
Thomas Mair fue condenado a prisión perpetua sin posibilidad de libertad condicional en noviembre de 2016 por el asesinato de la diputada laboralista Jo Cox, a quien apuñaló quince veces y le disparó en tres ocasiones frente a una biblioteca en Birstall, West Yorkshire. El juez del Tribunal del Crimen determinó que el crimen fue un acto de terrorismo motivado por el supremacismo blanco. Cox tenía 41 años, dos hijos pequeños y apenas trece meses de carrera parlamentaria cuando murió, hace una década.
El crimen sacudió al Reino Unido el 16 de junio de 2016, exactamente una semana antes del referéndum sobre la permanencia en la Unión Europea. Cox era una de las voces más activas del campo del “Remain”.
PUBLICIDAD
Helen Joanne Cox nació y creció en Heckmondwike, West Yorkshire, en el seno de una familia obrera del norte de Inglaterra. Sus padres se llamaban Gordon y Jean; su hermana menor, Kim, era su mejor amiga. De chica fue tímida, pero se destacó en la Heckmondwike Grammar School, donde fue delegada estudiantil y nadadora de nivel.
Fue la primera de su familia en llegar a la universidad. Consiguió un lugar en Pembroke College, en Cambridge, para estudiar Arqueología y Antropología, aunque luego se pasó a Ciencias Sociales y Políticas. Los primeros meses fueron difíciles: venía de un entorno obrero del norte y le costó adaptarse a la vida universitaria. Los superó, se graduó en 1995 y ese mismo año viajó tres meses a las selvas de Borneo como integrante de la Operación Raleigh, un programa internacional de conservación ambiental.
PUBLICIDAD

De regreso, comenzó su carrera política como asesora parlamentaria de la diputada laboralista Joan Walley. Después se mudó a Bruselas para trabajar junto a Glenys Kinnock, eurodiputada del Partido Laborista. Allí impulsó un código de conducta europeo para la venta de armas —adoptado en 1998— y participó en una delegación comercial a Sudáfrica en 2001. Más tarde presidió la Red de Mujeres Laboristas.
En 2001 Cox se incorporó a Oxfam, una organización humanitaria internacional, como directora de la oficina europea en Bruselas. Fue una de las impulsoras de la campaña “Make Trade Fair”, orientada a eliminar los aranceles que impedían a los países en desarrollo comerciar con la Unión Europea. Junto a Amnesty International presionó por un tratado internacional de comercio de armas que finalmente se adoptó en 2014.
PUBLICIDAD
Volvió a Inglaterra en 2005 para dirigir el área de Políticas e Incidencia de Oxfam, con un papel activo en la campaña Make Poverty History. Ese año, en la Cumbre Mundial, defendió la doctrina de “responsabilidad de proteger”, que obliga a la comunidad internacional a intervenir cuando los gobiernos no protegen a sus propios ciudadanos de crímenes de lesa humanidad.

En 2007 fue designada directora de Campañas Humanitarias de Oxfam, con sede en Nueva York. Desde ese cargo coordinó la publicación del informe For a Safer Tomorrow (2008), centrado en la protección de civiles en zonas de conflicto. Su preocupación por Darfur y la República Democrática del Congo influyó en esa designación. También trabajó para Save the Children y dirigió junto a Sarah Brown la campaña contra la mortalidad materna de la White Ribbon Alliance.
PUBLICIDAD
Se casó con Brendan Cox en 2009. Tuvieron dos hijos: Cuillin y Lejla. Según quienes la conocieron, Cox nunca fue más feliz que cuando estaba con sus hijos. Llegó a votar en la Cámara de los Comunes en ropa de ciclismo para poder volver a casa a tiempo para acostarlos.
A comienzos de 2015, Cox se enteró de que el diputado en ejercicio por el distrito de Batley and Spen se retiraba. Pese a tener dos hijos pequeños, decidió presentarse. Fue seleccionada de una lista exclusivamente femenina como candidata laborista y ganó las elecciones generales de ese año con el 43,2% de los votos, con lo que amplió la mayoría laborista en ese distrito de 4.406 a 6.051 sufragios.
PUBLICIDAD

