
Ocho años antes de la guerra de Malvinas, hubo un intento del gobierno inglés de llegar a un acuerdo con Argentina para compartir las islas Malvinas.
El gobierno laborista inglés de Harold Wilson se acercó al presidente Juan Domingo Perón en 1974 con un plan confidencial para un gobierno compartido de las islas. Las negociaciones con Perón se frustraron por su muerte solo 20 días después del primer contacto. En ese momento, el Reino Unido no confiaba en que su sucesora, María Estela Martínez, pudiera seguir el poder hasta el fin de su mandato por lo que cortó el diálogo con Argentina. Después llegaría la dictadura, la guerra de 1982 y la relación bilateral daría un vuelco difícil de revertir hasta nuestros días.
El Daily Mail publicó el documento secreto que detalla la oferta de Gran Bretaña de compartir las Malvinas con Argentina. La intención de los ingleses era “poner fin a la disputa sobre la soberanía y crear una atmósfera favorable dentro de la cual los isleños podrían desarrollarse de acuerdo a sus intereses”. El texto del posible acuerdo fue entregado en forma secreta por el entonces embajador británico en Buenos Aires, James Hutton, a Perón.

Oferta inglesa
La propuesta inglesa cedía a la Argentina parte de la soberanía sobre las islas. Incluía que ambas banderas ondearan en Puerto Argentino y que el castellano y el inglés se convirtieran en dos idiomas oficiales para todos los isleños.
En el texto se notaba el interés de Londres por compartir la soberanía. “Sobre estas bases, el gobierno de Su Majestad propone que, si el gobierno argentino está de acuerdo, deberían realizarse conversaciones oficiales o preliminares en Buenos Aires lo antes posible”, escribió el Foreign Office.
Carlos Ortiz de Rozas, ex embajador argentino en Gran Bretaña, intervino en negociaciones confidenciales sobre las islas, algunas de las cuales reveló en su libro, Confidencias diplomáticas. El diplomático, que también fue ex presidente del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y jefe de la misión para las negociaciones con Chile bajo la mediación del Papa Juan Pablo II, se enteró de la propuesta británica y en su libro reveló que Perón se mostró eufórico y había expresado “Aceptemos. Una vez que pongamos pie en las Malvinas no nos saca nadie y poco tiempo después la soberanía será argentina por completo”.
La propuesta de Londres, además, avanzaba sobre el gobierno del territorio, que también sería compartido. Según el texto, se nombraría un gobernador que sería decidido en forma rotativa por el monarca británico y el presidente argentino.
En ese mismo sentido, el ex vice canciller Fernando Petrella, en una entrevista con Infobae sostuvo que “durante el período 1965 – 1982, el Reino Unido y la Argentina discutieron el condominio, el retroarriendo y una solución a lo Hong Kong, es decir, un solo país, dos soberanías. Nada de eso se pudo concretar”.

Petrella explicó en forma muy didáctica los pasos de una negociación sobre soberanía. “En diplomacia hay cuatro etapas para obtener un resultado en una negociación bilateral: primero el diálogo, después la conversación, después la discusión y finalmente la negociación, cuando lo que se discute pasa a ser formal -resaltó el diplomático-. La Argentina, en los mejores momentos de la relación bilateral con el Reino Unido, llegó a discusiones muy de fondo sobre Malvinas. Pero en general esas discusiones nunca se tradujeron en negociación porque siempre existió, del lado argentino, la idea de conseguir de inmediato lo que en realidad debía ser el objetivo final, si es que se llega a él alguna vez”.
La otra opción que afirma Petrella que se barajó en la década del 70 y también en la ONU dos meses antes de la guerra, es la de una propuesta de retroarriendo. Esto significaba que el Reino Unido transfería la soberanía y la Argentina le alquilaba las islas por 99 años.
Ortiz de Rozas se codeaba con la diplomacia inglesa. Y en medio del fragor de la Guerra Fría, en la que el Reino Unido era protagonista, las Malvinas empezaron a ceder protagonismo para Londres. Es así que en 1966, un alto subsecretario del Foreign Office para Asuntos de América del Sur le reveló en forma confidencial que las islas ya no tenían el valor estratégico y hasta le sugirió que en poco tiempo se integrarían a territorio argentino.
En la década del 60 fueron varios los intentos de acercamiento entre ambos países, en pleno proceso de descolonización del mundo occidental. En 1965 una nueva resolución de la ONU la 2065, incluyó explícitamente a las islas Malvinas.

Con este impulso Argentina, gobernada por Arturo Illia, invitó a Gran Bretaña cuyo primer ministro era el laborista Harold Wilson a entablar negociaciones. En enero de 1966 llegó a Buenos Aires el canciller británico Michael Stewart para tratar la disputa por la soberanía. Era la primera vez, desde el inicio de las protestas argentinas en 1833, que el gobierno inglés dialogaba oficialmente sobre el tema.
Argentina se comprometió a respetar los intereses y el modo de vida de los malvinenses, como el idioma inglés, la libertad religiosa y el derecho de propiedad. Los delegados argentinos fueron informados extraoficialmente que el gobierno británico no tenía intereses estratégicos, políticos o económicos que perseguir en las Malvinas. Pero, para transferir el territorio a Argentina, era necesario convencer a los isleños de las ventajas de un acercamiento con el continente mediante comunicaciones y entendimientos.
En septiembre, los cancilleres se reunieron en Nueva York durante la Asamblea General de la ONU. Allí se redactó un documento que se llamó Memorándum de entendimiento. Cuando supo de estos avances la Falkland Island Compañy (FIC), empresa lanera con dueños británicos, propietaria de dos tercios de las tierras en Malvinas, comenzó un importante lobby en contra de la cesión. Envió una carta a los medios y al Parlamento británicos que decía que los isleños “no quieren ser argentinos” y que “son tan británicos como nosotros”. Luego la llegada de la dictadura de Onganía hizo caer los avances.
La muerte de Perón hizo caer la negociación
El acuerdo para compartir las islas quedó en la nada cuando el 1° de julio de 1974, tres semanas después de la primera reunión con la comitiva inglesa, Perón murió. Argentina entró en una gran conmoción, entre la multitudinaria despedida al Presidente y la violencia política que terminaría derivando en la última dictadura militar el 24 de marzo de 1976.

Isabel Martínez de Perón heredó la presidencia y el asunto del condominio entre ingleses y argentinos en Malvinas quedó sin resolver. La flamante presidenta no avanzó porque le temía a algunos sectores del peronismo que pretendían una posición más dura con Gran Bretaña.
Ortiz de Rozas en su libro confirmó que existe un documento nombrado cono “non paper”, fechado el 20 de diciembre de 1974 que revela que el proyecto no había sido borrado de la agenda diplomática. Se trata de una versión traducida de la propuesta de Londres firmada y sellada por el Departamento de traducciones de la Cancillería argentina. Pese a todo, con Perón muerto, los ingleses ya se habían retirado de la mesa de negociaciones para siempre.
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