
La mañana del 29 de enero de 1998, una bomba explotó en la entrada de la clínica New Woman All Women en Birmingham, Alabama, Estados Unidos, causando la muerte de una persona e hiriendo a otra de gravedad.
La detonación ocurrió a las 7:33, en el preciso momento en que pacientes y personal ingresaban al edificio de la clínica de abortos. La víctima fatal fue Robert “Bob” Sanderson, un policía retirado que trabajaba como guardia de seguridad en el lugar, mientras que la enfermera Emily Lyons sufrió heridas graves. La explosión dejó escombros, vidrios rotos y restos metálicos dispersos en el área.
El artefacto explosivo estaba compuesto por clavos y fragmentos de metal. Tras la explosión, la policía y equipos médicos arribaron al sitio, donde hallaron el cuerpo de Sanderson y atendieron a Lyons, quien presentaba lesiones en el rostro, pecho y piernas. La clínica, que brindaba servicios de salud reproductiva, quedó con su fachada destruida y gran parte de su interior dañado.

“Nada podrá devolvernos a los seres queridos que perdimos, pero esperamos que se haga justicia”, expresó un allegado de Sanderson. La enfermera Emily Lyons, quien sobrevivió a la explosión con secuelas físicas, manifestó su deseo de que los hechos no se repitan en otras instituciones de salud.
La clínica New Woman All Women permaneció cerrada durante semanas tras la explosión. Las autoridades implementaron nuevas medidas de seguridad en centros médicos similares de Alabama y otros estados, reforzando la vigilancia y los controles de acceso. El caso motivó la revisión de protocolos de emergencia y la capacitación del personal en procedimientos ante amenazas de bomba.
La investigación inicial reveló que el dispositivo había sido detonado a distancia mediante control remoto. Las autoridades acordonaron la zona, evacuaron a empleados y pacientes, y comenzaron a recolectar pruebas. El FBI y la policía local detectaron huellas y restos de materiales explosivos, lo que permitió identificar patrones similares a los de otros atentados previos cometidos en ese país. Los investigadores atribuyeron el ataque a un intento deliberado de causar el máximo daño posible.

El autor del hecho había enviado cartas a los medios de comunicación atribuyéndose la autoría de los tres últimos atentados. Estaban firmadas como “Ejército de Dios”. Durante los días siguientes, la policía reunió información de testigos que describieron haber visto a un hombre en una camioneta Nissan gris, que llamó la atención, cerca de la clínica y horas antes de la explosión. A partir de esa declaración y como el testigo había anotado la patente del vehículo, se llegó a un nombre concreto.
El FBI divulgó un retrato del principal sospechoso. La búsqueda se extendió por varios estados, con colaboración de agencias federales y estatales. Se instalaron controles en carreteras y se ofreció una recompensa a cambio de datos que permitieran la captura del autor de la explosión en la clínica sucedida hace 28 años.
Las autoridades pronto vincularon el atentado en Birmingham con una serie de ataques similares registrados en el sureste de Estados Unidos. Los investigadores establecieron nexos con la explosión ocurrida en una clínica de salud reproductiva en Sandy Springs, Georgia, en enero de 1997, así como con el atentado en el Parque Olímpico Centennial de Atlanta durante los Juegos Olímpicos de 1996.