Cox se describió a sí misma como “orgullosa y honrada” de ser la diputada laborista por el lugar donde había nacido. El líder del Partido Laborista, Jeremy Corbyn, la describió como “una colega muy querida, un talento real y una militante dedicada a la justicia y la paz”.
En sus trece meses como diputada creó el Grupo Parlamentario Interpartidario Amigos de Siria para informar a los legisladores acerca de la crisis en ese país y las opciones de política exterior disponibles. Trabajó junto al diputado conservador Tom Tugendhat en el informe The Cost of Doing Nothing, sobre la protección de civiles en conflictos armados. Sus últimas preguntas en el Parlamento giraron en torno a la situación de los niños en zonas de guerra. Días antes de ser asesinada escribió sobre el papel positivo que los inmigrantes desempeñaban en el Reino Unido.
PUBLICIDAD
El jueves 16 de junio de 2016, Cox llegó a la biblioteca de Birstall a las 12:50 junto a su asistente Fazila Aswat y la trabajadora social Sandra Major. Esa mañana había visitado una escuela local y un hogar de ancianos antes de dirigirse a la biblioteca. Tenía previsto atender a vecinos de su distrito en una de las reuniones de consulta que los diputados británicos mantienen con sus electores de forma regular.
Dos minutos después de su llegada, Mair se le acercó por la espalda. La apuñaló y le disparó en una secuencia que el fiscal describió ante el jurado como un hecho “dinámico, veloz y conmocionante”. La transeúnte Shelly Morris declaró haber escuchado “un fuerte estruendo como un estallido” y “un grito agudo”, y vio a un hombre blandir un cuchillo de cocina de hoja dentada con movimientos de apuñalamiento.
PUBLICIDAD

Cox recibió quince puñaladas —incluidas heridas en el corazón y los pulmones— y tres disparos: uno en el pecho y dos en la cabeza. Tenía heridas defensivas en las manos, señal de que intentó protegerse. Fue trasladada en helicóptero al hospital, donde murió ese mismo día.
Bernard Kenny, de 77 años, intentó interponerse durante el ataque y recibió una puñalada en el abdomen. Sobrevivió y fue condecorado con la Medalla Jorge por su valentía.
PUBLICIDAD
Mair fue arrestado a menos de un kilómetro del lugar. Llevaba consigo una bolsa negra con un cuchillo y un arma de fuego. Al ser detenido, les dijo a los oficiales: "Soy un activista político“. Testigos presentes en el lugar declararon haber escuchado al atacante gritar “Britain First” y “keep Britain independent” mientras perpetraba el ataque. Aswat, la asistente de Cox, afirmó haber oído a Mair gritar: “Esto es por Gran Bretaña. Gran Bretaña siempre será lo primero”.
Mair tenía 53 años al momento del crimen. Era jardinero desempleado, soltero, sin hijos, y había vivido casi toda su vida en Birstall. Sus vecinos lo describían como callado y solitario; algunos contaban que se ofrecía voluntariamente a podar sus árboles. Sus familiares declararon que tenía antecedentes de enfermedad mental y que nunca había expresado frente a ellos ideas violentas ni racistas.

La BBC informó que su historial de actividad racista se extendía por más de 30 años. Había comprado publicaciones neonazis y material de supremacismo blanco, publicó cartas en una revista racista sudafricana y adquirió manuales para fabricar explosivos a la National Alliance, una organización neonazi de Estados Unidos. La policía encontró en su domicilio literatura extremista y memorabilia nazi.
Según el diario The Guardian, Mair habría tomado como inspiración al terrorista de derecha David Copeland, responsable de una serie de atentados con bombas en Londres en 1999. No tenía vínculos comprobados con organizaciones extremistas activas en el Reino Unido.
En su primera comparecencia ante la justicia, dos días después del crimen, Mair se negó a dar su nombre. En su lugar dijo: “Muerte a los traidores, libertad para Gran Bretaña”.
El juicio se realizó en el Old Bailey, el tribunal penal central de Londres, y duró siete días. El fiscal Richard Whittam construyó el caso de la acusación a partir de registros informáticos, análisis forenses y testimonios de testigos.
La sangre de Cox fue hallada en el cañón del arma —una pistola de cerrojo alemana marca Weihrauch, calibre .22— y en el mango del cuchillo encontrado en la mochila de Mair. El análisis de ADN de ese cuchillo arrojó, según Whittam, “un perfil mayoritario coincidente con el de Jo Cox y un perfil minoritario del acusado”.

