Una pared de yeso como muro de seguridad y una patada certera: la increíble fuga de prisión de Pablo Escobar Gaviria

El capo del Cartel de Medellín estaba confinado en la Prisión de La Catedral, un lugar al que la prensa colombiana calificó como “Cárcel de máxima comodidad”. Su celda tenía un bar bien surtido, sauna, gimnasio, mesa de pool y hasta discoteca. Desde allí continuaba traficando droga. Diecinueve meses después de huir de allí a pie, lo mataron

La única foto que se tiene de Pablo Escobar,cabecilla del Cartel de Medellín, durante su reclusión en lacárcel La Catedral, de Envigado.
La única foto que se tiene de Pablo Escobar,cabecilla del Cartel de Medellín, durante su reclusión en lacárcel La Catedral, de Envigado.

Él mismo, un gesto simbólico cargado de significado, le dio una patada a un sector del muro trasero de la prisión. Después, arremetieron a patadas sus secuaces, hasta que lo rompieron. Por último se fugaron todos a pie, como si salieran de una discoteca y no de una cárcel de máxima seguridad, y se perdieron en la neblina espesa de la montaña selvática.

Así fue como, en la noche del 21 al 22 de julio de 1992, Pablo Escobar Gaviria, el mayor traficante de drogas del continente, el jefe del cartel más grande y poderoso de Colombia, el hombre a quien se responsabilizaba de cientos de asesinatos, el enemigo público número uno reclamado por la justicia de Estados Unidos, huyó como Pablo por su casa de la cárcel “La Catedral”, en el municipio de Envigado, Antioquía.

Habitación de Escobar en el centro penitenciario.
Habitación de Escobar en el centro penitenciario.

La cárcel, se supo luego o se sabía antes y todo el mundo miró para otro lado, no era ni cárcel ni de máxima seguridad. Había sido rebautizada por la prensa y por quienes conocían sus condiciones y no miraban para otro lado, como “Cárcel de Máxima Comodidad”, en alusión a la vida suave y tranquila que llevaba su huésped. La habían hecho a su medida, y Escobar la había transformado a su antojo en un sitio único, alejado de los demás internos, todos encantados de compartir barrotes con el Patrón del Mal, a quien servían con orgullo. La celda, o lo que fuere, de Escobar eran un par de habitaciones amplias y cómodas, con un bar muy bien dotado, salas de billar y de pool, gimnasio, sauna, discoteca, pequeña eso sí, cuadros y muebles importados, una ducha con agua fría y caliente y un dispositivo que permitía abrir una puerta, disimulada en la pared del baño, que daba acceso a un escondite destinado a la custodia personal del narco, o a su propio descanso.

Cerca se alzaba una cancha de fútbol, se escuchaba el rumor del agua de una cascada natural, el paisaje permitía controlar los accesos a la prisión, un helipuerto cercano traía y llevaba a visitas importantes, se supone que pudo también permitir la fuga de Escobar, sin el trámite de patear el muro trasero de La Catedral. Pero ni siquiera ese fragmento de muro trasero era muro trasero: era una pared de yeso leve, camuflada como muro trasero y emplazada para lo que fue usada: una patada y a la calle.

La cárcel de La Catedral era una fachada para que Pablo Escobar continuara al mando del Cartel de Medellín.
La cárcel de La Catedral era una fachada para que Pablo Escobar continuara al mando del Cartel de Medellín.

Después de la huida del gran jefe narco, salieron a la luz otros secretos encerrados entre aquellos muros de piedra y yeso. Allí hubo de todo: orgías, fiestas a toda música y alcohol para amigos y sicarios, reuniones de capo mafias en las que se planificaron asesinatos y extorsiones; Escobar siguió manejando su imperio entre aquellas supuestas rejas y ante el silencio de los guardias, que eran matones del jefe vestidos con el uniforme de reglamento, y al amparo de una malla electrificada que, interruptor mediante, conectaba diez mil voltios a la habitación de Escobar para que todos lo pasaran chévere.

