo de una familia humilde, un chico que se buscaba la vida como podía. Por su parte, los asesinos tenían 28 y 29 años; Manuel Foffo provenía de una familia de comerciantes, y Marco Prato era conocido por llevar las relaciones públicas de la noche gay en roma; los dos terminarían convirtiéndose en los autores intelectuales de este crimen y uno de ellos declaró en prisión que “solo querían saber qué se sentía al matar a alguien”.

“Me llamó la atención la violencia extrema del asesinato. Este chico fue torturado durante horas antes de ser asesinado, lo que me pareció algo terrible. Los mismos policías, que están acostumbrados a ver violencia sobre los cuerpos, al entrar al departamento donde ocurrió el crimen dijeron que era la primera vez que veían una masacre así: más de cien puñaladas, martillazos sobre el cuerpo de Luca Varani”, dijo Nicola Lagiola en entrevista con Milenio.

El escritor se obsesionó con este caso y en su texto retrata el vínculo entre lo bárbaro del crimen y el caos salvaje de Roma, una ciudad en la que nadie se sorprende por nada y en la que las personas saben casi nada de sus vecinos, sumergidos en el ajetreo de la vida diaria.

Nicola Lagiola se realizó una exhaustiva investigación sobre este caso que aún esconde la pregunta que familiares y la sociedad se siguen haciendo: ¿Cuál fue el motivo del crimen?.

¿Por qué tendría que haber un motivo?, plantea el autor. Lo que este relato no son las intenciones, sino las frases concisas y las miradas frontales, una lectura que en momentos se vuelve incómoda.

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