
El exministro de Planificación Federal, Julio De Vido, volvió a pedir este martes que le otorguen la prisión domiciliaria cuando le tocó declarar como acusado en el juicio de los Cuadernos de la Corrupción. “Estoy preso y enfermo, pero preferiría morirme en mi casa”, clamó el exfuncionario, que tuvo su turno de hablar luego de la indagatoria a Cristina Fernández de Kirchner.
La súplica de De Vido ocurrió ante el Tribunal Oral Federal N° 7, que en este debate tiene como magistrado suplente a Néstor Costabel, quien integra el TOF N° 4 que condenó al exministro por la Tragedia de Once.
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Por esa sentencia a cuatro años de prisión, el extitular de la cartera de Planificación Federal está detenido en la cárcel de Ezeiza desde noviembre del año pasado.
“Estoy solicitando la prisión domiciliaria por razones de salud. Por lo tanto, después de prestar declaración, le pediría poder retirarme para atenderme”, pidió esta mañana De Vido al juez Enrique Méndez Signori, quien preside el Tribunal que juzga a CFK y otros 86 acusados.
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El magistrado le permitió irse de Comodoro Py luego de su declaración, al igual que hizo la expresidenta de la Nación. El viernes el TOF N° 7 le había rechazado la posibilidad de ser indagado virtualmente.
“Soy diabético, los niveles de glucosa suben y bajan, y además me he puesto hipertenso últimamente. Yo también admiro al general Pistarini, estoy preso y enfermo, pero preferiría morirme en mi casa. No tengo más nada que decir”, dijo De Vido al concluir sus palabras.
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El exfuncionario se reservó el derecho de prestar declaración en otro momento del juicio, algo que siempre tienen permitido los imputados.
En su breve indagatoria, rechazó “total y categóricamente por falsa e infundada” la acusación del Ministerio Público Fiscal, que fue formulada durante la investigación por Carlos Stornelli y en el debate es defendida por la fiscal general Fabiana León.
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De Vido también cuestionó a la Unidad de Información Financiera (UIF), “que personalmente creo que no debería ser parte de este proceso”, según advirtió.

El exministro pidió que se incorpore a su declaración lo que ya había dicho en el pasado cuando lo indagaron durante la instrucción. “También comparto absolutamente lo expresado por los doctores Maximiliano Rusconi y Gabriel Palmeiro en las cuestiones preliminares”, siguió el acusado.
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Desde que fue detenido en noviembre, la defensa de De Vido insistió por todas las vías posibles con que cumpla su condena en su casa.
Por un lado, invocaron la edad del exfuncionario kirchnerista, quien tiene 76 años, lo cual supera el límite de 70 años previsto en la normativa para solicitar el beneficio.
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Y en paralelo alegaron problemas de salud, mencionando patologías crónicas como diabetes, hipertensión y afecciones cardíacas que, según sus abogados, no podían ser tratadas correctamente dentro del penal. Los letrados sostuvieron que el Servicio Penitenciario no le proveía los medicamentos necesarios, como la insulina, ni una dieta acorde a sus prescripciones médicas.
La cuestión fue rechazada tanto por el juez Ricardo Basílico, a cargo de la ejecución de la pena, como por la Cámara Federal de Casación Penal.
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La frialdad entre De Vido y CFK
La expresidenta de la Nación llegó a la sala AMIA junto a su abogado, Carlos Beraldi, y casi inmediatamente se sentó en el banquillo de los acusados.

Apenas alcanzó a saludar a Roberto Baratta, que se paseó por los rincones del lugar antes de comenzar la audiencia y dialogó con varios de los presentes. El exsubsecretario de Coordinación y Control de Gestión del Ministerio que condujo De Vido le extendió la mano a CFK, y ella respondió con un apretón cordial, sin mayor emoción.
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Con De Vido fue distinto. El exministro estuvo sentado a su lado, en la misma mesa y apenas a unos metros de distancia. Pero en ningún momento se los vio cruzar palabras o saludos, tampoco alguna mirada breve.
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