
“Si tengo que borrar a Colombia del mapa lo haré, pero dejar que me extraditen a los Estados Unidos no lo voy a permitir, eso jamás”, la frase de Pablo Emilio Escobar volvió a atronar los oídos de su esposa, Victoria Eugenia Henao, a quien ya le costaba comprender las habilidades de su marido para meterse en un problema grave tras otro, casi sin pensar en las implicancias que cada acción tendría sobre sí mismo, y lo que resultaba más grave aún, sobre su propia familia.
Por esos tiempos hacía todo lo posible para que no lo encarcelaran y lo deportaran al país del norte mientras traficaba toneladas de cocaína y tenía a su país conmocionado con los secuestros y los famosos “carrobombas” que mataban blancos elegidos por el Cartel de Medellín. Esos atentados también causaban muchas víctimas inocentes.
PUBLICIDAD
El crimen del ministro colombiano
Hasta que llegó el 30 de abril de 1984, día clave en la historia de Colombia y en la vida de Escobar. Ese día, un par de sicarios que circulaban en moto asesinaron a balazos al entonces ministro de justicia Rodrigo Lara Bonilla. La noticia del homicidio causó estupor: era la primera vez que mataban a un ministro de Estado.

De inmediato, la sospecha se posó sobre el narcotraficante colombiano, que había demostrado que era capaz de motorizar un hecho tan aberrante y mucho más, teniendo en cuenta además que el funcionario era uno de los impulsores principales de su extradición.
PUBLICIDAD
En el momento en el que ejecutaban a Lara Bonilla, Pablo estaba en su famosa hacienda Nápoles con uno de sus secuaces llamado Malévolo, acompañados por Elsy Sofía, una de las amantes de Escobar. Y de inmediato decidió abandonar la finca cuando recibió el aviso de que iban hacia allá para allanarla y detenerlo como sospechoso del crimen.
Pablo le ordenó a su mujer que se mudara a otro sitio porque su vida y la de su hijo corrían serio riesgo. Para colmo, el entonces presidente colombiano Belisario Betancur revisaba su decisión de no aplicar el tratado de extradición de los narcos a los Estados Unidos. Por el contrario, la impulsaba ante los acontecimientos ocurridos con su ministro. El mandatario declaraba que su gobierno iba con todas sus fuerzas en busca de los capos de los carteles de la cocaína.
PUBLICIDAD

La huida de Pablo Escobar
Escobar tomó nota y de inmediato advirtió que la situación se pondría aún más peligrosa. Entonces le dijo a su esposa que por decisión suya toda la familia viajaría a Panamá. Mientras estos idas y vueltas sucedían, Victoria Eugenia Henao estaba cursando los últimos tiempos de su segundo embarazo y se aterró por el inminente traslado. “Logré que mi ginecólogo fuera a verme y luego del examen de rigor me dio consejos para manejar la parte final, así como el nombre y el número telefónico de un especialista amigo suyo en ese país. Faltaba poco para partir y me sentía a la deriva. Abrazaba a Juan Pablo, me miraba el vientre y me asustaba pensar que el futuro de mis hijos y el mío propio eran muy inciertos. Mi marido se había embarcado en una guerra de proporciones desconocidas y nosotros, su familia, estábamos ahí, indefensos, esperando qué decidía él”, manifestó Victoria en el libro que escribió “Mi vida y mi cárcel con Pablo Escobar”, de editorial Planeta, y profundizó más aún: “Jamás imaginé el horror que viviríamos tiempo después y no he dejado de reprocharme lo anestesiada que debía estar y mi falta de contacto con la realidad. Tenía veintitrés años y lo único que hice fue depositar toda mi fortaleza y mi amor en mi hijo de siete años y en el bebé que venía”.
Según siguió relatando en su investigación Victoria Eugenia Henao, un helicóptero los esperaba para el vuelo en el que también los acompañaron su tía Gilma y un médico, ambos por expreso pedido de Pablo. Debían volar a tan baja altura para que los radares no los detectaran que llegaban a ver a los cocodrilos hambrientos en los pantanos. Dos horas les llevó aterrizar de manera ilegal en Panamá. Ahora vendrían otro par de horas en camioneta. Allí los esperaron Gustavo Gaviria, primo de Escobar, y su familia. Pablo recién se acercó a la madrugada para no levantar sospechas y Victoria le reprochó la muerte del ministro Lara Bonilla.
PUBLICIDAD

