
El desierto del Sahara se convirtió en escenario de una de las búsquedas más costosas y mediáticas de la historia británica cuando Mark Thatcher, hijo de la entonces primera ministra del Reino Unido, desapareció durante seis días en el rally París-Dakar en enero de 1982. La noticia provocó una reacción inmediata del Gobierno británico, movilizando recursos aéreos y diplomáticos en una carrera contrarreloj.
Mark Thatcher y su hermana melliza nacieron en 1953, cuando la carrera política de su madre apenas comenzaba. Desde joven, Mark mostró poco interés por las responsabilidades convencionales y prefirió los lujos, la velocidad y la vida social. El automovilismo captó toda su atención y, tras formarse en la escuela de pilotos de Brands Hatch, intentó sin éxito desarrollar su propio equipo de competición.
Entre sus primeras experiencias relevantes figura su participación en las 24 Horas de Le Mans. En 1980, compartió un Osella PA8 con la histórica Lella Lombardi, quien fue la única mujer en puntuar en la Fórmula 1. Sin embargo, ambos se retiraron tras un accidente. Al año siguiente, volvió a fracasar en la misma competencia, esta vez conduciendo un Porsche 935 junto al suizo Claude Haldi y el francés Hervé Poulain.

Con su madre ya instalada en el poder, un patrocinador le propuso a Mark Thatcher un nuevo desafío: formar parte de la cuarta edición del rally París-Dakar. El evento exigía recorrer 10 mil kilómetros a través de terrenos inhóspitos y climas extremos, un reto para cualquier piloto experimentado, y un riesgo elevado para alguien con la limitada preparación de Mark.
En la edición de 1982, el rally ya tenía un historial trágico. Desde su creación, tres vidas se habían perdido: el motociclista Patrick Dodin en 1979 y dos técnicos de IVECO en 1981. A pesar de ello, la organización inscribió 385 vehículos en la largada de París: 233 autos, 129 motos y 23 camiones.
Mark Thatcher se sumó como navegante junto a la piloto francesa Anne-Charlotte Verney y al mecánico Claude Garnier. El trío abordó un Peugeot 504 familiar, identificado con el número 178. Tras salir de París, la caravana atravesó Francia hasta Sète y se embarcó hacia Argelia. El recorrido de la competencia cruzó ese país de norte a sur, pasó por Mali y, finalmente, Senegal, donde la meta se ubicaba en Dakar.

La tecnología de la época distaba mucho de la sofisticación actual. No había GPS, ni teléfonos celulares, ni balizas electrónicas. El equipo dependía de brújulas, mapas rudimentarios y una hoja de ruta básica. La función del navegante era crítica, pero la falta de experiencia condenó a Mark Thatcher y sus compañeros a una peligrosa desorientación.
El 8 de enero, durante la séptima etapa entre Tamanrasset y Timeiaouine, el coche de Mark Thatcher sufrió una rotura en el eje trasero. Otros competidores se detuvieron, tomaron nota de su ubicación y continuaron la carrera. Sin embargo, quienes informaron sobre el incidente cometieron un error al ubicar al grupo a 40 kilómetros en dirección opuesta a la real.
La situación se agravó por la escasez de agua. Mark reconoció que, por llegar tarde al campamento la noche anterior, sólo habían podido cargar cinco litros de agua en vez de diez. Esa cantidad apenas alcanzaba para dos tazas de café diarias para los tres integrantes del equipo. La comida también era limitada y de escaso valor nutritivo.

El 9 de enero se perdió el contacto con el equipo y, al día siguiente, se encendieron todas las alarmas. El motociclista italiano Michele Bosi informó haberlos visto dos días antes, intentando reparar el coche lejos de la ruta principal. El 12 de enero, ante la falta de novedades, las autoridades del rally los declararon oficialmente desaparecidos.
La noticia sacudió a la opinión pública europea y desató todo tipo de especulaciones. Algunas versiones sugerían un secuestro por parte del Frente Polisario, mientras que otras hablaban de un montaje mediático para atraer la atención mundial al evento. En el Reino Unido, la tensión se apoderó de Downing Street y el Gobierno de Margaret Thatcher quedó bajo presión.
El Gobierno de Argelia ofreció sus servicios de rescate, pero al principio Francia, encargada de la organización del rally, rechazó la ayuda. El entonces presidente de Francia, François Mitterrand, envió dos aviones para la búsqueda, aunque los esfuerzos iniciales no dieron resultado. Finalmente, el 13 de enero, el Reino Unido aceptó la colaboración argelina y sumó cuatro aviones y un helicóptero a la búsqueda. También se unió un Hércules de la RAF y Denis Thatcher, padre de Mark, y esposo de Margaret, viajó a la zona para participar en las tareas de rescate.

