
Fue un lobo, de los peores, que se echó por encima una piel de cordero que le sirvió para sobrevivir a la Segunda Guerra, a su pasado nazi, a su disfraz de demócrata francés enancado en la Quinta República de Charles De Gaulle; una piel de cordero que lo cobijó de su responsabilidad en la persecución y deportación de judíos a los campos de concentración de Adolf Hitler desde la Francia ocupada; que le permitió ejercer su particular fascinación por la muerte ajena con la que organizó y ejecutó en París, en 1961, cuando ya la guerra era lejana, una gran masacre de argelinos que fueron asesinados y arrojados al Sena, o que desaparecieron después de ser llevados a un estadio, o velódromo, o centro deportivo, en un remedo de las acciones de la Gestapo a la que él mismo había servido.
Ese fue, en parte, Maurice Papon: un criminal vestido de seda, con una enorme capacidad de negociar, de extorsionar, de amenazar con divulgar los secretos que conocía, y conocía muchos, a cambio de seguir adelante con una carrera política que sepultara su pasado de torturador y predador humano, que lo elevara a un rango ministerial, que le diera un prestigio inalcanzable que sin embargo llegó a rozar y a gozar; una vergüenza de Francia que fue defendido incluso por el inflexible general Charles De Gaulle, líder de la Francia Libre. Pobre libertad.
La vida de Papon
Papon murió hace diecinueve años, el 17 de febrero de 2007, en medio de una batalla legal y moral sobre su pasado por el que había sido juzgado y condenado como autor de crímenes de lesa humanidad, una condena que había cumplido sólo una parte; y también en medio de un debate menor sobre si, a su tumba, Papon podía llevar prendida en su pecho la Orden de la Legión de Honor de la República Francesa. Lo enterraron con ella, por supuesto. Entre sus medallas, albergaba una que le había dado la Argentina cuando visitó el país como ministro de Presupuesto del presidente Valery Giscard d’Estaing. El 23 de abril de 1979, el dictador Jorge Videla, faltaría más, le colgó a aquel lobo, ya cordero para siempre, la Orden de Mayo al Mérito, honor inmerecido que, en 2023, cuando Papon era polvo en su tumba, le fue retirada por el presidente Alberto Fernández. “La figura de este organizador de los traslados de la Shoah, es incompatible con los valores de la Orden de Mayo”, dijo entonces el presidente argentino.
Papon fue un hombre de su tiempo, no el mejor es verdad, pero un tipo sacudido por un siglo violento y arrasador que moldeó personalidades, estadistas y hasta países. Es verdad que el mismo siglo también pasó por encima de muchas otras gentes que honraron la vida. Papon no. Esa sombra, si no lo condena, lo retrata.
Había nacido el 3 de septiembre de 1910 en Gretz-Armainvillers, en el departamento de Seine et Marne. Hijo de padre político, estudió en el Lycée Louis-le-Grand de París donde fue compañero de estudios y travesuras ce, entre otros, René Brouilet, que sería ministro de Charles De Gaulle después de la Segunda Guerra Mundial, y de Georges Pompidou, que sería sucesor de De Gaulle en la presidencia de Francia en 1969. La educación de Papon estuvo siempre orientada a la función pública: estudió derecho, psicología y sociología en la universidad Sciences-Po, especializada en educar a futuros funcionarios políticos.
Llevó adelante una carrera meteórica: a los veinte años, en 1930, fue funcionario del ministro del Aire, Jean-Louis Dumesnil, ministro del Interior en 1935 y jefe de gabinete de Maurice Sabatier, subdirector de asuntos departamentales de Francia. En junio de 1936, durante el gobierno del Frente Popular a cargo de Albert Lebrun, se unió al gabinete socialista de François de Tessan y se afilió al grupo de izquierda “Liga de Acción Universitaria Republicana y Socialista” donde compartió tribuna con Pierre Mendes France.
