Disparos de vecinos y oposición de comerciantes a “ese peligro monstruoso”: la epopeya de Federico Lacroze para imponer el tranvía

Fue uno de los hombres adelantados a su tiempo. Le costó convencer a las autoridades y a la gente de los beneficios de este medio de transporte para Buenos Aires. Comenzó tirado a caballos, los hubo a vapor y terminaron siendo eléctricos

Federico Lacroze
Federico Lacroze, uno de los pioneros del tranvía en la ciudad de Buenos Aires (Revista Caras y Caretas)
Guardar

Federico Lacroze era un joven que vivía en el campo que explotaba su padre en Chivilcoy cuando se le prendió la lamparita. Sin embargo, no sabía que cuando expusiera su idea iba a tener a todos en contra.

Había nacido en la ciudad de Buenos Aires el 4 de noviembre de 1838, aunque algunas biografías sostienen que fue en 1835. Su primer trabajo fue en la Casa Mallmann, dirigida por Francisco, un alemán que se había radicado en el país por esos años y que fundó una entidad bancaria que poseía oficinas en Europa.

PUBLICIDAD

Luego se fue a trabajar al campo, donde su padre Juan, un francés que en nuestro país se había casado con la argentina Trinidad Cernadas y que tuvieron ocho hijos, desarrollaba diversas actividades agropecuarias.

También fue llamado como “tracción de sangre” y la línea principal pasaba junto a Palacio de Gobierno (blog pucp).
También fue llamado como “tracción de sangre” y la línea principal pasaba junto a Palacio de Gobierno (blog pucp)

Allí fue cuando se le ocurrió tender una línea de transporte entre la ciudad de Luján y Salto pero, para su sorpresa, dicha iniciativa no tuvo eco en las autoridades. En tiempos en que todo el esfuerzo económico estaba puesto en cubrir el rojo producido por la guerra de la Triple Alianza, no era oportuna semejante inversión, más en un proyecto insólito.

Cuando su padre falleció en alta mar, junto a sus hermanos heredó una importante herencia. Se asoció a su hermano Julio, quien se había recibido de ingeniero en París.

PUBLICIDAD

Para entonces, el gobierno tenía en carpeta varios pedidos de emprendedores para dotar a la ciudad de Buenos Aires de un servicio de tranvías. Fue un verdadero vía crucis convencer a las autoridades y conseguir capitalistas. Es que se creía que la circulación de semejante armatoste por las calles de la ciudad ocasionaría muchos muertos, según alertaban los detractores.

Tranvía
Caras y Caretas asoció, en su tapa del 8 de abril de 1899, al tranvía con la muerte

Todos se habían puesto en su contra y habían elevado un petitorio al gobierno para que esa loca idea no prosperase. Estaban las firmas de los principales comerciantes de la ciudad de Buenos Aires, como Anchorena, Basualdo, Estrada, Achával, Barra, Moreno, Mallo Muñiz, Lozano, Ezcurra, Leguía, a los que se sumaron las firmas extranjeras de Larroque, Schmidt, Capelli, Sommer, Kramer García, Bell, Fourcade y Perisé, y la lista seguía. Exigían que el gobierno impidiese la circulación del tranvía frente a sus negocios de las calles Rivadavia, Suipacha y Tacuarí. Para ellos este medio de transporte representaba una amenaza y sería el origen de grandes desgracias.

Los vecinos decían que las calles eran de ellos, y las cuadrillas de obreros que realizaban el tendido de vías, eran intimidados con disparos.

Finalmente, el 27 de febrero de 1870 los Lacroze, con un capital de 750 mil pesos, inauguraron la línea que corría por las calles Cangallo, Suipacha, Talcahuano y Piedad. Ese mismo año otra línea unía Plaza de la Victoria, Constitución y Recoleta. El lema que impuso fue “el tiempo es oro”.

Tranvía
Moneda del tranvía Lacroze (Revista Caras y Caretas)

No solo los hermanos Lacroze insistieron ante las autoridades en contar con el permiso de una línea, sino que Mariano Billinghurst y Jorge Drabble, ganaron la concesión Retiro - Rivadavia y el Paseo de Julio, hoy Leandro N. Alem.

Para evitar inconvenientes, el gobierno obligó a la empresa de Lacroze a que un postillón convenientemente uniformado fuera unos veinte pasos delante del tranvía y en las bocacalles, con un toque de corneta que llevaba, anunciara la presencia de “aquel monstruoso peligro”, según lo describían algunas publicaciones de entonces.

El postillón indicaba a la gente si podía cruzar, apuraba a los remolones e indicaba al conductor cuándo retomar la marcha.

Era un convoy de dos coches. Uno de los conductores era Juan Lapegua, veterano de la guerra del Paraguay. Los mayorales o guardas fueron Hilario Rodríguez y Baldomero Rodríguez, quien murió durante la Revolución del Parque de 1890.

Tranvías.
En la estación Montes de Oca, listos para el recorrido (Revista Caras y Caretas)

El pasaje era una moneda de metal blanco de cuatro gramos, la que tenía grabada la leyenda “comodidad, celeridad, economía”.

