
Honduras conmemora este miércoles el Día de la Tierra en un contexto alarmante: una creciente “emergencia” ambiental caracterizada por incendios forestales, patrones climáticos impredecibles y una crisis que ya impacta directamente la seguridad alimentaria, el acceso al agua y la estabilidad social del país.
Expertos y defensores del medioambiente advierten que la situación exige acciones urgentes, no solo en mitigación del cambio climático, sino especialmente en estrategias de adaptación y en la protección efectiva de quienes defienden los recursos naturales.
La cofundadora de la Coalición Ambiental de Honduras, Ana Velásquez, señaló que la emergencia climática ya está afectando la disponibilidad de agua y la salud de la población hondureña. En declaraciones a EFE, explicó que los cambios en los patrones climáticos han obligado a los productores agrícolas a modificar sus calendarios de siembra, generando incertidumbre y reduciendo la productividad.
Este fenómeno tiene consecuencias profundas. La agricultura, uno de los pilares económicos del país, depende en gran medida de la estabilidad climática.
Sin embargo, las lluvias irregulares y las sequías prolongadas han alterado los ciclos tradicionales, obligando a los agricultores a asumir mayores riesgos. “Estamos viendo cómo la variabilidad climática se traduce en pérdidas económicas y en una amenaza directa a la seguridad alimentaria”, advirtió Velásquez.
Datos de la Asociación para una Sociedad Más Justa reflejan la magnitud del problema: más de 583,000 hogares fueron afectados por la sequía en el último año, superando incluso el impacto de las tormentas tropicales, que alcanzaron a unas 472,000 familias.

Esta cifra evidencia que la crisis climática ya no es una amenaza futura, sino una realidad presente que golpea con mayor fuerza a las comunidades más vulnerables.
Uno de los factores más críticos en esta emergencia es el aumento de los incendios forestales. Según Velásquez, estos siniestros representan la principal causa de deterioro ambiental en el país. En lo que va del año, Honduras ha registrado 404 incendios que han devastado más de 17,000 hectáreas de bosques.
La pérdida de cobertura forestal no solo implica la destrucción de ecosistemas y biodiversidad, sino también un impacto directo en el ciclo del agua.
Los bosques cumplen una función clave en la regulación hídrica, por lo que su desaparición agrava la escasez de agua. “Si nos quedamos sin bosque y sin agua, no vamos a tener de qué vivir”, enfatizó la activista.
Además, advirtió que el país enfrenta un “círculo vicioso” en el que la degradación ambiental genera más vulnerabilidad climática, lo que a su vez incrementa las pérdidas económicas y sociales.
Este ciclo se ve agravado por la falta de financiamiento internacional y por debilidades institucionales que limitan la capacidad del Estado para proteger tanto los ecosistemas como a quienes los defienden.
De mantenerse las tendencias actuales de incendios y deforestación, Honduras podría perder toda su cobertura forestal para el año 2094, un escenario que tendría consecuencias devastadoras no solo para el medioambiente, sino también para la economía y la seguridad humana.

Las cifras del Instituto de Conservación Forestal reflejan un desequilibrio preocupante: entre 2015 y 2025, el país reforestó en promedio 32,300 hectáreas al año, mientras que la degradación alcanzó las 71,399 hectáreas anuales. Esta brecha pone en riesgo el compromiso internacional de restaurar 1.3 millones de hectáreas para 2030.
Para el consultor en cambio climático y desarrollo sostenible Luis Guardiola, la crisis climática en Honduras no se limita al ámbito ambiental, sino que afecta directamente el empleo, los ingresos y los patrones migratorios.
La falta de oportunidades, sumada a la degradación de los recursos naturales, está empujando a muchas personas a abandonar sus comunidades.
Guardiola subrayó que, ante fenómenos como El Niño y La Niña —que pueden provocar sequías severas o inundaciones—, la prioridad debe ser la adaptación. “Honduras emite menos del 0.01 % de los gases de efecto invernadero. La prioridad es adaptarse”, explicó.
El experto también criticó la falta de acceso a financiamiento climático y la debilidad en la formulación de proyectos que permitan al país acceder a fondos internacionales. Sin recursos adecuados, las iniciativas de adaptación y resiliencia quedan limitadas, perpetuando la vulnerabilidad del país frente al cambio climático.
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