Cuando estalló la Segunda Guerra, fue soldado del 2° Regimiento de Infantería Colonial y enviado a Trípoli, en Líbano francés. Fue allí donde su vida dio un vuelco: dirigió los servicios secretos franceses en Ras-el-Ain, al norte de la Siria francesa. Cuando Francia cayó en manos nazis, Papon fue desmovilizado y regresó a su país que estaba partido en dos: la Francia ocupada por un lado y, por el otro, el gobierno de Vichy que los nazis habían orquestado para mantener el control total del país ocupado, bajo la apariencia de un gobierno legal, pero ilegítimo. Ese gobierno lucía como mascarón de proa la figura de un héroe de Francia, el mariscal Philippe Petain. Papon eligió servir a Vichy, guiado por sus mentores Dumesnil y Sabatier. En ese gobierno del oprobio, que además cuestiona, como lo hace la propia vida de Papon, el espíritu y los alcances de la resistencia francesa, trepó hasta el secretariado del ministerio del Interior apadrinado por Sabatier.

El gobierno francés de Vichy
Fue un alto oficial de la policía de Vichy y supervisor del “Servicio para Asuntos Judíos” de Burdeos, lo que se tradujo en una colaboración permanente con las SS de la Alemania nazi, encargada de exterminar a los judíos de Europa. Entre julio de 1942 y agosto de 1944, bajo los ojos de Papon, partieron de Burdeos doce trenes hacia el campo de internamiento de Drancy, vecino a París y escala previa de Auschwitz, con mil seiscientos judíos, entre ellos ciento treinta chicos menores de trece años. Nadie sobrevivió. Papon también implementó las leyes antisemitas del gobierno de Vichy, presidido por Pierre Laval, que sería fusilado después de la guerra: en julio de 1942, y de acuerdo con el lenguaje de la época, Papon había “desjudeizado” doscientos cuatro empresas de Burdeos, había vendido sesenta y cuatro propiedades y terrenos de dueños judíos y se dirigía a “desjudeizar” otras quinientas empresas.
Cuando la guerra terminó y la Alemania nazi era escombros, Papon esquivó ser juzgado por el Comité Departamental de Liberación (CDL) por su accionar durante la ocupación. Presentó en su descargo un certificado que daba fe de que había participado de la Resistencia, aunque luego las autoridades cuestionaron la autenticidad del documento. El jefe y mentor de Papon, Maurice Sabatier, que había presumido de la efectividad de su prefectura en la deportación de judíos. Fue juzgado y condenado sólo a una suspensión y a cobrar sólo la mitad de su sueldo. En 1948 le otorgaron la Legión de Honor por sus servicios durante la guerra.
Papon se mantuvo en su cargo y con las mismas funciones, excepto la persecución y deportación de judíos, con la anuencia incluso de Charles de Gaulle. El historiador Olivier Guichard, un ex militar en la guerra y luego miembro del movimiento gaullista, afirmó: “De Gaulle y otros conocían a la perfección el pasado de Papon” y el líder francés lo había recibido y estrechado su mano luego de la liberación de Burdeos, en 1943.

Papon en la París liberada
En agosto de 1944, los días de la liberación de París, Papon fue nombrado jefe de Estado Mayor del Comisario de la República de Aquitania y, en octubre de 1945, subdirector del departamento Argelia del ministerio del Interior. ¿Cuál era el secreto de Papon para mantenerse a flote? Éric Roussel, biógrafo de De Gaulle, escribió sobre aquellos días tormentosos que siguieron a la liberación de Francia y a los primeros meses de gestión de De Gaulle al frente de la república: “La autoridad del Estado es tan sagrada, el peligro que constituyen los comunistas es tan intolerable, que (De Gaulle) está dispuesto a aceptar sin demasiados problemas de conciencia a hombres que hayan trabajado durante bastante tiempo en el gobierno de Vichy”.
