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Tierra de todas las provincias, cenizas de Azucena Villaflor y estatuas recuperadas: la historia de la Pirámide de Mayo

Hace 215 años inauguraron el monumento para el primer aniversario de la Revolución de Mayo. Fue el primer homenaje a aquella manifestación de soberanía popular surgida en 1810. Cuál fue su emplazamiento original y las modificaciones que sufrió

La plaza de la Victoria, por 1829. La recova y la pirámde, con su enrejado y el globo en su cúspide
La plaza de la Victoria, por 1829. La recova y la pirámde, con su enrejado y el globo en su cúspide
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Cuando se acercaba el primer aniversario del 25 de mayo la Junta Grande, el gobierno al que se habían sumado los diputados del interior, determinó que algo importante había que hacer, y encomendó al Cabildo que pusiese manos a la obra. De ahí salió la idea de levantar una columna que, por esas cuestiones de la historia, se popularizó como pirámide, aunque su fisonomía se semejase más a un obelisco.

Obviamente, se debía construir en esa plaza que, desde 1804, estaba partida al medio por la recova, una suerte de shopping colonial de cuarenta locales en los que se vendía carne, fruta, verduras, comidas al paso, ropa y enseres. La parte de la plaza que daba al fuerte, hoy Casa Rosada, se la llamó Plaza del Fuerte o Mayor y la otra De la Victoria, en homenaje al triunfo frente al invasor inglés de 1806 y 1807. La recova sería demolida en nueve días en 1883.

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El edificio del cabildo en todo su esplendor y frente a él, la pirámide. La plaza era de tierra y era transitada por los vecinos, carretas y jinetes
El edificio del cabildo en todo su esplendor y frente a él, la pirámide. La plaza era de tierra y era transitada por los vecinos, carretas y jinetes

Cuando ese sábado 6 de abril de 1811 los vecinos no hablaban de otra cosa que no fuera el inusitado número de efectivos militares mezclados con gentes de las afueras que desde el día anterior participaban de un levantamiento saavedrista a fin de desarticular un plan morenista. Los pobladores vieron cómo en ese barrial, con profundas huellas que dejaban las ruedas de las carretas y los cascos de los caballos que era la plaza de la Victoria, se excavaba un pozo, bien frente al cabildo.

La obra estuvo a cargo de Francisco Cañete, quien había dirigido las construcciones del Consulado de Buenos Aires y de la Casa de Comedias. En el diseño fueron útiles los consejos de Juan Antonio Gaspar Hernández, un talentoso artista y escultor que había tallado retablos en iglesias, y sería el primer director de la Escuela de Dibujo creada por Manuel Belgrano.

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El pequeño obelisco, mucho más simple que el actual, estaba hecho de adobe cocido y era hueco, quizá para ahorrar ladrillos ya que el presupuesto no era generoso. En un primer momento se pensó en hacerlo de madera para que durase un par de años. En su interior un poste de madera colaboraba con su estabilidad. Medía casi quince metros.

Pirámide de Mayo
La Pirámide de Mayo en el centro; se ve el frente de la catedral y en el fondo parte de la recova y el primer edificio del Teatro Colón (Archivo General de la Nación)

Fue inaugurado a las apuradas el 25 de mayo de ese año, porque aún no le habían colocado los ornamentos y leyendas previstas, sobre las que no se ponían de acuerdo. Sí habían alcanzado a colocarle en la cúspide un globo decorativo.

Eso no fue impedimento para que el gobierno tirase la casa por la ventana. Ya el día anterior habían comenzado las celebraciones. En los cuatro vértices del monumento fueron colocadas las banderas de los regimientos con asiento en la ciudad. Soldados de distintas unidades se turnaron para hacer guardia durante cuatro días, entre las 8 y las 20 horas. Por la noche, la pirámide y la plaza fueron iluminadas por 1141 hachas de cera.

Pirámide de Mayo
El traslado de la pirámide . Fue recubierta por una estructura de madera y deslizada por un sistema de rieles (Caras y Caretas)

Tanto el 24 como el 25 de mayo hubo un desfile encabezado por el real estandarte, la bandera del rey, con misa en la catedral y sermón del obispo. Fuera de lo estrictamente protocolar, también hubo música, bailes, máscaras, y parece que esa alegría no solo se manifestaba en el centro sino en toda la ciudad.