Las búsquedas informáticas de Mair en las semanas previas al crimen fueron presentadas como prueba de premeditación. En mayo de 2016 había accedido desde la misma biblioteca donde Cox iba a atender a sus electores a la página de Wikipedia de Occidental Observer, una publicación de orientación nacionalista blanca y antisemita. En los días anteriores al ataque consultó páginas sobre Cox y el exministro de Relaciones Exteriores William Hague, revisó material sobre el nazismo, la pena de muerte en Japón, presos políticos y anatomía humana. La víspera del crimen investigó sobre políticos de derecha, el Ku Klux Klan y activistas de derechos civiles asesinados por esa organización racista.
El jurado también vio imágenes de cámaras de seguridad que mostraban a Mair caminando desde su casa hacia el lugar del ataque esa mañana.
Whittam sostuvo ante el tribunal: “Thomas Mair tenía claramente opiniones que le proporcionaron un motivo —completamente equivocado, por supuesto—. La acusación sostiene que la mató porque era una diputada que no compartía sus puntos de vista”.
Tras siete días de deliberaciones, el jurado declaró a Mair culpable de asesinato con premeditación, posesión de un arma de fuego con intención de cometer un delito, posesión de una daga y lesiones graves con intención contra Bernard Kenny. El acusado había negado todos los cargos durante el juicio.

El juez determinó que el crimen fue un acto de terrorismo motivado por “el supremacismo blanco y el nacionalismo excluyente, asociado al nazismo en sus formas modernas”. Mair fue condenado a prisión perpetua sin posibilidad de libertad condicional, la pena máxima del sistema judicial británico, lo que significa que pasará el resto de su vida en prisión.
Al conocerse el veredicto, el viudo Brendan Cox declaró: “No me interesa cómo se siente ni cómo piensa. Dijo en su momento que hizo lo que hizo por Gran Bretaña, y creo que Gran Bretaña debería avergonzarse de él”.
Nick Lowles, director ejecutivo de la organización antirracista Hope Not Hate, sostuvo que Mair “actuó solo, pero fue inspirado por más de 30 años de lectura de propaganda nazi” y que, al atacar a una diputada, “seguía una lista creciente de terroristas nazis británicos que creen estar en guerra con el sistema”.
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
Últimas Noticias
La ejecución del matrimonio Rosenberg y la acusación nunca probada de haber pasado información a Moscú sobre la bomba atómica
El 19 de junio de 1953, Julius y Ethel Rosenberg fueron electrocutados en la prisión de Sing Sing pese al clamor internacional para que se les suspendiera la pena capital. Una acusación sin pruebas, una condena extrema y la verdad que demoró décadas en salir a la luz

La sonrisa que Chaplin tardó 342 tomas en capturar y cambió para siempre el lenguaje del séptimo arte
95 años después de su estreno en Hollywood, el desenlace de “Luces de la ciudad” sigue inspirando a cineastas de todo el mundo, desde Woody Allen hasta Pixar, como modelo de emoción contenida sin una sola palabra

Por qué la historia más curiosa de los vikingos involucra un disfraz, un banquete y una venganza fulminante
El mito del Mjölnir robado por el gigante Thrymr revela que la civilización nórdica era capaz de reírse de sus propios dioses sin perder ni un gramo de reverencia hacia ellos

Ni carne ni pescado: cuál era la verdadera dieta de los griegos en la antigüedad
National Geographic reconstruyó la alimentación cotidiana en la antigua Grecia y confirmó que la imagen de una mesa generosa estaba reservada a muy pocos y a ocasiones muy específicas

Ayetoro, la ciudad nigeriana que perdió más de la mitad de su territorio ante el Atlántico
La erosión costera consumió más de 700 viviendas, escuelas e iglesias en menos de dos décadas, destruyó la economía pesquera local, comprometió los servicios sanitarios y dejó a la comunidad sin respuesta del Estado

