
La historia de Jack Sheppard, el joven aprendiz de carpintero que cautivó a Londres por sus escapes de prisión y desafió el rígido sistema legal del siglo XVIII, permanece vigente.
Nacido en uno de los barrios más humildes de la ciudad, Sheppard se convirtió en el prototipo del héroe popular y en uno de los ladrones más célebres de su época, en una sociedad marcada por la desigualdad.
Aunque su vida terminó en la horca, su leyenda trascendió por la imaginación colectiva y el interés de escritores y dramaturgos. La revista especializada en divulgación científica National Geographic reconstruye este fenómeno a partir de testimonios, documentos y relatos literarios.
Orígenes de Jack Sheppard
Jack Sheppard nació en 1702 en Spitalfields, una zona obrera del este de Londres, en el seno de una familia dedicada a la carpintería. La muerte de su padre cuando él tenía apenas cuatro años dejó a su madre a cargo de tres hijos.

Desde niño, Sheppard mostró habilidad para los trabajos manuales y un don especial para manipular cerraduras, destrezas afinadas durante su aprendizaje como carpintero. Durante la adolescencia, anhelaba lujos y entretenimientos urbanos que no estaban a su alcance.
Frecuentaba tabernas, donde conoció a Elizabeth Lyon, apodada Edgeworth Bess. Compartieron vivienda y peripecias. Daniel Defoe difundió la versión popular en la que ella habría influido en su entrada al delito; no obstante, registros consultados por National Geographic indican que Sheppard ya cometía pequeños hurtos antes de conocerla.
Delitos y entorno social
El Londres de Jack Sheppard era el reflejo de una creciente desigualdad. En la Inglaterra del siglo XVIII, el auge comercial y colonial marginaba a miles de trabajadores. La riqueza crecía, pero la propiedad privada era inviolable y su protección, prioritaria.

Las leyes castigaban con rigor los delitos contra la propiedad, sin importar edad ni condición. Jueces aplicaban la pena de muerte por hurtos menores y los tribunales funcionaban como instrumentos de represión para los sectores más vulnerables.
Muchos jóvenes, como Sheppard, se acercaban al crimen por necesidad, no por vocación. Mientras figuras como Dick Turpin robaban en caminos rurales, bandas urbanas prosperaban bajo personajes como Jonathan Wild, quien protegía a ciertos delincuentes y traicionaba a quienes le desafiaban.
National Geographic destaca que Sheppard nunca recurrió a la violencia directa, lo que alimentó su aura de “héroe de la clase trabajadora”.

Sheppard evitó el uso de armas y jamás asaltó a personas. Empleó su destreza para entrar en casas de burgueses y sustraer objetos pequeños. Sus primeras víctimas fueron los propios clientes del taller donde trabajaba.
Sus botines consistían en telas, cubertería o monedas, y siempre eludió situaciones violentas. Formó círculo con James Sykes y la propia Lyon, quienes participaron de manera ocasional en sus fechorías.
Aunque sus delitos aumentaron en frecuencia, su nombre ya circulaba por los barrios bajos de Londres, donde algunos lo veían como un “Robin Hood” urbano.
Fugacidad y fugas

Las primeras detenciones de Sheppard resultaron de traiciones. National Geographic detalla que su hermano Thomas lo delató ante las autoridades para evitar la prisión, y su amigo James Sykes hizo lo propio por recompensa.
En 1724, Sheppard fue capturado cinco veces y se fugó en cuatro ocasiones, según el medio. Las dos primeras fugas se produjeron en prisiones menores. La tercera, en la temida Newgate, le valió notoriedad.
Aprovechando una visita de Lyon y otro cómplice, Sheppard escapó disfrazado de mujer, engañando a los guardias. La prensa difundió sus hazañas y avivó su fama.

Tras ser recapturado, fue encerrado en la celda más segura de Newgate, la llamada Castle. El 15 de octubre de 1724, logró liberarse de los grilletes, rompió parte del conducto de una chimenea y superó seis puertas bloqueadas para alcanzar la calle. Esta proeza fue destacada por National Geographic como “uno de los episodios más sensacionales de la historia del crimen”.
Regresó al delito y se dejó ver por Londres con ropajes lujosos. Al poco tiempo fue reconocido y arrestado nuevamente. Las autoridades, decididas a no fallar, lo encadenaron al suelo y lo vigilaban día y noche antes del traslado al cadalso.
Traiciones y caída
El final de Sheppard estuvo marcado por la deslealtad de quienes lo rodeaban. Ni su hermano ni sus amigos lo apoyaron ante la presión policial y judicial.

Temor al castigo y codicia por recompensas contribuyeron a su aislamiento. Cuando la justicia tomó control, se incrementó la vigilancia y la dureza de las condiciones.
Luego, Sheppard fue conducido ante la multitud, manteniendo el humor y el ingenio mientras avanzaba hacia la horca.
Ejecución y repercusión
El 16 de noviembre de 1724, cerca de 200.000 personas se congregaron en Tyburn para presenciar su ejecución, cifra sin precedentes en los 75 años previos.

Durante el trayecto, el joven fue celebrado como símbolo de rebeldía. Entre la multitud se vendían biografías impresas sobre su vida, atribuidas parcialmente a Daniel Defoe.
El entusiasmo popular reflejaba, como observa National Geographic, el rechazo a una ley considerada demasiado dura para los más pobres.
Tras su muerte, Sheppard fue recordado como un muchacho indomable, castigado más por oponerse al poder que por el alcance real de sus delitos. Su fama creció aún más en los días posteriores.
Legado cultural
La leyenda de Sheppard continuó tras su muerte. En 1728, el dramaturgo John Gay estrenó The Beggar’s Opera, una sátira que convirtió en protagonistas a ladrones y marginados. La obra fue un éxito y, dos siglos después, inspiró nuevas versiones teatrales.

En 1839, el novelista William Harrison Ainsworth publicó la novela Jack Sheppard: A Romance, serializada con gran seguimiento entre 1839 y 1840. La popularidad fue tal que se multiplicaron las adaptaciones teatrales, llegando las autoridades a prohibir su representación por temor a que celebrara el crimen.
A través de grandes figuras de la literatura y la prensa, National Geographic muestra cómo Sheppard pasó de ser un fugitivo a un mito nacional. Su figura influyó en la producción literaria y teatral, así como en la percepción social de la justicia.
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