El FBI concluyó que el modus operandi, materiales y métodos de detonación coincidían en todos los casos. Cuando dos cazadores de mapaches descubrieron la camioneta Nissan gris que era buscada, abandonada en el bosque, a pocos kilómetros de Murphy, Carolina del Norte, los agentes no tuvieron dudas. Habían dado con el autor del atentado. El terrorista era Eric Robert Rudolph.
Para los investigadores, Rudolph era responsable de la explosión en el Parque Olímpico Centennial que dejó dos muertos y más de cien heridos. Y también fue quien puso una bomba en una discoteca frecuentada por la comunidad LGBT en Atlanta en febrero de 1997. Las investigaciones federales determinaron que Rudolph planeó y ejecutó todos los atentados. El terrorista usó artefactos caseros con alto poder destructivo y mecanismos sofisticados de temporización y control remoto.
Eric Robert Rudolph nació el 19 de septiembre de 1966 en Florida. Cursó estudios básicos y trabajó en empleos ocasionales. Creció en diversas localidades del sureste estadounidense y desarrolló vínculos con movimientos supremacistas blancos de extrema derecha. De ahí, se dejó convencer por posiciones antigobierno, antiabortista y homofóbica. Durante los años en que cometió los atentados, se desplazó entre estados, evitando la captura gracias a su habilidad para ocultarse en zonas boscosas y rurales.

Tras el atentado en Alabama, Rudolph fue incluido en la lista de los diez fugitivos más buscados del FBI. La cacería se prolongó durante más de cinco años, periodo en el que el sospechoso logró evadir a las autoridades valiéndose de refugios improvisados, provisiones sustraídas y apoyo de simpatizantes en áreas remotas. El FBI mantuvo operativos en Carolina del Norte, Georgia y Alabama, sin lograr resultados inmediatos.
Tras el atentado de Birmingham, Rudolph huyó a las montañas del oeste de Carolina del Norte, donde permaneció escondido. Vivió allí cinco años, planeando otros atentados que finalmente nunca llevó a cabo. El FBI sospechaba que Rudolph había logrado sobrevivir escondido durante tanto tiempo porque recibía ayuda de personas que simpatizaban con su causa. Algunos negocios en Murphy, Carolina del Norte, incluso imprimieron y vendieron remeras con lemas como “Corre, Rudolph, corre”.
El caso tuvo un hecho por demás curioso. Mientras las autoridades buscaban a Rudolph, y como protesta contra lo que considera la persecución de su hermano por parte del FBI y los medios de comunicación, Daniel Rudolph instaló una cámara en su garaje de Summerville, Carolina del Sur. Y se cortó la mano con una sierra circular. Fue en marzo de 1998. Posteriormente se la reimplantaron quirúrgicamente.

El 31 de mayo de 2003, un agente de policía novato de 21 años arrestó a Rudolph en Murphy, Carolina del Norte. El joven policía lo encontró revisando un tacho de basura y lo arrestó sin saber quién era. Cuando llegó a la comisaría, el resto de los policías lo reconocieron: lo buscaban sin cesar desde hacía años.
El detenido confesó tanto el atentado en la clínica de Birmingham como los ataques en Atlanta, asumiendo la responsabilidad por la muerte y las heridas causadas. Durante el proceso judicial, Rudolph se declaró culpable y aceptó un acuerdo para evitar la pena de muerte.
Rudolph justificó sus acciones por motivos ideológicos, manifestando su oposición al aborto y a los derechos de la comunidad LGBT. Al declararse culpable, difundió un confuso escrito de once páginas en el que, por ejemplo, decía que: “El aborto es asesinato. Y cuando el régimen de Washington legalizó, sancionó y legitimó esta práctica, perdió su legitimidad y autoridad moral para gobernar”.
Eric Robert Rudolph fue condenado a cuatro cadenas perpetuas sin posibilidad de libertad condicional. La sentencia incluyó también 120 años adicionales de prisión por el uso de artefactos explosivos con fines terroristas. Actualmente, cumple condena en una prisión federal de máxima seguridad en los Estados Unidos.

Dos de esas condenas fueron por el atentado cometido en Alabama. El tribunal también le ordenó que pagara una restitución a las víctimas de aquel hecho por la suma de 1.002.176,43 dólares.
En agosto de 2005, Rudolph se disculpó con sus víctimas y sus familias por el atentado de 1996 en el Parque Olímpico de Atlanta, durante su comparecencia ante el tribunal antes de la sentencia. No se disculpó jamás por ninguno de los otros ataques que confesó.
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