Un chal ensangrentado, un detective aficionado y una prueba de ADN que le puso cara a Jack el Destripador más de un siglo después

En 2014, el inglés Russell Edwards presentó un libro con pruebas supuestamente concluyentes de que el barbero judío-polaco Aaron Kosminski era el asesino en serie que aterrorizó a Londres en 1888. Se basó en pruebas de ADN realizadas con la sangre de una prenda que, aseguraba, perteneció a una de sus víctimas. Kosminski fue considerado sospechoso cuando ocurrieron los crímenes, pero luego fue descartado y murió internado en un asilo psiquiátrico el 24 de mayo de 1919

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Jack el Destripador
El enigma aun desvela tanto a criminólogos profesionales e historiadores como a simples aficionados

La identidad de Jack el Destripador sigue siendo, casi 140 años después del último de sus crímenes comprobados, uno de los enigmas policiales más oscuros de todos los tiempos. Tanto que aún hoy desvela a criminólogos profesionales, historiadores y simples aficionados, e incluso dio lugar a la creación de un área de investigación específica, la “ripperología”, desarrollada a medio camino entre la ciencia y la mera especulación. Tampoco se sabe con exactitud la cantidad de sus víctimas. Los registros policiales de la época contabilizan once femicidios – un término que aún no estaba acuñado - perpetrados en Whitechapel entre abril de 1888 y febrero de 1891, pero los investigadores coinciden que, por sus características, solamente cinco se le pueden adjudicar con certeza al mismo asesino en serie, todos ocurridos en el lapso de 70 días que va desde el 31 de agosto el 9 de noviembre de 1888. A esas mujeres se las conoce como “las cinco canónicas”.

En medio de tanta incertidumbre, cuando en 2014 Russell Edwards publicó su libro Naming Jack the Ripper (Nombrando a Jack el Destripador) la noticia causó sensación entre los aficionados a los misterios del mundo del crimen. En la presentación Russell, que se definió a sí mismo como “un detective aficionado”, aseguró que había logrado resolver el enigma luego de realizar una investigación exhaustiva con tecnología forense de punta sobre un chal ensangrentado para descubrir “definitiva, categórica y absolutamente” la identidad del asesino que aterrorizó a la Londres victoriana. Dio también un nombre: Aaron Kosminski, un inmigrante polaco, de profesión barbero, muerto en un asilo de locos el 24 de mayo de 1919.

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Jack, el Destripador
La posible imagen de la cara de Jack el Destripador de acuerdo a una investigación (Crédito: Russell Edwards)

Esa supuesta revelación dio lugar de inmediato a un negocio: “La gira de Jack el Destripador de Russell Edwards”, un recorrido turístico de alrededor de dos horas por el East End de la capital británica a través de Whitechapel Road, Gunthorpe Street y Wentworth Street que finaliza en Mitre Square. Las paradas obligadas son, por supuesto, los lugares donde ocurrieron los cinco crímenes que se le adjudican con seguridad al asesino de prostitutas que desconcertó a los más eximios detectives de Scotland Yard.

El inicio de una leyenda

Todo comenzó la madrugada del viernes 31 de agosto de 1888, en Buck’s Row, una calle oscura del miserable barrio de Whitechapel, en el empobrecido East End de Londres, cuando un chofer de nombre Charles Cross descubrió el cuerpo de una mujer desparramado junto a un portal. La policía no tardó en identificarla: se trataba de Mary Ann Nichols, una prostituta de 43 años, y estaba claro que la habían asesinado, porque tenía un par de cortes en la garganta, el abdomen parcialmente rasgado con una profunda hendidura en zigzag y varias incisiones hechas con el mismo cuchillo. Por esa muerte – en una sangrienta paradoja – el nombre de la pobre y hasta entonces anónima Mary quedaría escrito para siempre como el de la primera víctima del asesino en serie más famoso de la historia.

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Lo que siguió fue una cadena de crímenes que aterrorizaron a la ciudad. En solo setenta días, otras cuatro mujeres aparecieron muertas de manera muy parecida. “Estos son los únicos hechos comprobados: todos los crímenes se cometieron tras el cierre de los bares; todas las víctimas eran de la misma clase –la más baja entre las bajas– y vivían no más lejos de un cuarto de milla unas de otras. Todas, además, fueron asesinadas del mismo modo”, explicaba el detective Reid, uno de los hombres de Scotland Yard encargados de investigar los casos y atrapar al autor de los asesinatos. El método del criminal se repetía con algunas variaciones: comenzaba por cortar de un lado a otro la garganta de la víctima para matarla y después le abría el abdomen. En algún caso se llevaba algún órgano como trofeo, en otros no.

