
“Nuestra civilización actual se basa en la explotación de los animales, del mismo modo que las civilizaciones pasadas se basaron en la explotación de los esclavos”. La reflexión de Donald Watson, fundador de la Vegan Society, expresa una idea que todavía incomoda: los seres humanos construimos buena parte de nuestra vida cotidiana sobre el uso de otros animales. En noviembre de 1944, Watson y un grupo de activistas crearon una palabra para identificar a quienes rechazaban esa relación: vegan. Con ella, dieron nombre a un movimiento que cuestionaba mucho más que la alimentación.
Desde entonces, cada 1 de noviembre, el Día Mundial del Veganismo recuerda aquel nacimiento y vuelve a poner sobre la mesa una pregunta que atraviesa generaciones: ¿por qué algunos animales son parte de nuestra familia, mientras otros terminan en nuestros platos, nuestra ropa o son utilizados en experimentos? El planteo original, y que se mantiene, no se trata solamente de elegir qué consumir, sino de revisar una costumbre profundamente arraigada: considerar que otras especies existen para satisfacer nuestras necesidades.
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Una de las voces que llevaron esa discusión a nuevos espacio es la de Gary Yourofsky, un activista estadounidense que convirtió sus conferencias en un lugar de confrontación con esas contradicciones. Con preguntas directas, buscan no dejar al público indiferente. ¿Qué diferencia a un perro de un cerdo? ¿Por qué el sufrimiento de unos nos conmueve y el de otros se acepta como parte de la vida? A más de ocho décadas de la creación del término vegan, esas preguntas siguen vigentes.

Donald Watson: el origen de una palabra y un movimiento
Donald Watson nació el 2 de septiembre de 1910 en una localidad rural de Inglaterra. Desde chico estuvo en contacto con los animales de granja y los veía como parte de su entorno cotidiano. Pero, a los 14 años, una experiencia cambió su manera de entender esa relación: presenció la matanza de un cerdo en la granja de su tío. Desde ese día decidió dejar de comer carne. No fue una decisión pasajera. Con los años, comenzó a cuestionar también el consumo de leche y huevos.
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Watson entendió que dejar de comer carne no alcanzaba si seguía consumiendo otros productos que dependían de la explotación animal. Para él, el problema no estaba solamente en matar animales para alimentarse, sino en utilizarlos para satisfacer necesidades humanas. Esa convicción lo llevó a buscar una forma de identificar a quienes compartían su postura y querían ir más allá del vegetarianismo.
El 1 de noviembre de 1944, junto con otras cinco personas, fundó la Vegan Society en el Reino Unido. El grupo necesitaba una palabra que expresara esa diferencia y Watson propuso vegan, formada a partir del principio y el final de vegetarian. El término identificaba una postura milenaria que rechazaba el uso de animales para obtener alimentos y otros productos. No era simplemente una nueva manera de comer: era una forma distinta de relacionarse con los demás seres vivos basada en la ética.
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Ese mismo mes, Watson publicó el primer número de The Vegan News, una revista que permitió difundir las ideas del grupo y poner en contacto a personas que compartían sus preocupaciones. A través de sus páginas, comenzaron a debatir los principios del movimiento y a explicar por qué el rechazo a la explotación animal debía extenderse más allá de la alimentación.
En 1949, Leslie J. Cross, otro integrante de los primeros años de la sociedad, propuso una definición que puso el foco en la emancipación de los animales de la explotación humana. La idea ayudó a precisar el alcance del veganismo: no se trataba únicamente de evitar determinados alimentos, sino de cuestionar un sistema que considera a los animales recursos disponibles para las personas.
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La creación de la Vegan Society marcó un punto de partida para organizar y difundir esas ideas. Medio siglo después, en 1994, se estableció el 1 de noviembre como Día Mundial del Veganismo, en coincidencia con el aniversario número 50 de la organización. Desde entonces, la fecha recuerda el nacimiento del movimiento y mantiene vigente una discusión que sigue interpelando nuestras costumbres.
En la última entrevista que dio Watson, en 2002, le preguntaron cuál creía que era su mayor logro. Respondió: “Sentir que fui un instrumento para comenzar un gran movimiento nuevo que no sólo podría cambiar el curso de las cosas para la Humanidad y el resto de la Creación, sino para alterar las expectativas del hombre para sobrevivir por mucho más tiempo en este Planeta”.