El 14 de enero, uno de los aviones localizó al grupo en las cercanías de Tamanrasset. Al día siguiente, dos vehículos Land Rover llegaron al lugar donde Mark Thatcher, Anne-Charlotte Verney y Claude Garnier habían acampado junto a su coche averiado. Todos estaban sanos, aunque visiblemente afectados por la experiencia. Fueron rescatados hace exactamente 44 años.
La primera reacción de Mark Thatcher, según trascendió, no fue de gratitud. Al ser rescatado pidió “una cerveza, un sándwich, un baño y una máquina de afeitar”. Esa actitud provocó el enojo de su padre y generó críticas en la opinión pública británica.
El retorno de Mark y su padre al Reino Unido se realizó en el avión oficial del entonces presidente argelino Chadli Bendjedid, quien había ofrecido su ayuda desde el inicio del operativo. Lejos de ser recibido como un héroe, Mark enfrentó una ola de críticas en Londres. Los tabloides informaron que el Estado había gastado “millones de libras” en el rescate de un “playboy” en medio de una crisis económica y conflictos sindicales.

Los medios cuestionaron el costo y la utilidad de la operación de rescate. Denunciaron el uso de recursos públicos en una situación provocada por la imprudencia y la falta de preparación de Mark. La imagen de Margaret Thatcher también quedó expuesta, al evidenciarse el trato preferencial hacia su hijo en un momento de dificultades para la población británica.
El entorno de Margaret Thatcher celebró el regreso de Mark con una cena que generó una factura considerable. La primera ministra intentó esquivar el pago, pero finalmente debió cubrir los gastos de su propio bolsillo. También se supo que cubrió una deuda de hotel de su hijo en Argelia por una cifra elevada, parte de la cual correspondía al consumo de bebidas.
La experiencia de Mark Thatcher en el Dakar fue objeto de análisis y comentarios durante años. En un artículo que escribió en 2004 para The Guardian, Mark reconoció: “No hice absolutamente ninguna preparación. Nada”. También admitió que nunca sintió miedo por su vida y que calculó mentalmente cuánto tiempo podrían sobrevivir con el agua y la comida disponibles. La combinación de inexperiencia, falta de preparación y confianza excesiva derivó en una situación límite que pudo haber tenido consecuencias trágicas.

El rally París-Dakar continuó su marcha tras el rescate, pero el episodio dejó una huella imborrable. La ausencia de tecnología y la dureza del terreno evidenciaron los riesgos extremos de la competencia. Para Mark Thatcher, la experiencia marcó el final de sus aspiraciones como piloto de rally y lo convirtió en protagonista involuntario de uno de los episodios más recordados de la historia del automovilismo británico.
El hecho también reveló la personalidad despreocupada y confiada de Mark Thatcher, quien se definía como amante de la buena cocina, la compañía femenina, los relojes de lujo y la ropa de seda china. Entre sus ocupaciones figuraban actividades tan dispares como el asesoramiento a una editorial de revistas eróticas y una empresa de preservativos, además de su afición por el automovilismo.

Por su parte, Margaret Thatcher solía elogiar el perfil comercial de su hijo. En una ocasión afirmó: “Él podría vender nieve a los esquimales y arena a los árabes”. Ese vínculo de admiración y debilidad por Mark fue ampliamente comentado en el ámbito político y mediático.
A finales de la década de 1990 estuvo vinculado a la venta ilegal de armamento. A principios de los 2000, Mark Thatcher fue condenado por un tribunal sudafricano por su participación en un golpe de Estado ocurrido en Guinea Ecuatorial en marzo de 2004. Eso le significó que tanto Estados Unidos como Mónaco le rechazaran su pedido de visa. Pero esa es otra historia.
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