Mario Goloboff: “La elección entre el arte puro y el arte comprometido sigue enfrentando a los autores”

El escritor argentino dialogó con Infobae Cultura sobre su nuevo libro “Relecturas”, una cartografía personal que explora especificidades de Julio Cortázar, Jorge Luis Borges, Manuel Puig, Roberto Arlt y Alfonsina Storni, entre otros

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Mario Goloboff
Mario Goloboff (Hugo Passarello Luna)

“Lo que todo escritor grande, lo que todo gran poeta, hace”, postula Mario Goloboff en Relecturas, es “inventar su propia manera de decir, reinventar las palabras de la tribu”. “Si no se crea un lenguaje propio no se puede escribir literatura”, afirma el autor de obras como Leer Cortázar. La biografía, Leer Borges y Genio y figura de Roberto Arlt en el marco de este diálogo con Infobae Cultura.

El crítico responde las preguntas desde su departamento en Almagro, donde incontables libros se abarrotan del piso al techo y a veces, siguiendo un exhaustivo orden personal, se apilan sobre la mesa del living. Y se muestra convencido de que “todo autor que sobresale es porque de una u otra forma rompe e innova”.

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El novelista (Caballos por el fondo de los ojos, Criador de palomas, La luna que cae y Comuna Verdad) y poeta (Entre la diáspora y octubre, Los versos del hombre pájaro y El ciervo) observa que la literatura argentina se compone de “numerosas, múltiples y variadas voces y escrituras”, con “diversos estilos y visiones de gran calidad”.

Nacido en Carlos Casares, “un pueblito oculto del oeste pampeano”, Goloboff se exilió en los setenta en Francia, donde conocería entre otros a Julio Cortázar, Augusto Roa Bastos, Juan Carlos Onetti y Jean-Marie Gustave Le Clézio. Hace poco más de dos décadas, regresó al país y por esos años publicó la primera biografía sobre el autor de Rayuela. Entretanto, persiste un enigma que aún no logró resolver: el contacto que el universo cortazariano sigue estableciendo con los lectores jóvenes. “Siempre me lo planteo como interrogante”.

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Tapa libro Goloboff
Relecturas (Alción Editora)

Relecturas (Alción Editora) reúne más de una treintena de textos en su mayoría de los últimos años, algunos publicados en diarios y revistas y otros inéditos. El volumen que llega por estos días a las librerías abre con una revisión de las Aguafuertes porteñas de Arlt. Y se propone recuperar la figura de escritores “ocultados, olvidados o relegados”, como José Portogalo, Jorge Enrique Ramponi, Héctor Yánover y Francisco Madariaga.

En sus páginas emergen además las polémicas que dividieron al ambiente literario, como la que protagonizaron los grupos Florida y Boedo. Y la controversia de Leopoldo Marechal con Leopoldo Lugones sobre la rima poética, en la que el por entonces joven autor de Adán Buenosayres retrucó desde las páginas de la revista Martín Fierro que “la métrica fue el pantalón corto de la poesía: ahora la poesía es adulta”.

Sobre la vigencia del debate entre Florida y Boedo, Goloboff analiza: “La elección entre el arte puro y el arte comprometido ha seguido enfrentando, desde aquella polémica tan precoz hasta hoy, a los autores, a los críticos, a los pocos políticos que realmente se interesan en la cultura. Supongo que es una discusión que se mantendrá”.

Goloboff, quien enseñó en universidades argentinas y francesas y cuya obra fue traducida a más de una decena de idiomas, concluye que, más allá de sus grandes nombres, la argentina “es una literatura de masas, una producción casi colectiva, casi anónima, que hubo y hay muchísima gente construyéndola”.

¿Es Relecturas una cartografía personal sobre la literatura argentina? ¿O cómo lo definiría?

— Das una definición que me parece de lo más ajustada. Es tal vez una cartografía, y personal en el sentido de que se basa (ahora lo veo, una vez armado el libro) en una idea o concepción que tengo hoy de la literatura argentina, una literatura hecha por numerosas, múltiples y variadas voces y escrituras. Que cubre todo el país, un buen muestrario en el tiempo, y sobre todo diversos estilos y visiones de gran calidad.

Sin embargo, es difícil definir la propia obra. Se puede decir lo que se quiso hacer; y apenas. Lo que yo quise es revelar que la literatura argentina (a pesar de haber varias estrellas) es una literatura de masas, una producción casi colectiva, casi anónima, que hubo y hay muchísima gente construyéndola, y eso, por lo que conozco, es bastante singular y distintivo en el mundo en el que nos movemos.