En 1947, el gobierno socialista de León Blum nombró a Papon prefecto de Córcega, un ex colaborador nazi metido en un gobierno socialista, y, en 1949 fue prefecto de Constantina, Argelia, en los inicios de la guerra civil que los argelinos iniciaron para liberarse del colonialismo francés. Allí Papon participó de lleno en la represión que incluyó el uso de la tortura contra la población civil. El método francés de tortura y “desaparición” de opositores sentó escuela, de terror pero escuela al fin: fue exportado a América Latina e hizo pie en Argentina a mediados de los años 60 y, luego, durante las dictaduras militares de 1966 a 1973 y de 1976 a 1983.
De vuelta en Francia, escudado en su pasado que debía condenarlo, Papon fue nombrado prefecto de la Policía de París bajo el gobierno del primer ministro socialista Félix Gaillard d’Aimé. Sus años de colaborador con los nazis era aún un secreto para gran parte de los franceses, pero no lo era para el mundo recóndito de la política de Francia. Cuando aquella Cuarta República entró en crisis en 1958 y De Gaulle volvió al poder al frente de la Quinta República, Papon tomó parte de las reuniones secretas de los gaullistas, entre ellos sus antiguos compañeros de primaria como Pompidou, hasta que el 3 de julio de 1958 obtuvo lo que, según “Le Monde”, jamás hubiera soñado: la Carta de Antiguo Combatiente de la Resistencia. El 12 de julio de 1961, el presidente De Gaulle le concedió la Legión de Honor por sus servicios al Estado.
La guerra civil argelina se trasladó a Francia y jaqueó de alguna forma al gobierno de De Gaulle, empeñado en otorgar la independencia a ese país, pese a la oposición de un amplio del poder militar, aliado a los civiles colonialistas, que dieron origen a la Organization de l’Armée Secrète – Organización Secreta del Ejército), una banda de ultraderecha que pretendía que Argelia siguiera bajo dominio francés, y que atentó en más de una oportunidad contra la vida del presidente francés. Para De Gaulle, otorgar la independencia a Argelia era una cosa; que la guerra civil argelina ganara las calles de París era otra muy diferente.

La represión a la comunidad árabe
Como prefecto de policía de la capital francesa, Papon organizó una campaña de represión hacia la comunidad árabe instalada en la ciudad. Decretó un toque de queda para todos los argelinos, que tenían prohibido transitar entre las ocho y media de la noche y las cinco y media de la madrugada. Era una medida anticonstitucional, arbitraria y discriminatoria que desató de inmediato una caza de brujas, abrió las puertas de centenares de allanamientos, redadas, requisa de hoteles y derivó en el arresto, tortura y prisión de miles de argelinos; muchos de esos presos fueron internados en un centro de detención de los bosques de Vincennes, como en los viejos tiempos de la guerra.
En protesta contra el toque de queda y las medidas de Papon, el Frente de Liberación Nacional de Argelia (FLN) organizó una protesta pacífica para el 17 de octubre de 1961, a las ocho y media de la noche, hora en que empezaba el toque de queda, en los sitios más simbólicos de París. Quince días antes, Papon había aleccionado a sus tropas policiales: “Por cada golpe respondemos con diez”, les dijo y les aconsejó también disparar primero: “Los vamos a proteger, es legítima defensa”.
Más de treinta mil argelinos, familias enteras con sus hijos, marcharon por todo París. Los estaban esperando. Desde la tarde, la policía de Papon había lanzado decenas de redadas contra los manifestantes ni bien pisaban el centro de la ciudad. A la noche circuló un rumor que afirmaba que la policía había sido atacada a balazos. Lo que siguió fue una masacre.
La masacre de los argelinos en París
La policía cercó y empujó a la gigantesca manifestación hacia la Plaza de la República, donde se oyeron varios disparos. Los testigos dirían luego que vieron a la policía arrojar cadáveres al Sena; que quienes protestaban fueron cazados en las entradas del metro, cargados en furgones policiales y en micros del transporte local, y llevados al Palacio de los Deportes de la Puerta de Versalles, al norte de la ciudad, al estadio Coubertin y al Velódromo de Invierno. Allí fueron fusilados muchos de los detenidos; otros fueron ejecutados en la Prefectura, ante los ojos de Papon; uno de los agentes policiales denunció la violencia ante las autoridades para que frenaran la masacre; en la medianoche, otros policías hablaron con el periodista Claude Bourdet, de “France Observateur” y revelaron que al menos cincuenta argelinos habían sido asesinados en la prefectura policial y arrojados al Sena, a poco metros de distancia del edificio que enfrenta aún hoy a la catedral de Notre Dame.