Jack el Destripador
La cadena de asesinatos mantuvo a los londinenses aterrados

Las cinco canónicas

Mary Ann Nichols fue la primera de las cinco víctimas “canónicas” de Jack el Destripador. La segunda apareció poco más de una semana después del hallazgo de su cadáver. El sábado 8 de septiembre a las 6 de la mañana fue encontrada muerta Annie Chapman, otra prostituta, cerca de la entrada a un patio interior de la calle Hanbury. El cuadro con que se toparon los policías fue más truculento que el del primer crimen. El informe de la autopsia lo describió así: “El abdomen había sido completamente abierto: los intestinos (…) se habían sacado del cuerpo y colocado sobre el hombro del cadáver; (…) el útero, la parte superior de la vagina y dos tercios de la vejiga no estaban. No había rastro de estas partes, y las incisiones eran cuidadosas, evitando el recto (…). La manera en que se había utilizado el cuchillo parece indicar grandes conocimientos de anatomía”. No se encontraron rastros del autor del asesinato, pero un testigo aseguró haber visto a Annie media hora antes del hallazgo de su cadáver acompañada por un hombre de pelo oscuro y con apariencia de un “gentil venido a menos”. Fue la primera descripción que la policía londinense tuvo el asesino que ya comenzaba a desvelarla.

Luego de una pausa en sus andanzas, la madrugada del domingo 30 de septiembre Jack mató por partida doble. El cuerpo de la primera víctima, Elizabeth Stride, fue descubierto a la una de la mañana en Dutfield’s Yard, con la carótida cortada. Sin embargo, el cadáver no tenía los ya típicos cortes en el abdomen, lo cual hizo pensar que el asesino tuvo que escapar antes de completar su obra. La policía encontró a algunos testigos, pero sus informaciones eran contradictorias: todos dijeron haber visto a Elizabeth acompañada por un hombre, pero unos aseguraron que era rubio mientras que otros dijeron que tenía el cabello oscuro; hubo quienes lo describieron como bien vestido, pero para otros vestía andrajos.

Jack el Destripador
El asesino serial tenía como objetivo a prostitutas de clase muy baja, a las que mataba de la misma forma y mutilaba

Apenas una hora después del hallazgo del cuerpo de Stride, apareció el cadáver de Catherine Eddowes. Era evidente que, en este caso, el asesino había logrado completar su obra. La mujer tenía la garganta profundamente cortada, presentaba una incisión vertical, también profunda, en el abdomen, la habían eviscerado y colocado los intestinos por encima del hombro y, además, le faltaban el riñón izquierdo y casi todo el útero. En este último caso también hubo testigos, pero tampoco sirvieron de mucho: Joseph Lawende, un vecino, dijo que, mientras caminaba con dos amigos por esa calle, había visto a Catherine acompañada por un hombre rubio, pero cuando fueron interrogados los otros dos hombres dijeron que no habían visto a nadie. Una posible pista fue el delantal ensangrentado de Catherine, encontrado a cierta distancia de donde había sido hallado el cadáver, cerca de la entrada de un edificio en cuya pared se leía una pintada referida a “los judíos”. Charles Warren, comisionado de la policía, pidió que retiraran el grafiti antes del amanecer bajo la sospecha de que habría incitado protestas antisemitas. Ninguna de las dos cosas dio indicios que llevaran al asesino, aunque le costaron caras a un zapatero judío que vivía cerca del lugar, a quien Scotland Yard convirtió en el primer sospechoso.

Kate Eddowes, una de las víctimas de "Jack el Destripador" (Foto: Especial)
Kate Eddowes, una de las víctimas de "Jack el Destripador" (Foto: Especial)

La siguiente víctima apareció a las 10.45 de la mañana del viernes 9 de noviembre sobre la cama de una habitación alquilada en Miller’s Court. Se trataba de una prostituta ocasional llamada Mary Jane Kelly. Tenía un profundo corte que iba desde la garganta hasta la espina dorsal, el rostro hecho pedazos hasta quedar casi irreconocible y le habían extraído todos los órganos abdominales y el corazón. Fue el quinto y último asesinato que se le pudo adjudicar con seguridad a Jack el Destripador. Después de perpetrarlo, el asesino que aterrorizaba a Londres desapareció sin dejar un solo rastro que permitiera identificarlo.