Además de pasarlo bien, Pablo Escobar temía que lo mataran. Esa cárcel de pacotilla era su búnker, su refugio, su garantía de vida. Cuando fugó, se convirtió en blanco móvil de sus enemigos en el tráfico de drogas y de las tropas del gobierno del presidente César Gaviria, a quien había dejado en ridículo con su fuga. Escobar cayó muerto frente a las tropas colombianas diecinueve meses después de su certera patada al muro que no era muro.

El narco Escobar y el presidente Gaviria eran viejos enemigos de la guerra contra el narcotráfico. El 27 de noviembre de 1989, en plena campaña electoral, el candidato Gaviria estuvo a punto de viajar en el vuelo 203 de Avianca que lo llevaría de Bogotá a Cali. Sus asesores le aconsejaron que no lo hiciera y Gaviria anuló el viaje a último momento. El vuelo 203 estalló en el aire sobre el municipio de Soacha, por una bomba colocada en la sección trasera del lado derecho, bajo el asiento 14F: murieron 101 pasajeros, los seis tripulantes y otras tres personas en tierra. El atentado fue adjudicado a Pablo Escobar y a los jefes del Cartel de Medellín.

Pablo Escobar ordenó que el vuelo 203 de Avianca que se dirigía a Cali explotara en el aire tras salir de Bogotá. Archivo Colprensa
Pablo Escobar ordenó que el vuelo 203 de Avianca que se dirigía a Cali explotara en el aire tras salir de Bogotá. Archivo Colprensa

Estados Unidos exigía por entonces la extradición de los más importantes jefes narcos colombianos, que se unieron, pese a sus diferencias circunstanciales, en una especie de singular sociedad de socorros mutuos y se bautizaron “Los Extraditables”. Enarbolaron un lema que se hizo bandera: “Preferimos una tumba en Colombia a una cárcel en Estados Unidos”. Aquellos fueron los meses de verdaderas batallas callejeras entre narcos rivales y contra las fuerzas policiales. Por fin, como fruto de un acuerdo con su viejo enemigo, el ahora presidente Gaviria, Escobar aceptó entregarse e ingresar a prisión, con el compromiso presidencial de que nadie fuese extraditado a Estados Unidos. Por las dudas, el narco exigió que esa medida fuese aprobada por la Asamblea Constituyente colombiana. La mañana del miércoles 19 de junio de 1991, Escobar se entregó en la Oficina de Instrucción Criminal de Medellín. Una hora más tarde, la Asamblea Constituyente aprobó la no extradición de colombianos a Estados Unidos.

El gran jefe narco llegó a La Catedral en helicóptero, como una celebridad, al mismo tiempo que ingresaban sus más fieles lugartenientes: Otoniel González, Otto, Carlos Aguilar, Mugre, y John Jairo Velázquez Popeye, el sicario preferido de Escobar. En los días siguientes se entregaron Valentín de Jesús Tabordsa, Roberto Escobar, Osito, Gustavo González, Tavo, Jorge Eduardo Avendaño, Tato, Johnny Rivera, El Palomo, José Fernando Ospina, El Mago, John Jairo Betancur, Icopor, Carlos Díaz, La Garra y Alfonso León Puerta, El Angelito. Diría Serrat, lo mejor de cada casa, tomando el sol en la plaza.

Visitas de personalidades a La Catedral, entre ellas los futbolistas Leonel Álvarez (segundo) y René Higuita (último).
Visitas de personalidades a La Catedral, entre ellas los futbolistas Leonel Álvarez (segundo) y René Higuita (último).

