
Durante el Blitz en Londres, en febrero de 1942, una ciudad bajo la penumbra de los apagones proporcionó el escenario perfecto para que Gordon Cummins, un respetado aeronáutico de la Royal Air Force (RAF), perpetrara una serie de crímenes atroces. Según reseña History Extra, en solo seis noches, el joven soldado asesinó brutalmente a cuatro mujeres. Su uniforme, símbolo de valor y confianza en tiempos de guerra, fue su mejor disfraz.
Nacido en 1914 y criado en un entorno ordinario, Cummins se camufló en la multitud de jóvenes que servían a su país durante la Segunda Guerra Mundial. “Era un individuo respetado dentro de su entorno laboral y llevaba una vida familiar aparentemente estable”, afirma la historiadora Amy Helen Bell durante un podcast en History Extra. No obstante, detrás de esa fachada se ocultaba un depredador que aprovechó el caos de la guerra para acechar y atacar.
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Los oscuros meses del Blitz, los apagones eran obligatorios cada noche para evitar que los bombarderos alemanes localizaran objetivos en la ciudad, fueron un escenario ideal para que el asesino actuara sin ser detectado. Esta oscuridad total, combinada con los edificios destruidos, refugios antiaéreos abandonados y calles vacías por los toques de queda, ofrecía el entorno “perfecto” para el crimen.
Cummins supo explotar ese caos. Su condición de soldado en activo de la Royal Air Force (RAF) le daba libertad de movimiento y, sobre todo, confianza. En tiempos de guerra, los hombres en uniforme eran vistos como héroes, y Cummins lo sabía. Se presentaba como un joven atractivo, amable, confiable. Su uniforme lo volvía invisible entre miles de soldados desplazados por la capital británica. “La gente pensaba que era solo un chico agradable y guapo”, señaló Bell respecto a la confianza depositada en los hombres uniformados en aquel tiempo.
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Las mujeres, muchas solas o desplazadas por la guerra, no veían en él una amenaza. Cummins seleccionaba a sus víctimas en bares o en las calles, las convencía de acompañarlo y las conducía a zonas desiertas. Allí las golpeaba, estrangulaba y, en algunos casos, mutilaba.

Una serie de asesinatos escalofriantes
En una estremecedora serie de asesinatos, acabó con la vida de al menos cuatro mujeres en solo seis noches.
La primera fue Evelyn Hamilton, una farmacéutica de 40 años que había llegado a Londres por trabajo. Su cuerpo apareció en un refugio antiaéreo vacío, con signos de estrangulamiento. No había testigos, ni rastro del asesino.
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La noche siguiente, Evelyn Oatley, de 34 años, fue hallada en su departamento en el Soho. Había sido brutalmente asesinada y mutilada con instrumentos que la policía no logró identificar del todo.
Luego vino Margaret Florence Lowe, de 43 años, madre y trabajadora sexual. Su cadáver fue descubierto en su cama, también con signos de violencia extrema. El patrón se repetía: brutalidad, sadismo, y ningún indicio claro.
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Finalmente, Doris Jouannet, de 32 años, apareció muerta en circunstancias similares. La policía empezó a sospechar de un asesino en serie, aunque en plena guerra y sin tecnología forense moderna, era poco lo que podían hacer sin una pista.

El error que llevó a su captura
Después de cuatro asesinatos en menos de una semana, Gordon Cummins se sentía intocable. Pero la noche del 13 de febrero de 1942, su arrogancia lo traicionó. Atacó a una mujer llamada Greta Haywood en una calle oscura del West End. La empujó hacia un portal y comenzó a estrangularla, pero antes de consumar el crimen, un transeúnte, John Shine, se percató de la situación y gritó.
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Sorprendido, Cummins huyó. En la confusión, dejó atrás dos objetos vitales: su máscara de gas y su bolsa de lona militar, ambas con número de serie. Fue el error que la policía esperaba. Al rastrear la numeración, los agentes llegaron directamente a su unidad en la RAF, donde identificaron al sospechoso.
Cummins fue arrestado poco después. En su poder encontraron objetos robados de sus víctimas, entre ellos relojes, joyas y cosméticos. Las pruebas eran abrumadoras.
Consecuencias para el “destripador del apagón”
History Extra destaca que, a diferencia del infame Jack el Destripador, cuya identidad sigue siendo un misterio, el “destripador del apagón” fue identificado y arrestado muy rápido. En menos de cuatro semanas, fue procesado, juzgado y condenado a muerte. La ejecución tuvo lugar en Wandsworth Prison en junio de 1942.
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