Los once días de asedio de Ruby Ridge: la historia de la masacre que incentivó el movimiento de milicias en Estados Unidos

En agosto de 1992 una búsqueda de un hombre que no se presentó en los tribunales, terminó en un intercambio de balazos y con varias muertes. Surgieron protestas y cuestionamientos al uso de la fuerza por parte de las autoridades

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Una imagen de vigilancia cedida
Una imagen de vigilancia cedida por las autoridades en la que se ve armados a los integrantes de la familia Weaver

Los acontecimientos sucedidos en Ruby Ridge, Idaho, Estados Unidos, durante agosto de 1992 se desencadenaron cuando una operación de arresto ordenada por la justicia federal culminó en un enfrentamiento armado, dejando una huella imborrable en la historia policial estadounidense. Inicialmente, Randy Weaver, un exsoldado de las fuerzas especiales del ejército de Estados Unidos (Green Beret/Boina verde), había dejado de comparecer ante el tribunal por un caso de tenencia de armas de fuego. Al no presentarse, se emitió una orden de arresto y se asignó la responsabilidad del cumplimiento a la oficina del US Marshals Service, marcando el inicio de la operación que resultaría en el sitio posterior.

Randall Weaver cuando era un
Randall Weaver cuando era un Boina Verde (Cortesía de Sara Weaver)

En la etapa de reconocimiento, seis agentes federales, vestidos con ropa camuflada y equipamiento militar avanzado ―entre ellos, visores nocturnos y fusiles automáticos M16―, se acercaron sigilosamente a la cabaña de los Weaver, situada en la zona montañosa de Boundary County, Idaho. Su intención era estudiar el terreno y la disposición de la familia antes de ejecutar la orden de arresto. Los agentes decidieron lanzar dos piedras hacia la cabaña, con el objetivo de provocar una reacción en los perros guardianes y entender así los hábitos y mecanismos de respuesta de los ocupantes ante extraños.

Esa noche, la respuesta de los animales no tardó en llegar. El bullicio causado por las piedras llevó a que Kevin Harris, amigo cercano de la familia, junto con Sammy Weaver ―el hijo adolescente de Randy―, salieran del domicilio acompañados del perro de la familia, un Labrador Retriever amarillo conocido como Striker. El perro, alertado por los ruidos, se internó en el bosque próximo, y en ese momento la posición de los agentes federales quedó al descubierto. El agente Art Roderick disparó al perro Striker, ocasionando su muerte.

Vicki Weaver, esposa de Randall
Vicki Weaver, esposa de Randall y madre de sus hijos, moriría producto del disparo de un francotirador (Cortesía de Sara Weaver)

Ese acto desencadenó una reacción inmediata por parte del joven Sammy, quien gritó: “¡Mataste a mi perro, hijo de puta!” y disparó en dirección a Roderick. De inmediato, el agente Larry Cooper respondió con disparos que obligaron tanto a Sammy como a Harris a buscar refugio. Harris devolvió el fuego con un disparo que resultó mortal para el agente Bill Degan. Sammy, en retirada hacia la cima de una colina, sufrió un disparo en la espalda ejecutado por Cooper, que le causó la muerte.

Las circunstancias de ese primer contacto, producido el 21 de agosto, marcaron una escalada en la tensión que continuó los días siguientes. El enfrentamiento resultó en la muerte de un integrante de cada bando: un adolescente y un agente federal. Tras el enfrentamiento inicial, la confrontación se transformó en un sitio prolongado. El FBI asumió el control de la situación desplazando a su Hostage Rescue Team, especializado en negociaciones de alta complejidad y escenarios de barricada con rehenes o atrincheramientos armados.

El agente Bill Degan, quien
El agente Bill Degan, quien murió en el tiroteo (AP)

Durante el asedio, los intentos para persuadir a los Weaver de rendirse fueron infructuosos en sus primeros días. El ambiente se deterioró aún más al producirse la muerte de otro miembro de la familia dentro de la zona sitiada. El 22 de agosto, el francotirador del FBI, Lon Horiuchi, disparó contra Vicki Weaver, la esposa del hombre buscado, mientras ella abría la puerta de la cabaña, sosteniendo en brazos a su bebé de diez meses, Elisheba. La muerte de Vicki se produjo instantáneamente. Randy Weaver también fue herido.

El sitio se mantuvo durante un total de once días, en los que los habitantes de la cabaña —Randy Weaver, sus hijas y Kevin Harris— permanecieron rodeados, aislados y bajo amenaza constante de un desenlace violento. El cerco y la tensión generaron una cobertura mediática importante, mientras personal especializado trataba de conducir las negociaciones. Si bien al inicio los diálogos fueron dirigidos por agentes federales, la intervención de negociadores civiles resultó crucial para destrabar la situación. El 30 de agosto, Kevin Harris depuso finalmente las armas y fue arrestado. Al día siguiente, Randy Weaver y sus tres hijas también salieron de la cabaña y se rindieron. Así concluyó el sitio que había iniciado casi dos semanas antes, el 31 de agosto de hace 33 años.