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El activista que llevó el veganismo a las universidades
Desde la muerte de Watson, en 2005, el movimiento vegano creció en todo el mundo y surgieron miles de personas que buscaron sus propias maneras de difundirlo. Entre ellos, Gary Yourofsky, un activista estadounidense y conferencista internacional, ampliamente conocido por su estilo de comunicación confrontativo y directo. Es considerado uno de los más influyentes del veganismo en la era de internet.
Nació el 19 de agosto de 1970 en Michigan, Estados Unidos. Su camino hacia el activismo comenzó a principios de los años noventa, después de una experiencia que cambió su manera de mirar a los animales. Durante una visita al circo Shrine, invitado por su padrastro, recorrió los espacios donde permanecían los animales fuera de escena. Allí vio elefantes encadenados y monos enjaulados. Lo que hasta entonces parecía un espectáculo de entretenimiento adquirió otro significado: detrás de las funciones había animales privados de libertad y obligados a actuar para las personas.
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Aquella experiencia lo llevó a investigar qué sucedía con los animales utilizados para la alimentación, la vestimenta y otros fines humanos. También comenzó a cuestionar una contradicción que más tarde se convertiría en el centro de sus discursos: por qué algunas especies despiertan cariño y protección, mientras otras son criadas y sacrificadas para satisfacer nuestras necesidades. Para Gary, no había una diferencia moral que justificara ese trato.

En 1996 fundó ADAPTT (Animals Deserve Absolute Protection Today and Tomorrow o Los animales merecen protección absoluta hoy y mañana), una organización dedicada a defender a los animales y promover el veganismo. Un año después, el 30 de marzo de 1997, participó junto con otros activistas en la liberación de 1.542 visones de una granja peletera en Ontario, Canadá. Esa acción terminó con su detención y una condena de seis meses de prisión. Permaneció 77 días en una cárcel de máxima seguridad antes de ser deportado. Años después describió aquella experiencia como un episodio que reforzó su empatía hacia los animales confinados.
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Entre 2002 y 2005 trabajó como conferenciante para PETA, una de las organizaciones de defensa animal más conocidas del mundo. Desde ese lugar recorrió universidades y otros espacios educativos para hablar sobre la explotación animal. Sus presentaciones no se limitaban a explicar qué significa ser vegano: buscaban cuestionar las ideas que sostienen el consumo de carne, lácteos y huevos, además del uso de animales en espectáculos, experimentos y otras actividades.
Su mayor alcance llegó en 2010, cuando se difundió por internet una conferencia que había ofrecido el 8 de julio en el Instituto Tecnológico de Georgia, en Estados Unidos. El video, conocido como The Best Speech You Will Ever Hear (El discurso más importante que jamás escucharás), acumuló millones de reproducciones y fue traducido a numerosos idiomas. De ese modo, sus palabras llegaron mucho más lejos que las aulas en las que solía hablar.
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Gary desarrolló un estilo frontal, provocador y sin demasiadas concesiones. Esa manera de expresarse le permitió captar la atención de miles de personas, pero también generó críticas por sus comparaciones y por la dureza de algunos de sus planteos.
Sus acciones se destacan porque muestra una gran capacidad para llevar el debate sobre los derechos animales a públicos que quizás nunca se habían planteado esas preguntas. Y es precisamente en sus discursos donde aparece el núcleo de su propuesta: dejar de mirar a los animales como recursos y empezar a reconocerlos como individuos con intereses propios.
Las preguntas que incomodan
El 8 de julio de 2010, Gary Yourofsky dio una conferencia en el Instituto Tecnológico de Georgia. Parado frente a un grupo de estudiantes, el activista planteó una discusión que iba mucho más allá de la alimentación: ¿por qué los seres humanos consideran que tienen derecho a utilizar a otros animales para satisfacer sus necesidades?
“Los animales no nos pertenecen. ¡No son mercancías! ¡No son propiedad!“, dijo durante la exposición. Y cuestionó una idea profundamente instalada en la sociedad: que algunas especies merecen protección y afecto, mientras otras pueden ser criadas, encerradas y sacrificadas porque forman parte de nuestra alimentación o de otras actividades humanas.
Para explicar esa contradicción, Yourofsky recurrió al concepto de especismo, que define la discriminación basada en la especie. Su planteo es directo: si reconocemos que los animales pueden sentir dolor, miedo y angustia, ¿por qué su especie determina el valor que les damos? ¿Por qué un perro puede ser considerado parte de la familia, mientras un cerdo termina convertido en alimento?
