
La noche anterior se bautizó por la Iglesia católica en un último y desesperado intento por salvar su vida. Antes había tratado sin suerte que el presidente del Tribunal Especial de Apelaciones y la reina Guillermina le conmutaran la pena. Pese a su origen judío, ninguna organización de esa fe pidió por ella. Así, ya sin ninguna esperanza, la mañana del 14 de enero de 1948 Ans van Dijk caminó con pasos lentos por el patio de la prisión militar de Fort Bijlmer, en Ámsterdam, para enfrentar el pelotón de fusilamiento. Cuando las balas se incrustaron en su pecho tenía 42 años y se convirtió en la única mujer ejecutada en Países Bajos por haber colaborado con los ocupantes nazis durante la Segunda Guerra Mundial. Para los jueces, sus crímenes solo podían ser castigado con la muerte: había traicionado a la Resistencia “marcando” a sus integrantes y había entregado a los nazis a por lo menos 145 judíos holandeses, entre ellos a su propio hermano y a su expareja. Al condenarla, el presidente del tribunal le preguntó:
—¿Cómo podés dormir? ¿No ves siempre a esas personas frente a vos?
Ans van Dijk no le respondió. Al morir también se llevó a la tumba la respuesta a una pregunta que nunca quiso contestar: ¿Fue ella quien informó a la policía de ocupación sobre el lugar donde se escondían Ana Frank y su familia?

De resistente a colaboradora
Hasta que los nazis ocuparon los Países Bajos en mayo de 1940, la vida de Ans van Dijk era la de una típica mujer de la numerosa clase media de Ámsterdam. Nacida la Nochebuena de 1905, en el seno de una familia de judíos holandeses, se había casado en 1927 con Bram Querido, pero se separó ocho años después, cuando inició una relación con una mujer llamada Miep Stodel. Con ella abrió una sombrerería llamada Maison Evany en el centro de la ciudad, lo que les daba un buen pasar económico. La tienda fue clausurada por los nazis en 1941 como parte de la confiscación de propiedades de los judíos, a quienes se les prohibió tener negocios o trabajar en comercios minoristas, entre otras restricciones aplicadas por las autoridades de ocupación alemanas.
Stodel huyó a Suiza en 1942, pero Ans decidió quedarse y se sumó a la resistencia. Su tarea era proporcionar documentos de identidad falsos, conseguir escondites para los perseguidos y suministrarles lo necesario para que pudieran sobrevivir. Cumplió esa labor durante casi un año hasta que una de las personas a las que había refugiado en una casa de la calle Marco Polo fue capturada y la delató bajo tortura.
La detuvieron el domingo de Pascua de 1943 y fue interrogada por el detective Peter Schaap, de la Oficina de Asuntos Judíos de la policía de Ámsterdam. El policía le planteó dos alternativas: o colaboraba con la SD, la policía de seguridad nazi, o la enviaría a un campo de concentración. Anns van Dijk aceptó colaborar y fue liberada. Como miembro de la organización de resistencia Holanda Libre, siguió ofreciendo escondites a los judíos perseguidos, ahora para entregarlos a la policía. Los llevaba a su propia casa, donde en lugar de conseguir albergue los esperaban los hombres de la temible Oficina de Asuntos Judíos y los detenían.

Una delatora entusiasta
Van Dijk no colaboraba a desgano, sino con verdadero entusiasmo: en pocos meses entregó de esa manera a decenas de personas, lo que le valió que su superior, Willy Lages, la pusiera al frente de un grupo de mujeres dedicadas a la caza de judíos. En ocasiones, ella o alguna otra integrante del grupo era arrojada a una celda donde había detenidos para escuchar sus conversaciones y obtener información que permitiera nuevas capturas.
Se calcula que entregó a los nazis a 145 personas —107 judíos y 38 holandeses no judíos—, entre ellas a su propio hermano con su esposa y sus tres hijos, y a su exmarido, Bram Querido. Por lo menos 85 de ellas murieron después en los campos de concentración a los que fueron trasladadas. Otros investigadores sostienen que los judíos delatados por Ans van Dijk suman más de setecientos.

