
James Byrd Jr. fue arrastrado vivo durante casi tres kilómetros por una ruta de tierra en el este de Texas en la madrugada del 7 de junio de 1998. Su cuerpo apareció despedazado en 75 puntos distintos a lo largo del camino. Tenía 49 años y lo mataron por ser negro.
La escena que encontró el sheriff del condado de Jasper, Billy Rowles, esa mañana de domingo no tenía precedentes en la historia reciente de Texas, Estados Unidos. Rowles conducía hacia Dallas para un torneo de golf cuando escuchó por radio que habían hallado un cuerpo en Huff Creek Road. Dio media vuelta. Al llegar, vio marcas en el suelo que confundió con huellas de neumáticos. No lo eran: era el rastro que había dejado el cuerpo de Byrd al ser arrastrado.
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Nacido el 2 de mayo de 1949 en Beaumont, Texas, Byrd era el mayor de ocho hermanos. Creció en Jasper, un pueblo del este de Texas con historial de conflictos raciales. Su familia era parte central de la iglesia Greater New Bethel Baptist: su padre, James Byrd Sr., era diácono y su madre, Stella, daba clases de escuela dominical.
Byrd se destacó en la escuela pero no fue a la universidad. Poco después de terminar el secundario se casó y tuvo tres hijos. En la adultez, una caída lo dejó con una discapacidad y vivía solo en Jasper, separado de su mujer. Se ganaba la vida como vendedor y seguía tocando música, el piano y la trompeta, y lo convocaban para cumpleaños, funerales y otros eventos del pueblo.
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Sus vecinos y amigos lo recuerdan como un hombre jovial e inofensivo. “Era un payaso bueno”, dijo Keith Adams, uno de sus vecinos, al Texas Tribune, medio local de Texas. “Siempre cantando, siempre haciendo imitaciones”. Su hermana menor, Louvon Byrd Harris, de 65 años, lo describió como el comediante y protector de la familia. “No podés imaginar quién en el mundo podría enojarse tanto con James como para matarlo”, dijo.
La madrugada del 7 de junio de 1998, Byrd salió de la casa de sus padres y caminaba solo por Huff Creek Road cuando tres hombres blancos le ofrecieron llevarlo en su camioneta. Byrd conocía a uno de ellos, Shawn Allen Berry, de verlo por el pueblo. Aceptó el viaje.
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En lugar de llevarlo a su casa, Berry condujo hasta un camino rural aislado en las afueras de Jasper. Allí, los tres hombres golpearon a Byrd y orinaron sobre él. Luego le ataron los tobillos a la parte trasera de la camioneta con cadenas de madera y lo arrastraron por casi tres kilómetros.
Byrd estuvo vivo al menos durante los primeros kilómetros del recorrido. Su cuerpo se fue despedazando a lo largo del trayecto. Los restos aparecieron dispersos en 75 puntos distintos del camino: el torso fue hallado a aproximadamente un kilómetro y medio de su cabeza. Los tres hombres dejaron lo que quedaba pegado a la camioneta en un cementerio de la comunidad negra antes de irse a comer.
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La policía pudo identificar a la víctima por sus huellas dactilares. Rowles describió después que al llegar a la escena encontró también un manojo de de pruebas: llaves, latas de cerveza vacías y un encendedor con un símbolo invertido que su oficina identificó como el emblema del Ku Klux Klan.
Un testigo que había visto a Byrd subirse a una camioneta esa noche orientó la investigación. La descripción del vehículo coincidía con el de Berry, quien convivía con John William King y Lawrence Russell Brewer, dos supremacistas blancos conocidos por las autoridades locales. Los tres fueron detenidos ese mismo domingo por la noche.
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King era oriundo de Jasper y tenía tatuajes que expresaban abiertamente su odio racial, entre ellos uno de un hombre negro ahorcado con una soga al cuello. Los residentes del pueblo sabían que era integrante del KKK. Brewer pertenecía a una banda supremacista blanca. Durante el juicio, los fiscales presentaron una carta que King intentó enviarle a Brewer desde la cárcel en la que glorificaba el crimen.

