
Tras mapear cerca de 300.000 kilómetros de vías del Imperio romano, un equipo de investigadores determinó que Roma no era la ciudad mejor conectada de su propia red terrestre. Antioquía, Ancira —la actual Ankara— y Bizancio, en lo que hoy es Turquía, junto con Corinto, en Grecia, tenían mayor accesibilidad por tierra que la capital imperial, según el trabajo publicado en la revista Nature Communications.
El equipo construyó un atlas digital llamado Itiner-e con esa base cartográfica y calculó el nivel de conexión de cada ciudad a la infraestructura viaria. El resultado contradice el célebre dicho “todos los caminos llevan a Roma”: la capital del Imperio ocupaba un lugar periférico dentro del propio sistema que la sostenía.
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La ruta más importante del Imperio no pasaba por Roma

El hallazgo central de la investigación es que la vía intermediaria de mayor relevancia en la malla terrestre no atravesaba la capital. Según Tom Brughmans, profesor de arqueología clásica en la Universidad de Aarhus, en Dinamarca, ese trayecto “sigue la costa norteafricana y levantina pasando por Antioquía y cerca de Ankara, cruza a Europa por Constantinopla y avanza por el Valle del Po y Milán hasta Francia”, según declaró a la revista Live Science.
Las urbes mejor comunicadas lo eran por razones geográficas y estratégicas concretas. Corinto enlazaba la península del Peloponeso con el resto de Grecia, mientras que Ancira funcionaba como nudo de tránsito central en Anatolia. Cada una concentraba flujos de circulación que la geografía hacía inevitables, sin que eso respondiera a una decisión política deliberada desde Roma.
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En su momento de mayor expansión, en el año 117 d.C., el Imperio abarcaba casi 5,5 millones de kilómetros cuadrados alrededor del mar Mediterráneo, con territorios en Europa, Oriente Próximo y el norte de África. Gestionar esa extensión exigía una infraestructura de comunicaciones que, según el nuevo análisis, se organizaba de forma más descentralizada de lo que suele suponerse.
La península itálica era un apéndice de la red viaria romana

La ubicación de Roma dentro del Imperio explica su posición secundaria en el entramado caminero. Brughmans advirtió que “la Península Itálica es un apéndice de la red viaria del Imperio, y Roma está a mitad de ese apéndice”.
Al estudiar los desplazamientos dentro de la propia península, el equipo encontró que “el camino más central sigue la costa adriática opuesta, bordeando Roma por completo”, un resultado que los propios investigadores calificaron de sorprendente.
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El trabajo también examinó las características físicas de las vías. Los romanos trazaban rutas rectas cuando el terreno lo permitía, aunque sin alcanzar la rectitud de las carreteras actuales. Los autores precisaron que la ingeniería moderna “evita curvas pronunciadas y busca construir caminos lo más rectos posible, modificando fuertemente el terreno para facilitar el tránsito más veloz de vehículos”, algo que los métodos de construcción de la Antigüedad no posibilitaban.
Roma dominaba las rutas marítimas, no las terrestres

El análisis se centró en los caminos terrestres, y los propios autores advirtieron que ese enfoque no refleja el panorama completo del transporte romano. Brughmans precisó que “la posición central de Roma no se debe a sus vías, sino a su ubicación física en el centro del Mediterráneo, en el cruce de las principales rutas marítimas”, donde la capital sí concentraba un papel de primer orden.
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El equipo considera que Roma tuvo una influencia considerable en el transporte acuático, dimensión que el estudio aún no cuantificó. La ciudad se ubica en la desembocadura del río Tíber, lo que facilitaba el acceso directo al puerto de Ostia y, desde allí, a las grandes rutas del Mediterráneo. Esa ventaja fluvial y marítima compensaba, en parte, su posición periférica dentro del sistema caminero.
Los investigadores concluyeron que futuros trabajos deben integrar los datos de rutas marítimas y fluviales con los ya obtenidos sobre las vías terrestres. Solo al combinar ambas dimensiones será posible reconstruir con mayor precisión cómo funcionaba la movilidad en el Imperio romano en su conjunto.
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