
Kathrine Switzer es una figura central en la historia del atletismo y la igualdad de género en el deporte. Nacida en Amberg, Alemania, en 1947, la maratonista se convirtió en la primera mujer en inscribirse y completar oficialmente la Maratón de Boston en 1967, una competencia en la que solo se permitía la participación de hombres.
En esa época, la creencia generalizada sostenía que el sexo femenino era demasiado fragil para recorrer largas distancias y, por reglamento y costumbre, estaban excluidas de pruebas como la maratón.
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Su determinación la llevó a entrenar durante meses junto al equipo masculino de cross-country de la Universidad de Syracuse, donde conoció al entrenador Arnie Briggs, quien inicialmente dudaba de que una mujer pudiera terminar la carrera. Tras demostrarle que podía cubrir la distancia incluso en los entrenamientos, la deportista decidió formalizar su participación.
Al revisar el formulario de inscripción, notó que no se especificaba el género de los participantes. Aprovechó esa omisión para inscribirse como “K.V. Switzer”, utilizando solo sus iniciales, una forma habitual en su firma, pero que en ese contexto le permitió pasar desapercibida ante los organizadores.
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El día de la carrera, llevaba el dorsal 261 y se mezcló entre los corredores, vestida con ropa deportiva que no llamaba la atención. La estrategia funcionó y logró formar parte de la línea de salida, dando así un paso clave en la historia del deporte femenino, en una prueba hasta entonces reservada exclusivamente para hombres.
Corrió la maratón de Boston, a pesar de estar excluida

La mañana del 19 de abril de 1967, Kathrine Switzer se preparó para correr la Maratón de Boston sin saber que su presencia cambiaría el rumbo de la competencia para siempre. Se mezcló entre cientos de corredores, abrigada con un buzo y bien cubierta. Nadie se percató en el hecho de que era mujer: los oficiales controlaron su número y le dieron paso, mientras los demás participantes la recibían con gestos de sorpresa y ánimo.
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Switzer recuerda en sus memorias que al principio todo transcurrió en calma, entre chistes y los saludos de quienes celebraban ver a una mujer en la carrera. Pero ese clima se quebró poco después del sexto kilómetro.
Según recoge la BBC, un camión de prensa se acercó para obtener imágenes de la única mujer con dorsal oficial, y el codirector de la prueba, Jock Semple, fue alertado por los periodistas. La autoridad del evento bajó del colectivo y, en plena carrera, se abalanzó sobre Switzer, intentó sujetarla y arrancarle el número mientras le exigía a gritos que abandonara la competencia. La corredora quedó paralizada por el miedo, hasta que su novio Tom Miller intervino y lo empujó, detalló Sky Sports.
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Después del incidente, la atención de la prensa se centró en Switzer. Los fotógrafos no dejaron de seguirla, mientras los periodistas le preguntaban qué intentaba demostrar y cuándo pensaba abandonar. Según sus propias palabras en Marathon Woman, decidió seguir adelante, impulsada por la convicción de que debía terminar la carrera.
Con el apoyo de su entrenador y un colega, logró completar los 42 kilómetros en poco más de 4 horas y 20 minutos. Terminó exhausta y con los pies ensangrentados, pero cruzó la meta y su presencia quedó registrada para siempre.
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La carrera que cambió para siempre la Maratón de Boston

La participación en la Maratón de Boston de 1967 marcó un antes y un después tanto para la prueba como para el atletismo femenino. El impacto fue inmediato: la polémica por el intento de expulsión, sumada a la difusión de las imágenes alrededor del mundo, encendió el debate sobre la exclusión de las mujeres en las grandes competencias de fondo.
Durante los años siguientes, la organización endureció los controles e incluyó en los formularios la restricción explícita para varones, lo que obligó a otras corredoras a participar sin dorsal o de manera clandestina, explicó Amnistía Internacional.
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Sin embargo, el cambio ya estaba en marcha. Inspiradas por la determinación de Switzer, cada vez más mujeres comenzaron a entrenar y a desafiar las normas en distintas maratones. En 1972, Boston permitió oficialmente la inscripción de mujeres y, desde entonces, su presencia creció en todos los grandes eventos del calendario internacional.
El dorsal 261 se convirtió en un símbolo de empoderamiento y equidad; hoy es referencia en carreras, murales y hasta tatuajes.

En cuanto a la deportista alemana, aquel episodio no la frenó y sirvió como combustible para seguir. Siguió corriendo maratones y mejorando sus marcas: ganó la Maratón de Nueva York en 1974 y en 1975 logró su mejor tiempo en Boston, con 2 horas y 51 minutos. “Gracias a un entrenamiento muy duro, logré desarrollar resistencia y mantener la velocidad que tenía en distancias más largas. Esto lo puede lograr la mayoría de las personas dispuestas a esforzarse. ¡El entrenamiento funciona!”, escribió para animar a nuevas generaciones en el blog Marathon Woman.
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Además de su carrera deportiva, se dedicó a fomentar la participación femenina en el deporte. Fue organizadora de circuitos internacionales, promovió la inclusión del maratón femenino en los Juegos Olímpicos de 1984 y fundó la organización 261 Fearless para impulsar la igualdad en el atletismo.
En 2017, 50 años después de su primera maratón en Boston, volvió a correr esa misma prueba con su característico número. Sobre su lucha, Switzer reiteró: “Tengo que terminar esta carrera, así sea sobre mis manos y mis pies, porque si no la termino nadie creerá que las mujeres pueden hacer esto, que las mujeres deben estar aquí”.
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