Ese mismo año, el gobierno dispuso que se le colocasen placas con los nombres de Felipe Pereyra de Lucena y de Manuel Artigas, los dos primeros oficiales en morir en combate, ambos en 1811.

Pereyra de Lucena había nacido en 1789. Luchó en la segunda invasión inglesa y en el ejército del Alto Perú combatió en Cotagaita y Suipacha. Murió, a los 22 años, en Yuraycoragua el 20 de junio de 1811. Por su parte Manuel Artigas, que había integrado el grupo de French y Beruti, peleó como capitán en Paraguay a las órdenes de Manuel Belgrano. Se batió en Campichuelo y moriría en 24 de mayo de 1811 por las heridas recibidas en la batalla de San José. Ambas muertes tuvieron una gran repercusión en Buenos Aires.

Pereyra y Lucena
Felipe Pereyra y Lucena, junto a Manuel Artigas fueron los primeros oficiales en morir en batalla luego de 1810. Sus nombres figuran en el monumento

A pesar de las insistencias del padre de Felipe, el Estado no disponía de los seiscientos pesos para confeccionar la placa de bronce correspondiente.

Aparentemente, pasado ese 25 de mayo, el entusiasmo declinó. Bernardino Rivadavia, como primer presidente, tenía el proyecto de demolerla y construir en su lugar una fuente monumental que reflejase la real trascendencia de lo que había significado el primer gobierno patrio. Pero antes de que pudiese avanzar en los planes, debió dejar el gobierno y la idea quedó en el olvido.

Pirámide de Mayo
En 1912 ya tenía la imagen de la libertad en su cúspide. Foto de su traslado a su emplazamiento actual (Archivo General de la Nación)

En sus rejas, para indignación de los porteños, el 23 de febrero de 1820 habían atado sus caballos los caudillos Francisco Pancho Ramírez y Estanislao López. De todas formas, al día siguiente fue todo alegría por haberse firmado la paz.

Durante el gobierno de Juan Manuel de Rosas, quisieron hacerle arreglos que sólo quedaron en intenciones y en 1852 fue iluminada a gas, gracias a un gasómetro instalado en el solar que hoy ocupa la curia metropolitana.

Por 1856, el arquitecto Prilidiano Pueyrredón puso manos a la obra. Le cambió el pedestal, le colocó la figura de la libertad en la punta, obra del escultor Joseph Dubourdieu, se la ensanchó y se la hizo más alta. En una de sus caras se le agregó un sol y en las restantes, coronas de laurel. Además se incluyeron cuatro estatuas que representaban a la geografía, la astronomía, la navegación y la industria. En 1873 fueron a parar a un depósito y en 1972 fueron colocadas en la plazoleta San Francisco, en la esquina de Alsina y Defensa, hasta que en la última restauración de 2017 fueron devueltas a su emplazamiento original.

Por 2017 el monumento fue restaurado para que recuperase su antiguo esplendor
Por 2017 el monumento fue restaurado para que recuperase su antiguo esplendor

La cuestión se planteó cuando en 1883, en un vasto plan de modernización urbana llevado adelante por el intendente Torcuato de Alvear se demolió la recova y la pirámide dejó de estar en el centro de la plaza.

Recién entre el 12 y el 20 de noviembre de 1912 se procedió a trasladarla a su ubicación actual. En esos ocho días se la corrió 63 metros al este. Para ello, la pirámide fue recubierta por un armazón de maderas y lentamente deslizada por rieles.

A la pirámide la rodea un jardín que tiene tierra de todas las provincias argentinas y en 2005 fueron depositadas allí las cenizas de Azucena Villaflor, una de las fundadoras de Madres de Plaza de Mayo, desaparecida en diciembre de 1977.

Mientras tanto, los familiares y descendientes de Pereyra y Lucena continuaron reclamando a los diferentes gobiernos que colocasen la placa, tal como se había dispuesto. Pero recién en 1891, fue finalmente instalada una de bronce, costeada por los propios familiares.

Dos años después, en la sesión del miércoles 5 de mayo, la Asamblea del Año XIII votó el decreto que establecía ese día como “de fiesta cívica, en cuya memoria deberán celebrarse anualmente en toda la comprehensión del territorio de las provincias unidas del Río de la Plata, cierta clase de fiestas que deberán llamarse Fiestas Mayas”, y el obelisco al que todos llamamos pirámide se convirtió en el centro de lo que pasaba en la ciudad.

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