
Según el portal oficial del Estado argentino, la inocuidad de los alimentos es “la ausencia -a niveles seguros y aceptables- de peligro en los alimentos que puedan dañar la salud de los consumidores”.
Los peligros transmitidos por estos productos pueden ser de naturaleza biológica, química o física y, con frecuencia, son invisibles a los ojos de las personas. Se tratan de bacterias, virus o residuos de pesticidas, entre otros ejemplos.
Este término comenzó a tomar más fuerza en los últimos años debido al compromiso que los consumidores fueron ganando activamente, desde saber el proceso de los alimentos, cómo se producen, de donde vienen, hasta leer las etiquetas de los paquetes para saber qué es lo que están consumiendo. Como consecuencia, las empresas tuvieron que adaptarse a estas necesidades para seguir siendo competitivas en el mercado.
Este año, el Día Mundial de la Inocuidad Alimentaria llega en tiempos de pandemia e incertidumbre donde, gran parte de las actividades se ven frenadas por el virus. A pesar de la situación, empresas alimenticias, como por ejemplo Danone, creen que en estos momentos en donde la salud es prioridad para todos y por eso, en este contexto, la inocuidad y seguridad microbiológica de los alimentos es clave y mucho más, cuando se trata de alimentos lácteos.
Cómo se elaboran los productos lácteos
Danone, la empresa que llega a los hogares de las familias argentinas, a través de marcas como Yogurísimo, Ser, Casancrem. Activia, Danonino, Actimel, Danette, Serenito y Gran Compra; está certificada dentro del esquema de certificación FSSC 22000, que es un programa de certificación para los sistemas de seguridad alimentaria dirigido a las organizaciones que procesan o elaboran alimentos. Este esquema está reconocido por la Iniciativa Global de Seguridad Alimentaria (GFSI por sus siglas en inglés).

Todos los tambos están certificados libres de brucelosis, tuberculosis y aftosa -enfermedades que están asociadas a la leche de vaca y que pueden traducirse en problemas de salud a los humanos-, además de inscriptos en SENASA. En cada tambo se trabaja con lineamientos claros de higiene, orden y desinfección.
En concreto, se realizan 400 análisis de leche por día. Esta leche es analizada y clasificada según su calidad en el laboratorio de Análisis y Tipificación de leche de planta Ranchos que se encuentra Acreditado por el Organismo Argentino de Acreditación (OAA) en la realización de los ensayos que aseguran la calidad de los resultados de los mismos (Norma ISO/IEC 17025).
Ya en la planta de Longchamps se llevan a cabo ensayos y controles diariamente. En total, se alcanzan semanalmente 1600 ensayos cuando la leche se recibe, 7800 en el momento de su elaboración y 14000 durante el envasado .
Todos los lotes de productos se controlan antes de salir al mercado: se toman muestras para asegurar toda la producción y se conservan contramuestras de todos los lotes de producto hasta que alcanzan su fecha de vencimiento.
Dentro de los chequeos que se implementan se incluyen el análisis microbiológico (para detectar el posible desarrollo de bacterias potencialmente perjudiciales para la salud), fisicoquímico (para evaluar características) y sensorial (para estudiar detalles relacionados con el sabor, la textura o el packaging).
Desinfección
Previo al envasado, todos los elementos del packaging son desinfectados mediante tres sistemas diferentes que se eligen de acuerdo con las características de cada packaging, al momento de trasvasar la producción a sus envases se utiliza un equipamiento llamado flujo laminar, para que el aire que esté en el ambiente de envasado sea seguro.
Una duda frecuente de los consumidores está relacionada con los proveedores de insumos y materia prima y, apunta a los controles que las empresas les imponen. En este sentido, Danone tiene una política clara y estricta con el objetivo de asegurar calidad y seguridad: todos los proveedores son auditados y monitoreados exhaustivamente.
Al mismo tiempo, clientes de la empresa monitorean y auditan los procesos de Danone para ellos también garantizar a sus consumidores que los productos que comercializan cumplan con los estándares de seguridad, calidad e higiene necesarios para llegar al punto de venta.
Pareciera que la famosa frase “somos lo que comemos” llegó para quedarse gracias a la relevancia y consciencia que las personas comenzaron a darle a la alimentación, generando que las empresas se vuelvan no solo más responsables frente a los productos que venden, sino que apuesten por invertir constantemente en la investigación y desarrollo de los procesos inocuos.
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