Ni bien instalado en su reducto -aquello no tenía nada de celda-, Escobar lanzó un mensaje en el que no habló como el narcotraficante que era, sino como el político que quiso ser: “Deseo que haya un juicio, con mi presentación y mi sometimiento a la Justicia, deseo rendir también un homenaje a mis padres, a mi irremplazable e inigualable esposa, a mi hijo pacifista de 14 años, a mi pequeña bailarina sin dientes de 7 años y a toda mi familia que tanto quiero. En estos momentos históricos de entrega de armas de los guerrilleros y de pacificación de la patria, no podía permanecer indiferente ante los anhelos de paz de la enorme mayoría del pueblo de Colombia. Pablo Escobar Gaviria. Envigado, Colombia, junio 19 de 1991”.

Todo duró un año y días. Cuando el presidente Gaviria supo, o lo enteraron, o decidió darse cuenta de las acciones de Escobar, no sólo del lujo en el que vivía, sino del manejo que, desde La Catedral, hacía del narcotráfico y de la guerra entre los carteles de la droga, decidió trasladar el preso a una “verdadera prisión”, en la confesión está la prueba, ahora en una base militar. Envió a informarle el traslado al viceministro de Justicia, Eduardo Mendoza, y al Director General de Prisiones del Instituto Penitenciario, Hernando Navas Rubio. Escobar se resistió, dijo que se sentía traicionado por el gobierno de su enemigo Gaviria, que iba a ser extraditado a Estados Unidos en el peor de los casos, o asesinado en su nueva prisión. De modo que secuestró a los dos funcionarios y mantuvo el secuestro en secreto hasta fraguar su fuga con todos sus secuaces, posterior a la patada en el muro que no era muro. Mendoza y Navas Rubio quedaron en poder del resto de los presos de La Catedral, hasta su rescate. Los dos fueron relevados de sus cargos porque al parecer no hubo demasiada certeza de su comportamiento frente al jefe narco y de cuál bando estaban en realidad.

Así reportaron los medios de la época la fuga de Escobar.
Así reportaron los medios de la época la fuga de Escobar.

Empezó entonces una larga fuga y una intensa búsqueda, reactivada ahora por el gobierno: en mejores palabras, estalló la guerra total. El gobierno colombiano creó el Bloque de Búsqueda, un cuerpo integrado por la Policía Nacional, el Ejército y los cuerpos antidroga de Estados Unidos. A esa medida le siguieron ataques terroristas del Cartel de Cali y del de Medellín. En distintos ataques los narcos ejecutaron a treinta uniformados y a una juez, sólo entre septiembre y octubre de 1992, dos meses después de la fuga de Escobar. Las fuerzas de seguridad golpearon duro a las redes de Escobar y mataron a sus principales jefes militares en operaciones especiales.

En febrero de 1993 mueren ejecutados decenas de policías y reaparecen en las grandes ciudades los atentados indiscriminados con coches bombas que provocan decenas de muertos. Desde el 30 de enero de 1993, el Bloque de búsqueda tiene un nuevo grupo militar liado: Los Pepes (Perseguidos por Pablo Escobar) ocupado en asesinar a testaferros, contadores, abogados y familiares del capo de la droga, y a destruir sus propiedades y sabotear sus finanzas. Desde la fuga de Escobar hasta marzo de 1993, cien sicarios y diez jefes militares del cartel habían sido asesinados por las autoridades. También habían sido apresados mil novecientos sospechosos y se habían entregado dieciocho altos mandos del ala militar del cartel de la droga.

Cuerpo de Escobar muerto por las autoridades en diciembre de 1993.
Cuerpo de Escobar muerto por las autoridades en diciembre de 1993.

El 2 de diciembre de 1993, la fuga de Escobar llegó a su fin. Después de rastrear seis llamados telefónicos a su hijo, fue localizado en una casa del barrio Los Olivos, en Medellín, y murió baleado por el Bloque de Búsqueda sobre las tejas del techo de la casa. La autopsia detectó un balazo debajo de la oreja izquierda lo que alimentó la hipótesis de un suicidio, un disparo de gracia, o un acertado balazo a distancia.

César Gaviria terminó su mandato presidencial el 7 de agosto de 1994. Es hoy director nacional del Partido Liberal de Colombia.

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