
El Tribunal Oral Federal (TOF) 2 de Rosario condenó hoy a siete años de prisión a un narcotraficante de Santa Fe por amenazar por la aplicación whatsapp desde la cárcel al intendente de la ciudad de Venado Tuerto, Leonel Chiarella, para que no siga siendo trasladado de prisión. “Tenes contacto con los de arriba? Desiles (sic) q me dejen de trasladar de aca para alla por hay balas para todos. Empezando por chiarela. Ok?”, fue la amenaza que envió Nahuel Novelino en enero del año pasado al secretario de seguridad de la ciudad, Sergio Maidana.
Fuentes judiciales informaron a Infobae que los jueces del TOF 2, Eduardo Rodrigues Da Cruz, Elena Dilario y Román Lanzón, condenaron a Novelino a siete años de prisión por el delito de coacción agravada. Los fiscales del juicio, Mariano Barabani y Fernando Arrigo habían pedido una pena de nueve años. Novelino ya estaba condenado a 15 años por narcotráfico y robo, entre otros delitos.
El acusado escuchó el veredicto por videoconferencia desde la cárcel federal de Marcos Paz, donde está detenido. Antes de recibir la condena habló ante los jueces. Dijo que él no había sido el autor de las amenazas y que en los otros juicios que tuvo siempre reconoció su responsabilidad cuando era culpable. Su defensa, a cargo de la defensora oficial Graciela Yocca, había pedido su absolución por el beneficio de la duda. Planteó que Novelino no había amenazado al intendente y que además el jefe comunal no tiene entre sus facultades la decisión de trasladar o no a presos.
Los fiscales Barabani y Arrigo plantearon en sus alegatos que Novelino sí había cometido las amenazas. Sostuvieron que la amenaza se hizo desde una línea que se sacó a nombre de Novelino y con su DNI y las llamadas de ese teléfono impactaron en las antenas de la cárcel de Marcos Paz, donde está preso. Además, el intendente Chiarella fue quien continuó denunciado a Novelino por seguir con negocio de la droga desde prisión y que por el accionar del intendente lo cambiaban de cárcel. Novelino había estado en las cárceles de máxima seguridad de Trelew, Resistencia y ahora Marcos Paz.

El hecho es uno de los tantos que desde la justicia y las autoridades de Santa Fe denuncian: que los narcos desde las cárceles siguen cometiendo delitos. El de Novelino es un caso. Hay más. Por ejemplo, el año pasado desde la cárcel de Ezeiza el narco Esteban Lindor Alvarado se quiso fugar en helicóptero. También se determinó que Ariel “Guille” Cantero, jefe de la banda “Los Monos”, y otros integrantes de su organización criminal ordenaron crímenes. También desde la cárcel se ordenó el ataque a balaceras a casas de jueces y fiscales, de edificios judiciales, de camiones de traslado del Servicio Penitenciario y de unidades penitenciarias.
También se sospecha -está en investigación- que los crímenes de dos taxistas y de un empleado de una estación de servicio en Rosario ocurridos a fin de mes se ordenaron de cárceles como represalia con el endurecimiento de las condiciones de detención de los jefes narcos. Todo eso acompañado en la mayoría de los casos de carteles con amenazas a la población: “Vamos a matar comerciantes, periodistas y a toda clase de personas que caminen en la calle. Att: Todos juntos contra el Estado”.
En ese contexto, tanto el gobernador de Santa Fe, Maximiliano Pullaro, y la ministra de Seguridad de la Nación, Patricia Bullrich, dictaron protocolos para endurecer las condiciones de detención de los jefes narcos y de los presos de alto perfil de riesgo. Concretamente, se dispuso restringir las visitas y limitar el contacto con otros presos vinculados al crimen organizado, entre otras medidas.
La amenaza por la que hoy Novelino fue condenado no fue la única que hizo. Tiempo después la repitió. Va a ver (sic) balas y granadas para todo el que avisa no traiciona”, decía en otro mensaje dirigido a también a Chiarela y al senador provincial de Santa Fe Lisandro Enrico, a la fiscal del Ministerio Público de la Acusación (MPA) Susana Pepino, al juez federal de Venado Tuerto, Aurelio Cuello Murúa y al fiscal federal Javier Arzubi Calvo. La amenaza iba acompañada de la foto de un arma: “Esta es para ustedes”.

Tampoco era la primera vez que Novelino tenía celulares en prisión. Cuando estaba detenido en Resistencia le encontraron celulares que fueron analizados y se concluyó cómo seguía con el negocio de la droga. De allí la justicia federal de Venado Tuerto obtuvo 11.200 archivos de audio, más de 35 mil fotos y 570 videos.
De esa información se recogió cómo negociaba la compra de cocaína con un policía jubilado y con una mujer, ambos de la provincia de Córdoba. “Acá tengo la máquina de contar el billete, que recién termino de contar, y hay 1.880.000 pesos. Faltan 120 mil pesos para los dos palos”, le reclamó la mujer mientras le exhibía los fajos de billetes en uno de los videos que la justicia obtuvo del celular.
También se descubrió que todas las noches Novelino hacía videollamadas con Lucía Estefanía Uberti, su ex pareja que está detenida en Rosario con una condena a 20 años de prisión por ser parte del grupo de gatilleros de “Los Monos”. No solo hablaban del negocio de la droga. Todas las noches preparaban la cena y luego se unían a través de videoconferencias de whatsapp, Snapchat, o Facebook para estar juntos y jugaban con filtros.
Ambos además firmaban los panes de cocaína que vendía: le ponían sus iniciales “LN”, o la corona de un rey o una tijera para graficar que esa droga estaba cortada.
Del análisis de los celulares también se encontró que Novelino compraba armas. Así surge de videos en los que le mostraban seis estuches con las marcas de las armas. “Ahí están las seis, amigo”, le dice el vendedor. En los contactos de su teléfono estaban agendados los nombres de “Sicario 1″, “Sicario 2″, “Perrito sicario”. Hablaban de “hacer un par de boletas” y con esas personas intercambió mensajes sobre los precios de lo que costaba un crimen o una amenaza. Ninguno de los hechos se concretó.
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