Una carta y medio riñón

Cuando Mary Jane Kelly fue asesinada, los investigadores de Scotland Yard ya tenían en su poder por lo menos cuatro cartas supuestamente enviadas por el asesino, que firmaba con el nombre que le había dado la prensa, “Jack el Destripador”. La primera fue recibida por George Lusk, presidente de un comité de vigilancia callejera de Whitechapel formado por voluntarios, después del asesinato de Catherine Eddowes, y estaba acompañada por medio riñón, que la policía no pudo determinar si pertenecía a un ser humano. La carta, escrita según su autor “desde el infierno”, decía: “Le envío medio riñón que tomé de una mujer. Lo he conservado para usted. La otra mitad lo freí y me lo comí. Estaba muy bueno. Si espera un poco más, quizá le envíe el cuchillo ensangrentado con el que lo saqué”. Y agregaba, a manera de firma: “Atrápeme si puede”.

Jack El Destripador
Edición histórica del periódico británico The Illustrated Police News, específicamente la del 6 de octubre de 1888, que ilustra los asesinatos de Elizabeth Stride y Catherine Eddowes, conocidos como el "doble evento"

Después de esa, llegaron otras tres cartas firmadas por “Jack el Destripador”, en las cuales el remitente se adjudicaba los crímenes de Whitechapel, se burlaba de la policía y prometía cometer más asesinatos. Algunos registros de la época parecen indicar que hubo más cartas que las que se conocen, pero que desaparecieron misteriosamente de los archivos de Scotland Yard, quizás robadas para guardar como souvenir por algún policía.

La filtración de algunas de esas cartas – sobre todo de la primera – dio pasto para nuevos artículos sensacionalistas y puso más presión a los hombres de Scotland Yard, incapaces de mostrar ningún avance en la investigación que apuntara a la identificación o la captura del asesino. No son pocos los criminólogos que sostienen que algunas de esas cartas supuestamente firmadas por Jack fueron escritas por periodistas ávidos de echar más leña al fuego del caso para generar nuevos artículos, verdaderas fake news de fines del Siglo XIX.

Un forense llamado Bond

Los asesinatos de Jack El Destripador también dieron lugar a la elaboración del primer perfil criminal de la historia policial, a cargo del médico forense Thomas Bond. Luego de analizar minuciosamente toda la información existente sobre los asesinatos, el experto rechazó la idea de que el asesino contara con conocimientos científicos o anatómicos, o “el entendimiento técnico de un carnicero o matarife”, y sostuvo que debía tratarse de un hombre solitario, sujeto a “ataques periódicos de manía homicida o erótica” e hipersexual dado el tipo de mutilaciones. También señaló que “el impulso homicida podría haber surgido de alguna condición mental de venganza o melancolía, o una manía religiosa, aunque no creo que ninguna de estas hipótesis sea procedente”.

Por primera vez se elaboró un perfil criminal de la historia policial
Por primera vez se elaboró un perfil criminal de la historia policial

El doctor Bond también confirmó también la sospecha de que se trataba de un solo criminal y no de varios. “No cabe duda de que los cinco asesinatos fueron cometidos por la misma mano. En las primeras cuatro (víctimas), las gargantas parecen haber sido cortadas de izquierda a derecha y en la última, debido a la extensa mutilación, es imposible decir en qué dirección se hizo el corte fatal, aunque se encontró sangre arterial en la pared, salpicada cerca de donde la cabeza de la mujer debió haber estado. Las circunstancias en torno a los asesinatos me llevan a deducir que las mujeres estaban recostadas al momento de ser asesinadas, y en todos los casos (el asesino) cortó primero la garganta”, escribió en su informe.

Infografía vertical con fondo oscuro sobre Jack el Destripador, mostrando un detective con gabardina en una calle londinense y varias secciones de texto con íconos y líneas de tiempo en rojo y blanco.
Infografía vertical que detalla el caso de Jack el Destripador, desde las pruebas de ADN modernas y el sospechoso Aaron Kosminski hasta las víctimas de Whitechapel y las investigaciones históricas. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Mientras tanto, y pese a las críticas de la prensa, Scotland Yard llevó a cabo una minuciosa investigación para tratar de identificar al asesino. Dedicó un centenar de agentes al caso, que entrevistaron a testigos y vecinos, casa por casa, mientras que el material forense era analizado con los métodos más avanzados de la época. Se sabe se tomaron más de dos mil declaraciones, se investigó a unas trescientas personas como sospechosos y hubo ochenta detenidos, aunque ninguno de ellos resultó ser Jack.

Una carta atribuida a Jack El Destripador
Una carta atribuida a Jack El Destripador

Los principales sospechosos

Además de los sospechosos del primer momento, la lista de los posibles “Jack” siguió creciendo con el transcurso de los años y llegó a incluir a nobles, médicos, artistas, marginales e, incluso, al autor de Alicia en el País de las Maravillas, Lewis Carroll. Se cuenta que la Reina Victoria seguía día a día la evolución de la investigación y que también tenía sus propias teorías sobre el asesino. No obstante, la mayoría de las hipótesis apuntan a seis personas.

