
El apretón de manos representa una de las formas de saludo más reconocidas a nivel mundial. Su origen se remonta siglos atrás, con registros e imágenes en civilizaciones antiguas. El gesto consiste en tomar la mano derecha de otra persona como señal de respeto, saludo o acuerdo. Desde esculturas griegas hasta rituales diplomáticos, el apretón de manos forma parte de la vida social humana desde tiempos remotos.
Investigadores identificaron representaciones de apretones de mano en esculturas griegas. Estas muestras artísticas se remontan al siglo V antes de Cristo, lo que revela la antigüedad del gesto. La tradición atravesó el paso del tiempo y llegó hasta distintas culturas, adaptándose a costumbres y necesidades de cada sociedad.
El significado original del apretón de manos estaba vinculado a la simbología de la unión y la igualdad. Su ejecución no solo implicaba un saludo formal, sino también la confirmación de acuerdos de paz y la consolidación de alianzas entre distintas partes.

Un gesto que traspasó culturas y siglos
De acuerdo con la arqueóloga Janet Burnett Grossman, citada por JSTOR Daily, el término griego para el apretón de manos era “dexiosis”, que se puede traducir como “tomar la mano derecha”.
Los griegos representaban el gesto en esculturas funerarias, donde simbolizaba la conexión entre mortales y divinidades, así como la relación entre familiares que se despedían. El apretón de manos, en estos contextos, evocaba vínculos de afecto y respeto.
Investigaciones citadas por el historiador Jas Elsner indican que los ejemplos más antiguos conservados en estelas griegas aparecen hacia la década de 420 a.C. Ello demuestra que ya en la antigüedad el apretón de manos cumplía un papel importante en la iconografía y las relaciones sociales de los pueblos mediterráneos.

El gesto no era exclusivo de la cultura griega. Según registros arqueológicos, los asirios también conocían el apretón de manos. Una de las evidencias más notables es el relieve donde el rey asirio Shalmaneser III aparece junto a un gobernante babilónico. La escena muestra a ambos líderes en una interacción que enfatiza la igualdad, en lugar de la sumisión o el dominio. Para los asirios, el apretón de manos ilustraba la hermandad y el respeto mutuo entre iguales.
Más adelante, el apretón de manos adquirió nuevos significados y funciones en distintas regiones. En América, según un estudio del historiador Michael Zuckerman, la práctica se popularizó gracias a la comunidad cuáquera. Los cuáqueros rechazaron las normas cortesanas y abrazaron el apretón de manos como gesto de igualdad. Este cambio desplazó la reverencia aristocrática y democratizó el saludo personal en la vida pública y privada de los Estados Unidos.
La adopción masiva del apretón de manos por parte de los cuáqueros en los siglos XVII y XVIII contribuyó a consolidar el gesto en la cultura occidental. Se convirtió en símbolo de un trato respetuoso sin importar la posición social o política de los involucrados. El apretón no solo sellaba acuerdos comerciales y políticos, sino que también fomentaba la confianza y el reconocimiento mutuo.

La representación artística y los registros históricos confirman que el apretón de manos perduró a lo largo del tiempo, adaptándose a cada sociedad y momento histórico. Su presencia en tumbas, relieves y textos antiguos evidencia la importancia del gesto en ceremonias religiosas, compromisos civiles, pactos entre ciudades y otras situaciones públicas.
Hoy, el apretón de manos conserva su vigencia como vehículo de bienvenida, respeto y cierre de acuerdos. Su historia revela una continuidad simbólica que conecta a las personas con prácticas ancestrales de encuentro y diálogo.
Así, más allá del protocolo, este breve acto refleja valores universales de paz, confianza y reconocimiento. La evolución y permanencia del apretón de manos muestran la capacidad humana de transformar gestos sencillos en símbolos compartidos por generaciones.
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