Capturada y condenada
Cuando el 5 de mayo de 1945, tres días después de la rendición alemana en Berlín, los ocupantes nazis en Países Bajos se rindieron ante las tropas aliadas, Ans van Dijk huyó de Amsterdam a Rotterdam para refugiarse en la casa de una amiga con la esperanza de no ser reconocida. Allí la detuvieron el 20 de junio de 1945.
Acusada de 23 cargos de traición, el 23 de febrero de 1947 compareció ante el Tribunal Especial de Ámsterdam para responder por sus crímenes. Durante el juicio se declaró culpable de todas las imputaciones y se justificó diciendo que había actuado para salvar su propia vida, por instinto de supervivencia. También se excusó en el enorme miedo que sentía por los ocupantes nazis y en especial por la policía de la Oficina de Asuntos Judíos. No le creyeron porque fue desmentida por su propio jefe, Willy Lages, quien la describió como una persona muy dispuesta a cazar judíos y resistentes holandeses, no solo para salvar su vida sino por dinero, ya que le pagaban una suma fija por cada persona que entregaba. Fue decisivo también el testimonio de su examante Miep Stodel, cuya familia fue capturada por los nazis gracias a la colaboración de van Dijk, que la describió como “un demonio con forma humana”.
Como último recurso, sus abogados defensores pidieron que la sometieran a una pericia psiquiátrica para demostrar que no era responsable de sus actos. Los jueces negaron la petición y sin más trámite la condenaron a muerte. Apeló la condena, pero en septiembre de 1947 el Tribunal Especial de Apelaciones confirmó su sentencia. La única esperanza que le quedaba para evitar la muerte era un indulto real, pero su solicitud fue rechazada por la reina Guillermina. La fusilaron el 14 de enero del año siguiente.

¿Entregó a Ana Frank?
La identidad de la o las personas que le señalaron a la policía de seguridad nazi la habitación secreta donde Ana Frank y su familia se escondían en Ámsterdam es un enigma. Sí se sabe quiénes fueron los tres oficiales que los arrestaron porque Otto, el único sobreviviente de la familia, reconoció en fotografías a dos de ellos, Gezinus Gringhuis y Willem Grootendorst, mientras que el hombre que protegía a los Frank, Johannes Keiman, señaló al tercero, Karl Silberbauer.
En cuanto a quien pasó la información sobre el escondite del edificio del barrio de Prinsengracht, durante años circularon no pocos nombres, aunque ninguno pudo ser confirmado. El interrogante pareció encontrar su respuesta en 2018, con la publicación de El patio trasero del anexo secreto, un libro de Gerard Kremer, donde se señala a Ans van Dijk como la entregadora. Según el autor, hijo del conserje de un edificio de oficinas del mismo barrio fallecido en 1978, su padre vio a van Dijk acudir varias veces al inmueble donde se ocultaban los Frank. Además, siempre según el autor, en agosto de 1944, poco antes de que los nazis capturaran a la familia, el conserje Kremer había escuchado una conversación de la delatora con los oficiales nazis que participaron del operativo.
Sin embargo, desde la Casa de Ana Frank se mostraron escépticos ante la versión planteada en el libro y aseguraron que no se han encontrado pruebas fehacientes que incriminen a Ans van Dijk. “Consideramos el libro de Gerard Kremer como un homenaje a sus padres, basado en sus recuerdos y lo que ha escuchado. En 2016, la Casa de Ana Frank comenzó una investigación para aclarar el arresto de la familia Frank y otras cuatro personas más escondidas en el anexo. Ans van Dijk aparecía como traidora potencial. No hemos encontrado evidencias que corroboren esa teoría ni otras”, dijeron sus autoridades en un comunicado oficial de la institución.
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