En Recoleta, la estación terminal estaba ubicada en las cercanías de Junín y Vicente López. De ahí tomaba por Quintana, Juncal, Cerrito, Viamonte, Suipacha, Tacuarí, Garay, General Hornos y Plaza Constitución. Al regreso, a la altura de Rivadavia, la vía hacía una curva pronunciada y el tranvía, que se distinguía por la banderita azul que llevaba, se detenía para dar paso al que venía en la dirección opuesta.

Los primeros tranvías eran tirados por mulas, y rápidamente fueron reemplazados por caballos. Cuando la gente vio los beneficios de este transporte, cada avance de las líneas era celebrado como un triunfo.

El 12 de abril de 1870 se fletó el primer coche especial para pasajeros que llegó a la Estación Once, y fue conducido por Francisco Mayo, capitán del 4° de línea, también veterano de la guerra de la Triple Alianza.

El 29 de octubre 1871 una línea, propiedad de Mariano Billinghurst, llegó a San José de Flores. Pero una violenta lluvia obligó a hacer los festejos como Dios manda el 1 de noviembre. Ese día el pasajero de lujo fue el presidente Domingo F. Sarmiento, quien describió al tranvía como “una epopeya”.

Enrique Mulhall
Enrique Muhall, histórico conductor de tranvías (Revista Caras y Caretas).

Lacroze, que se había iniciado en la masonería en 1857 en la Logia Regeneración N°5, sería además el promotor del llamado tranvía rural, tanto para el transporte de pasajeros como también de carga. El 4 de febrero de 1886 firmó con la legislatura bonaerense la concesión para la construcción de un tramo de cincuenta kilómetros entre Buenos Aires y Pilar, ramal inaugurado el 6 de abril de 1888. Se iniciaba así el llamado tranway rural primero con caballos -que se cambiaban cada tres leguas- y luego con máquinas a vapor, por el encarecimiento del carbón. Luego se unirían otras localidades, como Zárate, Salto y San Andrés de Giles, entre otras. Esas vías se transformarían en el Ferrocarril Central Buenos Aires.

Se había casado con María Etchevetz, y tuvieron tres hijos, Federico, Carlos y Teófilo. Al fallecer su esposa, volvió a casarse con Ana Browne Kirk, una irlandesa de 31 años.

El tranvía se expandiría rápidamente, no solo en la ciudad de Buenos Aires, sino en las afueras, y fue acompañando el crecimiento urbano. Surgieron conexiones con lugares que entonces eran pueblos que no pertenecían a la ciudad, como fue el caso de Chacarita. Por 1888, se ofrecía el servicio de un tranvía fúnebre, con tres categorías de vagones.

Murió el 16 de febrero de 1899 en su casa quinta de Cabildo 1355 cuando gestionaba una línea del tranvía rural a la ciudad de Rojas, convenciendo hasta último momento de la utilidad y la practicidad de ese medio de transporte que la ignorancia lo había tildado como un “monstruoso peligro”, pero que el progreso definió como una epopeya.

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD

Últimas Noticias

Bess Houdini, la mujer que cambió el rumbo del célebre ilusionista

Un cuaderno escrito entre 1897 y 1899 permite reconstruir el papel de la artista en el salto desde los espectáculos de variedades hacia los grandes teatros

Bess Houdini, la mujer que cambió el rumbo del célebre ilusionista

Los secretos de la diplomacia de Roca: el presidente que hizo una “alianza moral” con Brasil y definió límites con Chile

Con caminos diplomáticos novedosos y prácticos, el mandatario argentino durante su segunda presidencia decidió ponerse al hombro la resolución de conflictos regionales pendientes

Los secretos de la diplomacia de Roca: el presidente que hizo una “alianza moral” con Brasil y definió límites con Chile

El armario de una mujer en Pompeya revela joyas, cosméticos y monedas de hace 2.000 años

Los arqueólogos recuperaron el contenido de un mueble intacto en un sitio que se conoce como la casa de Cornelio Máximo, con objetos personales y comerciales que permiten reconstruir la vida cotidiana antes de la erupción del Vesubio

El armario de una mujer en Pompeya revela joyas, cosméticos y monedas de hace 2.000 años

Hombres hacinados que pedían limosna, verdugos temibles y una fuga frustrada: cuando en el fondo del Cabildo funcionaba una cárcel

Durante muchos años, en los patios traseros del Cabildo había una prisión en la que los detenidos vivían en condiciones miserables. Recién en 1877 se los trasladó a la nueva penitenciaría que hoy es el parque Las Heras

Hombres hacinados que pedían limosna, verdugos temibles y una fuga frustrada: cuando en el fondo del Cabildo funcionaba una cárcel

Fidel Castro admitió una década después su responsabilidad por la persecución contra homosexuales en Cuba en los años 60

El líder cubano atribuyó su falta de atención a la crisis de los misiles, la guerra y otros conflictos políticos, y describió ese período de las décadas de 1960 y 1970 como una injusticia

Fidel Castro admitió una década después su responsabilidad por la persecución contra homosexuales en Cuba en los años 60