Exilio en Panamá
Él le respondió, como era su costumbre, que todo se solucionaría, aunque esa posibilidad estaba más lejana que nunca. En el apartamento tenían algunos colchones pero ni siquiera sábanas. Hacía calor y la humedad brotaba por demás, todo estaba bastante sucio, en especial la ducha y el baño, y no tenían ni una televisión para ver las noticias. Pablo les había ordenado que no salieran de allí porque la zona era insegura. Días más tarde recién pudieron mudarse a una casa confortable que les había cedido nada menos que el general Manuel Antonio Noriega, comandante en jefe de las Fuerzas de Defensa de Panamá.
El 25 de mayo de 1984 nació su hija Manuela. A las dos semanas, Escobar volvió a la carga y se sinceró con su esposa. Le dijo que debían enviar a la bebé a Medellín porque corrían riesgos de que los detuvieran a todos. “Es posible que nos tengamos que refugiar en la selva y la niña no va a poder estar allí. En Colombia la abuela Nora cuidará de ella”, le blanqueó, y su esposa quedó al borde del desmayo y lloró sin consuelo.
PUBLICIDAD
Mientras tanto, Escobar viajaba a Nicaragua con Gustavo, su primo. Allí los esperaba gente de sus contactos con el régimen sandinista, que peleaba para mantener el poder ante la persistente amenaza de grupos contrarrevolucionarios respaldados por los Estados Unidos. El plan era que su mujer y su hijo también pudieran desembarcar en Managua. Pero existía el riesgo de que el general Noriega, presionado por el gobierno colombiano, traicionara a Escobar y lo entregara a la DEA.
El 20 de junio de 1984, Victoria y Juan Pablo llegaron al aeropuerto y fueron trasladados a una vieja casona con paredones de tres metros de altura y torres con guardias armados. El panorama se complicaba día a día. Escobar decidió que su hijo también volviera a Medellín. Victoria aceptó la decisión a regañadientes. Y pasados unos días le pidió a su marido que le permitiera volar hacia Panamá para verse con su hermana. Pero una vez que llegó siguió viaje a Medellín. No aguantaba más estar distanciada de sus hijos. Con el correr de los días, Pablo se enteró. Primero se ofuscó, luego ella le explicó su obligación de madre y el capo narco la entendió.
PUBLICIDAD

Las fotos que condenaron a Pablo Escobar
El 17 de julio de 1984 llegaría una noticia que lo empeoraría todo. The Washington Post publicó una serie de fotos en la que Pablo y su socio El Mexicano en acción, mientras traficaban cocaína en un aeropuerto de Managua, en Nicaragua. Quien tomó esas imágenes fue el piloto Barry Seal. Este hombre trabajaba para el Cartel de Medellín, pero también era informante de la DEA. Las imágenes probaban la vinculación del régimen sandinista con los carteles colombianos, ya que en las fotos aparecía Federico Vaughan, funcionario del Ministerio del Interior de Nicaragua.
A los pocos días, el juez de la Corte del Estado de la Florida dictó orden de detención y captura internacional para Pablo Escobar por tráfico de cocaína a los Estados Unidos. Desde ese momento, Pablo supo que su pelea contra la no extradición estaba perdida. Y que con ese panorama a la vista, solo podía refugiarse en el ostracismo, lo que lo puso furioso. De alguna manera en ese momento para él comenzaba el principio del fin.
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
Últimas Noticias
La historia de Laika, el primer ser vivo en orbitar la Tierra y protagonista de una misión sin retorno
En noviembre de 1957, la Unión Soviética envió a una perra rescatada de las calles de Moscú a bordo del Sputnik 2. El experimento buscaba obtener información para futuras misiones tripuladas, pero una falla en el sistema de refrigeración provocó su muerte pocas horas después del despegue

Una mansión victoriana, 5 cadáveres en el salón y 18 años con una doble vida: el escalofriante caso de John Emil List
En Westfield, un contador arruinado acribilló a balazos a Helen, Alma y tres jóvenes. Luego de limpiar las habitaciones, huyó con documentos modificados para desempeñarse como auditor en firmas financieras distantes

Se quedó dormido en la bodega del avión, despertó en pleno vuelo y golpeó el techo hasta que el capitán declaró una emergencia
Willa Junior, operario de equipaje, no llegó a salir del compartimento de carga antes del despegue. Sus golpes y gritos desde las entrañas del avión alertaron a los pasajeros y tripulación

Un golpe en el área, una camilla y un silencio compartido: la tragedia de John Thomson y su similitud con la muerte de Jesús de Miguel
El delantero del CD Tenerife falleció tras un choque ante el FC Andorra. La escena remitió a la colisión que le costó la vida al arquero del Celtic en 1931, en Glasgow

La KGB, el brazo secreto de la URSS: el final de la temible maquinaria de espionaje que vigiló al mundo durante la Guerra Fría
El 6 de noviembre de 1991, mientras la Unión Soviética se desmoronaba, el último jefe del organismo asumía la conducción de una estructura sucesora. Había comenzado el desmantelamiento de uno de los aparatos de inteligencia y represión más poderosos del siglo XX: una organización que espió en Occidente, persiguió disidentes y extendió sus tentáculos por todo el bloque socialista. Durante casi cuatro décadas fue una herramienta central del poder del Kremlin