Vicki Weaver junto a sus
Vicki Weaver junto a sus hijos Sam, Rachel y Sara (Cortesía de Sara Weaver)

Los siguientes meses estuvieron marcados por juicios y alegaciones de mala conducta. Tanto Randy Weaver como Kevin Harris enfrentaron cargos ante la justicia federal que incluyeron la acusación de asesinato en primer grado, específicamente por la muerte del agente Degan. No obstante, tras el proceso judicial, Harris fue absuelto de la totalidad de los cargos, mientras que Weaver sólo recibió condena por las faltas menores iniciales: la violación de las condiciones de fianza y su inasistencia a la citación judicial por el caso de armas. Por estos cargos, la pena consistió en una multa de 10.000 dólares, más dieciocho meses de prisión, de los cuales se le reconoció el tiempo ya cumplido y sólo permaneció encarcelado por un total de dieciséis meses.

El caso judicial puso en la mira la actuación de las agencias federales. El abogado de la defensa, Gerry Spence, señaló supuestos delitos y faltas graves de procedimiento, centrando sus acusaciones en el FBI, el US Marshals Service, la Oficina de Tabaco, Alcohol y Armas de fuego (ATF) y la oficina del fiscal del Distrito de Idaho. La severidad de estas acusaciones motivó la creación por parte del Departamento de Justicia de la Ruby Ridge Task Force (RRTF), encargada de investigar las formas y decisiones adoptadas durante el operativo.

El camino que llevaba a
El camino que llevaba a la casa de los Weaver en Ruby Ridge, Idaho (Cortesía de Sara Weaver)

Desde lo civil, tanto la familia Weaver como Harris presentaron demandas por los daños sufridos durante el asedio y el tiroteo inicial. En agosto de 1995, el gobierno federal aceptó indemnizar a los Weaver con un acuerdo extrajudicial que alcanzó los 3,1 millones de dólares. Harris, tras batallar en tribunales y apelar en diversas ocasiones, accedió en septiembre de 2000 a un acuerdo que le reportó 380.000 dólares.

Consecuencias adicionales incluyeron sanciones internas en las agencias implicadas. En 1997, una investigación determinó que E Michael Kahoe, quien había tenido responsabilidades de supervisión en la respuesta del FBI, destruyó documentos importantes que contenían críticas hacia las tácticas del buró antes de que comenzara el proceso penal contra Weaver y Harris. Por este acto, Kahoe recibió una condena a dieciocho meses de prisión.

Agentes federales junto a una
Agentes federales junto a una construcción cercana a la casa de la familia Weaver (AP)

Aquel mismo año, el fiscal del condado de Boundary llevó ante la justicia estatal al francotirador del FBI, Lon Horiuchi, imputándolo por el homicidio involuntario de Vicki Weaver. El caso fue transferido a la jurisdicción federal, donde fue desestimado tras argumentarse la preeminencia de la autoridad federal sobre las acciones de sus agentes en cumplimiento de deberes oficiales. En 2001, la Corte de Apelaciones dictaminó que el proceso contra Horiuchi podía ser retomado a nivel estatal, pero un nuevo fiscal de condado, Brett Benson, decidió suspender la acusación, argumentando que las pruebas disponibles no serían suficientes para sostener la responsabilidad penal ante los tribunales.

Los violentos acontecimientos de agosto de 1992 llegaron a la televisión. En 1996, CBS emitió la miniserie titulada Ruby Ridge: An American Tragedy, en la que participaron actores como Laura Dern, Kirsten Dunst y Randy Quaid en los papeles principales de Vicki, Sara y Randy Weaver, respectivamente. Posteriormente ese mismo año, la producción fue adaptada en formato de telefilme bajo el título The Siege at Ruby Ridge.

Integrantes de milicias se acercaron
Integrantes de milicias se acercaron a protestar contra el avance de las autoridades en Ruby Ridge (AP)

La situación de enfrentamiento que se mantuvo durante varios días en Ruby Ridge hizo que hasta el lugar se acercaran grupos de “milicias” antigubernamentales en Estados Unidos. Llegaron a Idaho integrantes de “milicias” de extrema derecha de diferentes regiones que aprovecharon lo ocurrido allí para aumentar su discurso contra el gobierno federal. Consideraban que la familia Weaver era perseguida por una autoridad “tiránica”.

Luego de Ruby Ridge, en 1993, sucedió el asedio de Waco, Texas, en 1993, donde murieron setenta y seis miembros de los Branch Davidians durante otro operativo federal. En 1995, Timothy McVeigh produjo el atentado en Oklahoma City en el que murieron 168 personas. Hay expertos que consideran a lo sucedido en Ruby Ridge como el inicio de la radicalización de las “milicias”. Hechos como el de Waco, incrementaron el escrutinio y la crítica hacia el proceder de las fuerzas federales estadounidenses y su capacidad para manejar situaciones con civiles armados atrincherados.

La vida de Randy Weaver terminó el 11 de mayo de 2022, cuando falleció a los setenta y cuatro años. Las repercusiones sociales, políticas y jurídicas del sitio de Ruby Ridge se prolongaron durante años, con secuelas tanto en los procedimientos de las agencias de seguridad federales como en la memoria colectiva de los procedimientos policiales de los años noventa en Estados Unidos. A pesar de los intentos judiciales y administrativos, se mantuvieron debates y reclamos sobre la proporcionalidad del uso de la fuerza, la idoneidad de las tácticas empleadas y el impacto que el caso tuvo sobre las familias y agentes involucrados en el episodio.

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