— Habla de Arlt cómo “fundador de la novela urbana del Río de la Plata”. ¿Podría decirse que un denominador común de los autores y autoras citados en el libro es su carácter de ruptura o innovación? ¿O qué otros denominadores comunes encuentra?

Todo autor que sobresale es porque de una u otra forma rompe e innova. Otro denominador común que encuentro es que probablemente casi todos miran el mundo, la cultura y la literatura de una parecida manera, como algo que debe cambiar para satisfacer a las mayorías, que son las que los sostienen.

Mario Goloboff
Crédito: Hugo Passarello Luna

Varios de los escritores que analiza en Relecturas no son conocidos hoy día. ¿Cuáles son a su criterio los más injustamente olvidados?

— Ese era uno de los criterios dominantes: poner de relieve la obra de escritores que, siendo excelentes, han quedado ocultados, olvidados o relegados en la historia. José Portogalo, Jorge Enrique Ramponi, Luis Franco, Horacio Rega Molina, Francisco Madariaga, Héctor Yánover, y soy injusto con tantos otros que no nombro pero están en el libro. En compañía de los recientemente o por ahora famosos: Borges, Cortázar, Puig, Saer, etc.

A varios autores, como Girondo, Quiroga, Gelman o Conti, les dedica capítulos titulados como “Otra mirada sobre”. ¿Qué buscó que aporten esas otras miradas?

— En realidad, y humildemente, la mía. Lo que yo veo de característico y novedoso, y que, a pesar de ser tan celebrados, no destacó la crítica hasta ahora.

Tratar de ver lo particular de cada uno, como por ejemplo en Horacio Quiroga el juego con el personaje, en Haroldo Conti el procedimiento narrativo, en Juan Gelman la transformación lingüística, y así… Distinguir en cada uno lo que lo diferencia del conjunto, lo que yo llamaría su especificidad.

¿Podría explicar por qué describe a Borges y José Hernández como dos gigantes en lucha?

— Lo de gigantes es un tanto indudable o indiscutible. ¿Por qué en lucha? Por muchas de las cosas que digo en el capítulo, sobre las desavenencias de Borges con su antecesor. Es evidente que se disputan la misma gloria, aunque los dos la tienen y bien merecida. Pero discuten sobre la nación y su idiosincrasia, sobre la tradición, sobre la llamada por Ricardo Rojas “la gauchesca”, y sobre tantas cosas más, aún de manera anacrónica o fantástica. Deben estar dialogándolo en el cielo.

¿Cuáles son las polémicas más curiosas que atraviesan el libro? ¿La de Marechal con Lugones sobre la rima?

— Es, sin duda, una de las más curiosas: Marechal tenía alrededor de 20 años y con desparpajo y verdadera sabiduría desafía al prócer en el terreno que más conocía.

Y, hablando de controversias, ¿podría decirse que la polémica entre Florida y Boedo continúa reeditándose hasta la actualidad?

— Sí, podría legítimamente decirse eso. Y no sólo argentina sino latinoamericana, por no decir occidental. La elección entre el arte puro y el arte comprometido ha seguido enfrentando, desde aquella polémica tan precoz hasta hoy, a los autores, a los críticos, a los pocos políticos que realmente se interesan en la cultura. Supongo que es una discusión que se mantendrá. En la medida que estas condiciones sociales, estas circunstancias, estas clases, permanezcan.

Mario Goloboff
Crédito: Ezequiel Díaz Ortiz

Varios capítulos están dedicados a Cortázar. ¿Qué le aportó de frescor a la literatura argentina? ¿Y por qué propone juzgar su carácter innovador principalmente a partir de “la textura de sus textos”, más allá de las marcas que dejó en otros ámbitos?

— Porque siempre me interesa analizar la textura de los textos para dar mi opinión sobre la obra. Es lo que cuenta. Fuera de los propósitos, las intenciones, las ideas bellas o malas, es el terreno donde se juega la verdad de un escritor. Lo demás es secundario.

En cuanto a Cortázar, hablé mucho sobre él: en la biografía que escribí y publiqué, en numerosos artículos, en mesas y conferencias. Lo de la frescura, el contacto que hasta hoy (a casi cuarenta años de su muerte) sus textos tienen con los lectores jóvenes, siempre me lo planteo como interrogante, como enigma que no he logrado resolver.

