
El libro infantil Harry, el perrito sucio regresó a la Biblioteca Pública Regional de Chantilly, en Virginia, tras permanecer ausente durante 36 años. Dimitris Economou, quien había retirado el ejemplar a los cinco años, lo devolvió después de hallarlo en la casa de su padre en Grecia, según relató a Smithsonian Magazine.
El volumen recorrió varios continentes antes de regresar a su punto de partida, una historia que ilustra la relación duradera entre lectores y bibliotecas.
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La devolución insólita: una historia de 36 años
El ejemplar de "Harry, el perrito sucio", escrito por Gene Zion y publicado en 1956, fue prestado el 6 de noviembre de 1989. Economou recordó que su familia lo había solicitado en la sucursal de Chantilly, ubicada en el condado de Fairfax.
El reencuentro se produjo durante una visita a Grecia, mientras Economou buscaba un libro para leerle a su hijo de siete años. “Al llegar al final, me di cuenta de que era un libro de biblioteca”, explicó Economou, quien manifestó que sintió “la obligación moral” de retornarlo.
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“Simplemente sentí que debía devolverlo… Parecía lo correcto”, compartió en conversación con Smithsonian Magazine. Estas declaraciones reflejan la conciencia y el compromiso de los usuarios con las colecciones públicas.
Un viaje alrededor del mundo de la mano de una familia diplomática
Los padres de Economou eran diplomáticos destinados en Washington D. C. cuando retiraron el libro. Tras vivir siete años en Virginia, la familia se mudó a Grecia, y el ejemplar los acompañó durante sus desplazamientos internacionales.
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El libro pasó por Siria, Japón y Países Bajos antes de regresar a Grecia junto al padre de Economou, completando un recorrido de más de tres décadas. Solamente después de todos estos traslados, el libro volvió a la biblioteca de Chantilly.
Smithsonian Magazine subrayó que la pérdida fue consecuencia de la vida itinerante de la familia diplomática, no de un olvido deliberado.

Normas y multas: el cambio de paradigma en las bibliotecas
En el pasado, devolver un libro tarde implicaba el pago de una multa en las bibliotecas. La sucursal de Chantilly eliminó estas sanciones económicas hace algunos años, como parte de un cambio de enfoque en la gestión bibliotecaria.
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Economou aseguró a Smithsonian Magazine que habría estado dispuesto a pagar una multa en apoyo a la biblioteca, si esa política aún existiera.
La responsable de la sucursal, Ingrid Bowers, recibió la devolución sin imponer ningún recargo, lo que evidencia la transición hacia un modelo centrado en fomentar la lectura y la participación comunitaria.
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Otras odiseas bibliotecarias: casos récord
Otros casos similares ocurrieron en distintas partes del mundo, superando incluso el periodo de 36 años del libro de Economou.
En 2002, Emily Canellos-Simms devolvió un libro casi 50 años tarde a una biblioteca de Illinois y pagó USD 345,14, la multa por retraso más alta registrada por Guinness World Records.
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En junio pasado, fue devuelto a la biblioteca pública de San Antonio un ejemplar de Your Child, His Family, and Friends, tras 82 años ausente; había sido prestado en 1943.
Además, en 2024, un ejemplar de Ivanhoe, de Walter Scott, fue reintegrado a la biblioteca Poudre River después de 105 años fuera de circulación.
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Existen antecedentes aún más extremos: un libro en alemán, que salió de la biblioteca de la Universidad de Cambridge en torno a 1667, fue regresado en 1956, casi tres siglos después.

El valor simbólico de regresar un libro
Para Ingrid Bowers, gestos como el de Economou demuestran que la función social de las bibliotecas públicas trasciende las normas de préstamo.
Según señaló a Smithsonian Magazine, estas acciones refuerzan el sentido de comunidad y el apego de los lectores a las colecciones públicas.
Devolver un libro muchos años después de lo previsto confirma que el compromiso con los libros públicos persiste, y subraya el vínculo especial entre las comunidades y sus bibliotecas.
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