Nunca hubo cifras precisas de la gran tragedia, las iniciales decían que once mil setecientos treinta argelinos habían sido arrestados y trasladados a diversos sitios, incluido el campo de Vincennes; durante los días que siguieron a la masacre, decenas de cadáveres fueron reflotados de las aguas del Sena. El recuento oficial habló sólo de “tres muertos”, resultado de “una pelea entre grupos rivales argelinos”. La mentira se mantuvo durante treinta años. De Gaulle encubrió a Papon, ordenó total silencio sobre el episodio y rechazó los pedidos de renuncia que llovían sobre el prefecto. Dijo: “La protesta fue ilegal. El prefecto de policía recibió instrucciones y se vio obligado a oponerse. Hizo lo que tenía que hacer».
En 1999 una investigación del gobierno de Jacques Chirac admitió cuarenta y ocho ahogamientos en una sola noche y ciento cuarenta y dos muertes similares de argelinos en días anteriores y siguientes al 17 de octubre: ciento diez de esas ciento cuarenta y ocho víctimas fueron encontradas en el Sena. El informe también sugirió que la cantidad de muertos podría ser mayor. Los archivos de París consultados por el historiador David Assouline registran sólo setenta muertos. Papon nunca reconoció su responsabilidad en la masacre.

Otro gran escándalo obligó a De Gaulle a pedir la renuncia de Papon como prefecto de policía de París. El 29 de octubre de 1965, el líder de la izquierda marroquí Mehdi Ben Barka fue secuestrado en plena calle y al mediodía en el centro de París. Un grupo de desconocidos lo capturó en el Boulevard Saint Germain, a metros de la iglesia de St. Germain des Pres, frente a los legendarios Café de Flore y Les Deux Magots, y a un paso de donde se alza hoy el Emporio Armani Caffe y de otra leyenda parisina, la Brasserie Lipp. Una placa en el boulevard recuerda hoy aquel secuestro. Las investigaciones sugirieron que Ben Barka, que cuando fue secuestrado iba a encontrarse con el cineasta Georges Franju para preparar el guion de una película sobre la descolonización, fue llevado a una casa de las afueras de la ciudad y torturado hasta la muerte por agentes de inteligencia de Francia y de Marruecos dirigidos todos por el entonces ministro del interior marroquí, Mohammed Ufqir. Un libro de reciente aparición en Francia revela que Ben Barka fue asfixiado con una almohada por sus torturadores.
De Gaulle forzó la renuncia de Papon, pero lo convirtió en presidente de la compañía “Sud Aviation” que luego se fusionó con “Aérospatiale” para desarrollar junto a la tecnología británica el avión Concorde. En mayo de 1968, después de la gigantesca revuelta estudiantil y obrera que el prefecto policial de París controló sin una sola muerte, Papon fue elegido diputado por la Unión de Demócratas por la República (UDR), un partido gaullista, reelecto en 1973 y 1978. Ese año, el presidente Valery Giscard d’Estaing lo nombró ministro de Presupuesto, como tal visitó la Argentina en 1979 y fue condecorado con la Orden de Mayo por el dictador Jorge Videla. En 1983 Papon se retiró de la vida política.