Además de su biografía sobre Cortázar, usted escribió Leer Borges. ¿Resulta más difícil sumergirse en la crítica de autores famosos y muy leídos o no necesariamente?

— Meterse en el laboratorio de esas grandes figuras es siempre una tentación y correr muchos riesgos. Es intentar desentrañar de qué está hecha la obra, por qué y para qué, también. Pero en la aproximación, no veo diferencias con los autores menos leídos o más ocultados. Es el amor a la literatura y a las obras lo que te inclina y te seduce.

Usted destaca que Blaisten creó su propio lenguaje. ¿Cuántos escritores logran verdaderamente esto y cuán difícil es?

— No, no es difícil, forma parte de la vocación y del oficio. Si no se crea un lenguaje propio no se puede escribir literatura. Toda persona que escribe, siente, en algún momento de su vida, que las palabras conocidas no le alcanzan, que debe buscar, descubrir o inventar otras nuevas. Lo que exige la desmesura y la trascendencia no es solo “la búsqueda sollozante” de un Baudelaire o “el desorden de los sentidos” de un Rimbaud; también el racionalismo de un Rousseau, cuando emprende sus Confesiones, lo conduce a la desesperación en la empresa: “Para lo que yo tengo que decir -asienta- se necesitaría inventar un lenguaje nuevo, tan nuevo como mi proyecto”.

Relecturas se enfoca también en Alfonsina, Norah Lange, Liliana Heer y Rosalba Campra. ¿Ocuparon las mujeres en la literatura del período que analizó el lugar que merecían? ¿O hubo muchas que sufrieron una invisibilización?

— Son las preguntas más difíciles de responder de esta entrevista. No me manejo bien, por razones históricas y de formación, en el campo de las consideraciones sobre la así llamada literatura femenina.

Estas son las escritoras en las que yo reparé, no las únicas, a lo largo de mi vida. También escribí, en otros tiempos y lugares, sobre Tununa Mercado, Noemí Ulla, Ana María Shua, Cristina Siscar, y otras. No porque fueran mujeres, sino por lo que escribían.

Llegué a la literatura por una mujer, mi madre; siempre inspiraron las mujeres mis textos; tengo dos hijas mujeres, con las que me llevo notablemente bien. Creo que me muevo más o menos naturalmente en el universo femenino y (quiero creer) que no tengo preconceptos. Otros sabrán.

Mario Goloboff
Crédito: Ezequiel Díaz Ortiz

También menciona espacios porteños que se convirtieron en escenario de ficción como el Pasaje Güemes. ¿Es Buenos Aires una ciudad eminentemente literaria?

— Son los escritores quienes hacen que una ciudad sea literaria. A Buenos Aires le tocó en suerte José Antonio Wilde, Carlos Guido y Spano, Evaristo Carriego, Jorge Luis Borges, Ezequiel Martínez Estrada, Raúl Scalabrini Ortiz, Leopoldo Marechal, Baldomero y César Fernández Moreno, Mario Jorge de Lellis, y eso la favoreció.

¿Cuántos años lleva estudiando la literatura argentina? ¿La distancia del exilio le aportó una perspectiva diferente?

— Muchos, más de los que puedo confesar... Leyéndola, desde que escuché, en brazos de mi madre, los versos del Martín Fierro, sin saber, claro está, si eso era literatura argentina o la poesía simplemente, como José Martí, Rubén Darío, Nicolás Guillén, Pablo Neruda, que me llegaron más o menos igual. Y en la adolescencia, fundamentalmente, llegaron muchos de los poetas que están en el libro (que también por eso se llama Relecturas). Después, como es natural, los fui difundiendo y, a algunos, estudiando.

Claro que uno va cambiando de perspectiva con el paso del tiempo. Y de las experiencias que va teniendo en la vida, en el trabajo, en el estudio, en la enseñanza, que es un ir y venir de aprendizajes. El exilio, la vida en Francia, supongo que me aportó mucho. También, seguro, la entrada de otro idioma en mi cabeza, con su literatura y su carga emocional.

Por último… después de terminar Relecturas, ¿cómo describiría el recorrido de la literatura argentina? ¿Podría afirmarse que goza de buena salud?

En la Argentina se arman talleres en las casas, en los clubes, en las bibliotecas, en los colegios, y en otras instituciones públicas y privadas donde acuden, masiva y entusiastamente, miles de personas. Parece ser la mejor salud de la que puede gozar una literatura.

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