“Hagamos historia y muramos recordados con orgullo si es necesario… Con mucho amor ario, respeto y honor, mi hermano en armas”, escribió King en esa carta, según informaron medios estadounidenses.
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Los documentos judiciales revelaron además que King había hablado de desatar una guerra racial y de iniciar a los miembros de su banda supremacista obligándolos a secuestrar y asesinar personas negras. El jurado lo condenó tras deliberar poco más de dos horas.
Los tres juicios se realizaron por separado. King y Brewer fueron condenados a muerte. Berry recibió cadena perpetua: los fiscales consideraron que, a diferencia de los otros dos, no compartía las convicciones supremacistas de sus cómplices. Podrá intentar salir en libertad condicional en 2038.
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Las condenas marcaron un hito judicial: fue la primera vez en la historia de Texas que alguien recibió una pena por haber participado en el linchamiento de una persona negra en ese estado.
Tras su condena, King fue llevado al corredor de la muerte en 1999. Rowles contó que en ese momento King le ofreció revelar todos los detalles del crimen en cuanto sus cómplices fueran condenados. Cuando el sheriff volvió a buscarlo, King solo dijo: “Yo no estuve ahí”. “Nos manejó como a unos tontos, haciéndonos ir hasta allá pensando que íbamos a escuchar el resto de la historia”, declaró Rowles al diario británico The Guardian.
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Cientos de personas se congregaron dentro y fuera de la funeraria el día del entierro de Byrd. Entre los presentes estaban Kweisi Mfume, presidente de la Asociación Nacional para el Avance de las Personas de Color (NAACP); el basquetbolista Dennis Rodman, que cubrió los gastos del funeral y realizó una donación a la familia; y el promotor de boxeo Don King, que entregó 100.000 dólares a la familia para solventar gastos.
Ocho meses después del asesinato, la familia de Byrd creó la Fundación Byrd para la Curación Racial, una organización que instaló una línea de atención telefónica a la que llamaban personas de todo Texas para denunciar casos de discriminación o maltrato dentro del sistema judicial. La fundación también ofreció asesoramiento y ayudó a las víctimas a visibilizar sus casos.

En 2001, el entonces gobernador de Texas Rick Perry promulgó la “Ley de Crímenes de Odio James Byrd Jr.”, que aumentó las penas para delitos motivados por la raza, el color, la discapacidad, la religión, el origen nacional, la edad, el género o la preferencia sexual de la víctima. La madre de Byrd, Stella, impulsó su aprobación.
El entonces gobernador de Texas George W. Bush —luego presidente de Estados Unidos— había rechazado respaldar la medida durante su mandato, con el argumento de que “todos los crímenes son crímenes de odio”, una postura que frustró profundamente a la familia de Byrd.
En 2009, el Congreso de Estados Unidos aprobó la “Ley de Prevención de Crímenes de Odio Matthew Shepard y James Byrd Jr.”, que el presidente Barack Obama promulgó. La norma amplió el alcance de la ley de crímenes de odio de 1969 e incorporó como categorías protegidas el género, la identidad de género, la discapacidad y la orientación sexual. Shepard era un joven de 21 años de Wyoming que en 1998 fue secuestrado por dos hombres, atado a una cerca, golpeado brutalmente y abandonado hasta morir por ser gay.
Lawrence Russell Brewer fue ejecutado en 2011 por el crimen de Byrd. Una semana antes de su muerte, Rowles lo visitó en el corredor de la muerte. Brewer confirmó entonces que “toda la idea había sido de Bill King”.
King fue el segundo en ser ejecutado. El 24 de abril de 2019, la Junta de Indultos y Libertad Condicional de Texas votó por unanimidad rechazar su pedido de conmutación o de una prórroga de 120 días. La Corte Suprema de Estados Unidos también desestimó su apelación de último momento. Esa noche, a las 19:08, King fue declarado muerto en la Penitenciaría Estatal de Texas en Huntsville, doce minutos después de que comenzara a administrársele el fármaco pentobarbital. Tenía 44 años. Mantuvo los ojos cerrados durante toda la ejecución y nunca giró la cabeza hacia los familiares de su víctima. Cuando el alcaide Bill Lewis le preguntó si quería hacer una declaración final, respondió: “No”.

Mientras los testigos de la ejecución salían de la prisión, unas veinte personas reunidas en la calle comenzaron a aplaudir.
King había sostenido durante años su inocencia. Sus abogados argumentaron ante la Corte Suprema que sus derechos constitucionales habían sido violados porque sus defensores en el juicio no presentaron su reclamo de inocencia. En una entrevista con la agencia de noticias estadounidense AP, en 2001, King había admitido ser un “racista declarado” pero negó ser “un asesino movido por el odio”.
Louvon Byrd Harris, la hermana de la víctima, dijo que la ejecución de King envió “un mensaje al mundo de que cuando hacés algo horrible así, tenés que pagar la pena más alta”. Y agregó que, comparado con “todo el sufrimiento” que padeció su hermano, King y Brewer tuvieron “una salida fácil”.

La tumba de Byrd en el cementerio municipal de Jasper fue profanada en dos ocasiones. La familia debió instalar una reja de hierro alrededor del sepulcro para protegerlo. “Ahí supimos que todavía teníamos muchísimo trabajo por hacer”, dijo Harris al Texas Tribune.
Al año siguiente del crimen, la ciudad de Jasper inauguró el Parque Memorial James Byrd Jr., un espacio donde, según los residentes, niños blancos y negros suelen verse jugando al básquet juntos.
La fundación familiar colocó además un banco conmemorativo frente al Tribunal del Condado de Jasper para el 20° aniversario del crimen, con la inscripción: “Sé el cambio que querés ver en el mundo”.
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