Su adiós estuvo empujado por las primeras denuncias que desnudaban su pasado nazi cuando la guerra, y de represor y torturador en la Quinta República. El 6 de mayo de 1981, el periódico satírico “Le canard enchaine” publicó un artículo que tituló: “Papon, aide de camps. Quand un ministre de Giscard faisait déporter des juifs» (Papon, ayudante de campos: Cuando un ministro de Giscard deportó a los judíos»). El semanario acompañó esas líneas con una serie de documentos firmados por Papon que demostraban su responsabilidad en la deportación, entre 1942 y 1944, de al menos mil seiscientos noventa judíos desde Burdeos al campo parisino de Drancy, escala previa de su envío a Auschwitz. Esos documentos habían llegado a “Le canard…” aportados por Michel Slitinsky, uno de los sobrevivientes a las redadas de Papon, cedidos por el historiador Michel Bergés que los había descubierto en febrero de 1981 en los archivos oficiales. La fecha que había elegido el semanario para publicar la denuncia contra Papon no era casual: fue cuatro días antes de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales entre Giscard, de quien Papon era ministro, y François Mitterrand, que triunfó en esa segunda vuelta electoral.
En enero de 1983 se presentaron contra Papon las primeras acusaciones por crímenes de lesa humanidad. Tres meses después, el acusado demandó por difamación a las familias de las víctimas que lo habían denunciado. La lenta investigación se canceló en 1987 por errores de procedimiento, tal vez involuntarios, de uno de los jueces de instrucción. Por fin, recién el 8 de octubre de 1997, luego de catorce años de batallas legales, se inició el juicio contra Papon que terminó el 2 de abril de 1998. La fiscalía pidió una pena de veinte años de cárcel por su complicidad con los nazis en crímenes de lesa humanidad, pero los jueces lo condenaron a diez años.

La condena a Papon
Sus abogados apelaron. La ley francesa exige que el condenado se presente en prisión antes de la audiencia de apelación, pero Papon escapó a Suiza con un pasaporte a nombre de Robert La Rochefoucauld. Fue recapturado en 1999 y extraditado a Francia. El pasaporte que usó para escapar era verdadero: se lo había cedido Robert La Rochefoucauld, un héroe de la resistencia francesa que sostenía que Papon había trabajado contra los nazis. La apelación a la condena fue rechazada a causa de su huida a Suiza.
El 22 de octubre de 1999 empezó a cumplir su condena en el centro penitenciario de Fresens, en la región de Ile-de-France. En marzo de 2000 sus abogados pidieron su liberación por problemas de salud, pero el presidente Chirac la denegó en tres oportunidades. Los letrados recurrieron entonces al Tribunal Europeo de Derechos Humanos por la apelación denegada y el Tribunal aceptó el reclamo: amonestó al poder judicial francés y a su Tribunal de Casación, y le concedió a Papon unos sesenta y cinco mil euros por costas judiciales, pero no lo indemnizó por daños y perjuicios.
En 2002, los médicos del ya anciano Papon, tenía noventa y dos años, afirmaron que estaba casi incapacitado y así, el 18 de septiembre de ese año, fue liberado pese a las protestas de los familiares de las víctimas y de organizaciones no gubernamentales de derechos humanos. En marzo de 2004, la cancillería de la Legión de Honor acusó a Papon de lucir de forma ilegal su condecoración, que le habían retirado tras su condena: había aparecido con ella en las fotos de una entrevista para el semanario “Le Point”. En febrero de 2007, cinco años después de salir de la cárcel por enfermedad, Papon fue operado por una insuficiencia cardíaca congestiva. Murió pocos días después, el 17 de febrero, a los noventa y seis años.
Sus abogados, en especial Francis Vuillemin, que defendió también al terrorista internacional Ilich Ramírez Sánchez, “Carlos”, declararon que Papon debía ser enterrado con la insignia de Comendador de la Legión de Honor. La audacia provocó la indignación de todos los partidos políticos franceses, con la excepción del Frente Nacional de extrema derecha liderado entonces por Jean-Marie Le Pen. El caso llegó a la Asamblea Nacional, donde Bernard Accoyer, líder del grupo Unión por un Movimiento Popular, sugirió que como alto canciller de la Orden de la Legión de Honor el único que podía impedir que el cuerpo de Papon bajara a la tumba condecorado era el presidente Chirac. Pero Chirac no intervino y Papon fue enterrado con su medalla el 21 de febrero de 2007.
Una vez más, el lobo había ganado otra partida.
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