Un submarino nazi dejó espías en Maine y hundió al Cornwallis en 1944: ocho décadas después, los restos del barco fueron encontrados

El hallazgo cierra un capítulo olvidado de la Segunda Guerra Mundial en la costa atlántica de Estados Unidos

Fotografía en blanco y negro de un barco de vapor que navega en el mar mientras emite humo oscuro por su chimenea central
El SS Cornwallis navegó su último trayecto en diciembre de 1944, cuando un torpedo alemán lo envió al fondo del océano frente a las costas de Maine (Nomad Exploration Team)
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La noche del 3 de diciembre de 1944, el SS Cornwallis se fue a pique frente a la costa de Maine en menos de 10 minutos.

Un torpedo disparado por el submarino alemán U-1230 impactó cerca de la proa del mercante canadiense y solo cinco de los 48 tripulantes sobrevivieron. Durante más de ocho décadas, nadie supo con exactitud dónde había quedado el barco.

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El Nomad Exploration Team encontró la respuesta en julio de 2026: los restos del Cornwallis yacen a casi 122 metros de profundidad. El equipo, con sede en New Hampshire, hizo el anuncio esta semana tras confirmar la identidad del buque en inmersiones posteriores al hallazgo inicial, tal como informó CBS News.

Silueta de un barco sobre el fondo marino en un escaneo de sonar en tonos ocres con el logotipo de Nomad Exploration Team en la esquina inferior
A 122 metros bajo el agua, el SS Cornwallis permaneció intacto durante más de 80 años antes de ser localizado por el equipo de exploración (Nomad Exploration Team)

Lo que hace singular a este naufragio no es solo la tragedia en sí. El mismo U-1230 que disparó el torpedo había desembarcado, cuatro días antes, a dos espías nazis en suelo estadounidense.

El Cornwallis quedó así atrapado en uno de los episodios más insólitos de la Segunda Guerra Mundial en la costa atlántica de Estados Unidos.

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El barco ya conocía la violencia del conflicto. Construido en Vancouver, Columbia Británica, en 1921, el vapor de 5.458 toneladas había sobrevivido un primer ataque alemán en septiembre de 1942, cuando fue torpedeado mientras estaba anclado en Barbados.

Se hundió parcialmente en aguas poco profundas, fue recuperado, reparado y vuelto a poner en servicio.

Cuatro personas en la popa de una embarcación manipulan equipos y cilindros de buceo junto al mar abierto
El sonar de exploración lateral fue la herramienta que finalmente reveló la silueta del Cornwallis tras años de rastreo en aguas del Atlántico norte (Nomad Exploration Team/ Lindell Yachts)

Una misión doble en aguas enemigas

La última travesía del Cornwallis comenzó en noviembre de 1944, cuando partió desde Barbados con un cargamento de azúcar y melaza con destino a Saint John, en Nuevo Brunswick. El barco estaba armado: contaba con un cañón de cuatro pulgadas, uno de doce libras y ametralladoras en el puente. Ninguna de esas armas llegó a dispararse.

Mientras el mercante navegaba por la costa de Maine, el submarino U-1230, bajo el mando del comandante Hans Hilbig, ya había completado una misión encubierta en suelo estadounidense.

El 29 de noviembre de 1944, el U-1230 desembarcó a dos agentes alemanes cerca de Hancock, Maine: Erich Gimpel, de nacionalidad alemana, y William Colepaugh, un estadounidense que había viajado a Alemania en 1944 para entrenarse en espionaje. Ambos llegaron a Nueva York sin ser interceptados.

Cuatro días después, el 3 de diciembre, el mismo U-1230 avistó al Cornwallis y disparó el torpedo que lo envió al fondo. Seis personas alcanzaron los botes salvavidas, pero una murió de hipotermia. Los cinco supervivientes fueron rescatados por barcos pesqueros y trasladados a un navío de la Armada de los Estados Unidos, que los llevó a Rockland, Maine.

Dos hombres sentados en una sala: a la izquierda, un soldado con uniforme y gorra; a la derecha, un hombre con traje a rayas y corbata
Erich Gimpel, a la derecha, de nacionalidad alemana, quien fue condenado junto con William Colepaugh, que no aparece en la imagen, como espía nazi, se sienta con su guardia durante un receso en su juicio en Fort Jay, Governors Island, Nueva York, el 14 de marzo de 1945 (AP)

El rastro que dejó el submarino en tierra

El hundimiento del Cornwallis desencadenó una investigación que terminaría por exponer la misión de espionaje. Tras el ataque, las autoridades estadounidenses buscaron determinar si el mismo submarino había dejado agentes enemigos en territorio nacional.

El FBI supo poco después que residentes locales habían visto a extraños en Hancock, Maine, en torno a la fecha del hundimiento.

La misión de Gimpel y Colepaugh llegó a su fin en Nueva York. Colepaugh confesó a un amigo, quien alertó al FBI. Gimpel fue arrestado días más tarde. Un tribunal militar condenó a ambos a muerte, aunque sus penas fueron conmutadas a cadena perpetua.

El U-1230 sobrevivió la guerra. En 1945 fue hundido deliberadamente por sus propios tripulantes para evitar su captura, práctica habitual en los últimos compases del conflicto.

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Fue la confesión de Colepaugh a un amigo la que permitió al FBI desarticular la operación de espionaje que el U-1230 había puesto en marcha semanas antes (AP)

Décadas de búsqueda bajo el agua

El equipo tardó años en dar con los restos del buque. Durante la búsqueda, tuvo que enfrentar aguas frías, fuertes corrientes marinas y zonas de difícil acceso. La tecnología de sonar de barrido lateral permitió detectar el casco y, en inmersiones posteriores, confirmar la identidad del barco.

“Para el equipo, encontrar el naufragio fue el resultado de años de perseverancia”, declaró el integrante del equipo de buceo Danny Allan en declaraciones difundidas por el Nomad Exploration Team esta semana.

Para las familias y comunidades vinculadas al barco, agregó Allan, el hallazgo renueva la atención sobre una tragedia en gran medida olvidada.

Dos pedestales de granito con placas de bronce y un arreglo de flores con una cinta blanca sobre una base de piedra al aire libre
Lo que el mar ocultó durante ocho décadas, un equipo de exploradores lo encontró en julio de 2026 con tecnología de sonar y varias expediciones de buceo (Nomad Exploration Team/ Lindell Yachts)

El Nomad Exploration Team describió el estado actual del Cornwallis como el de una cápsula del tiempo: “Ya no es el barco que zarpó hacia el norte cargado de azúcar y melaza”, escribió la organización.

“Es una cápsula del tiempo sumergida de uno de los episodios más extraños de la guerra en la costa de Maine”.

El historiador náutico Eric Wiberg había documentado previamente los detalles técnicos y el recorrido final del buque, información que sirvió de base para las búsquedas posteriores.

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