Uno de los primeros acusados fue el abogado Montague John Druitt, un joven de clase alta sobre el cual puso la mira uno de los investigadores de Scotland Yard, Melville Macnaghten, que sospechaba que podía ser el asesino porque era “sexualmente enfermo”, es decir, homosexual. Druitt se suicidó en diciembre de 1888 – un mes después del último crimen de Jack – lo cual reforzó las sospechas. Sin embargo, el inspector responsable del caso del Destripador, Frederick Abberline, aseguró después que no había pruebas en su contra.

Walter Sickert ¿Jack el Destripador?
"El asesinato de Camden Town" (1908), de Walter Sickert, una pintura sombría basada en el asesinato real de una prostituta en el distrito londinense de Camden Town en 1907

Walter Sickert, un pintor de 28 años, fue también investigado a fondo debido a que la policía consideró que tenía un “desmesurado interés” sobre el caso y había pintado un óleo titulado “El dormitorio de Jack el Destripador”. En su momento fue descartado por falta de pruebas, pero en 2014 se encontró una coincidencia de ADN mitocondrial en una carta enviada por la esposa de Sickert y otra firmada por el Destripador. Tampoco es una prueba concluyente, porque hasta el 10% de los ingleses comparte ADN del mismo tipo.

También existen indicios de que Scotland Yard llegó a sospechar de Alberto Víctor, duque de Clarence y nieto de la Reina Victoria, quien habría actuado en complicidad con el médico de cabecera de su majestad, William Gull. Ninguno de los dos fue interrogado, dadas las altas posiciones que ocupaban, pero esta hipótesis fue retomada en 1976 por el escritor británico Stephen Knight en su libro Jack the Ripper: The Final Solution, donde sostiene que los crímenes fueron en realidad una conspiración de la Casa Real para proteger al duque. Allí plantea que los asesinatos tenían como objetivo eliminar a las prostitutas que lo chantajeaban porque sabían que había tenido un hijo con una de sus colegas, y que el nieto de la reina, en complicidad con el médico, inventó a “Jack el Destripador” para encubrir su autoría.

Entre todos los sospechosos, quien peor la pasó fue John Pizer, un zapatero a quien en Whitechapel todos conocían como “Leather apron”, porque andaba siempre por la calle con el delantal de cuero típico de su oficio. Lo detuvieron dos días después del asesinato de Mary Ann Nichols – la segunda víctima – porque otra prostituta lo acusó de haberla amenazado con un cuchillo la misma noche del 8 de septiembre. Lo interrogaron con métodos poco humanitarios, pero el hombre se mantuvo firme y después debieron descartarlo porque tenía una coartada irreprochable.

Las “pruebas” contra Kosminski

El director del Departamento de Investigación Criminal de Scotland Yard en el momento de los crímenes sostenía que Jack era un barbero judío-polaco desequilibrado mentalmente que se llamaba Aaron Kominski. Como en los otros casos, el hombre fue interrogado y desechado como posible asesino. Poco después, el hombre tuvo un brote de esquizofrenia paranoide con alucinaciones y fue internado en un asilo mental en 1891, donde murió casi 30 años después, el 24 de mayo de 1919 olvidado por todo el mundo.

Nadie lo recordaba cuando en 2014 Russell Edwards publicó el libro que lo señalaba de manera “categórica” como el verdadero Jack el Destripador. La obsesión del “detective aficionado”, como se definió Russell a sí mismo, por Kominski había comenzado siete años antes, cuando compró el supuesto chal ensangrentado de Catherine Eddowes, una de las víctimas del asesino en serie.

Con la esperanza de resolver el misterio, le llevó la prenda al doctor Jari Louhelaienen, experto genetista y forense de la Universidad John Moores de Liverpool, quien sometió el chal a un innovador proceso de “aspiración” para extraer suficiente ADN de los restos de sangre. Louhelainen encontró compatibilidad con el ADN de una de las descendientes de Eddowes, pero también un dato más: había sangre de otra persona que, según sostiene Edwards en su libro, tenía un 100% de compatibilidad con la descendiente directa de la hermana de Aaron Kosminski.

Russell Edwards
En "Naming Jack The Ripper" Russell Edwards señala a Aaron Kosminski como el autor de los crímenes

El misterio pareció entonces resuelto, salvo por un detalle fundamental: es imposible saber si ese chal ensangrentado que compró Russell Edwards es el mismo que la policía encontró cerca del cadáver de Catherine Eddowes y que luego desapareció misteriosamente de Scotland Yard o si se trata de una falsificación. Así las cosas, el misterio que envuelve la identidad de Jack el Destripador sigue siendo uno de los mayores enigmas criminales de la historia.

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