En uno de los momentos más intensos de la conferencia, preguntó: “¿Qué demonios pasó en el camino? ¿Quién nos enseñó a ser tan crueles, desagradables, despiadados, odiosos o indiferentes hacia los animales cuando solían ser nuestros amigos?“. Esa reflexión apunta a una contradicción que atraviesa la vida cotidiana ya que muchos niños sienten empatía por los animales y se angustian cuando ven que alguno sufre, pero al crecer aprenden a aceptar como normales prácticas que implican ese mismo sufrimiento.

El activista también propuso cambiar la perspectiva desde la cual se observa la explotación animal. “Cuando examines cualquier forma de injusticia, ya sean víctimas humanas o animales, recuerda la perspectiva de la víctima”, sostuvo. Esa mirada lo llevó a cuestionar no solo el consumo de carne, sino también la producción de leche y huevos. “Creo que hay más crueldad en un vaso de leche que en un bife”, afirmó. Con esa frase buscó llamar la atención sobre una parte de la explotación animal que suele pasar inadvertida: las condiciones de reproducción de las vacas, la separación de sus crías y el destino que reciben cuando dejan de ser productivas para la industria.
Yourofsky también se detuvo en un argumento frecuente para justificar el consumo de productos animales: el gusto. “Me encanta el sabor de la carne. ¡Me encanta!“, reconoció. Y contó que también le gustaban el queso, la leche y los huevos. Pero explicó que había decidido dejar de consumirlos por una cuestión ética: ”Dejé de comerlas por ética, moralidad, decencia, compasión por los animales con los que comparto este planeta".
Con esa declaración desplazó la discusión hacia una pregunta que todavía incomoda: ¿alcanza con que algo nos guste para justificar el sufrimiento que implica obtenerlo? Para el activista, las costumbres y los placeres personales no deberían estar por encima de la vida de otros seres.
Aunque su manera de expresarse es contundente, sus detractores opinan que no está libre de controversias porque utiliza comparaciones fuertes y un lenguaje que puede incomoda. Pero esa intensidad forma parte de su estrategia: no busca que el público escuche una exposición neutral sobre alimentación, sino que revise su propia relación con los animales.

En el final de su conferencia más famosa habla de la posibilidad de elegir otro camino: “Cuando salgan de esta habitación, pueden elegir ser radicalmente amables”. La frase resume el sentido de su mensaje. El veganismo, desde su perspectiva, no consiste solamente en reemplazar alimentos, sino en cuestionar una forma de relacionarnos con los demás seres vivos que aprendimos a considerar natural.
Sus palabras no ofrecen una respuesta sencilla ni pretenden cerrar el debate sino que dejan una pregunta abierta: si rechazamos la crueldad cuando afecta a los animales que queremos, ¿qué nos lleva a aceptarla cuando se trata de aquellos que terminan en nuestros platos, nuestra ropa o nuestros productos de consumo?
Luego de un tiempo alejado de la vida pública, en mayo de 2025 se unió a la organización Anonymous for the Voiceless en Alemania. Actualmente, Gary es embajador del santuario SASHA Farm en Michigan, recaudando fondos para rescatar animales y participando en podcasts donde promueve una alimentación basada en plantas más saludable y libre de ultraprocesados.
*Puede ver el discurso completo de Gary en este link https://www.youtube.com/watch?v=ZzvK5uLu7F0 / su cuenta de Instagram es realgaryyourofsky
1N: las marchas en Argentina
Este domingo, con motivo del Día Mundial del Veganismo habrá actividades y marchas en las principales ciudades del país para reclamar por los derechos de los animales.
En Buenos Aires, grupos, ONG y activistas independientes concentrarán en Plaza de Mayo a las 17:00 para marchar al Obelisco.
En Mar del Plata, el punto de encuentro será Plaza España, desde las 15:00. Realizarán una jornada de difusión pública, debates abiertos y creación de material visual informativo sobre los derechos de los animales.
En Córdoba, el encuentro será en Espacio Zamora, Cosquín, desde las 16:30 hasta las 20:00. Será la quinta edición del Ciclo de Conversatorios, que incluye charlas de reflexión ética, entrega de folletería y stands informativos.
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