
Ese fraile era bien republicano, y lo demostró cuando fue diputado por Cuyo en el Congreso de Tucumán.
Justo Santa María de Oro había nacido en San Juan, era el mayor de diez hermanos, llevó el nombre de un tío obispo. De muy joven sintió la vocación sacerdotal, que iba en consonancia con los sueños de sus padres, de que un hijo fuese cura. A los 17 años había entrado a la orden de los Dominicos, en Chile y en ese país se graduó de doctor en Teología en la Universidad San Felipe Neri. En 1794 fue ordenado sacerdote.
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En 1809 viajó a Roma con el propósito de gestionar la fundación de un centro de altos estudios eclesiásticos y defender la postura de que los conventos de Cuyo dependiesen de nuestro país y no estuviesen compartidos con Chile. Estando en Italia se enteró del estallido de la Revolución de Mayo, y quiso regresar. De Buenos Aires pasó por San Juan a visitar a familiares y de ahí cruzó a Chile.

En Chile continuaría su carrera pastoral hasta 1814 cuando debió pasar a Mendoza. El 23 de julio de ese año se produjo una sublevación de los hermanos Carrera contra el Director Supremo José de la Lastra, y la junta de gobierno que surgió se enfrentó con Bernardo O’Higgins, y sus partidarios cayeron en desgracia. Oro, entre ellos.
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Ese cura de ojos claros, que manejaba el inglés, el francés y el italiano y que poseía profundos conocimientos filosóficos y teológicos, era tío segundo, por parte de madre, de Domingo Faustino Sarmiento.

En Mendoza conoció a José de San Martín, cuando ya tenía en mente su proyecto de cruzar los Andes, y lo ayudó con el equipamiento y fondos. Comprometió los ingresos del convento de Santo Domingo en la empresa libertadora, así como los esclavos que tenían los frailes. Además, por sus contactos en Chile, colaboró en establecer una red de espías.
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Estuvo un par de meses allí hasta que regresó a Chile hasta la victoria española en Rancagua, que lo obligó a irse, junto a miles que debieron emprender el exilio.
Cuando se acercaba la fecha del inicio del congreso que se celebraría en Tucumán, se procedieron a elegir los diputados que representarían a las distintas provincias y regiones de las Provincias Unidas.
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La recomendación de San Martín fue la tomar el modo más sencillo para elegir a los diputados que representarían a Cuyo. El 12 de junio de 1815 el gobernador José Ignacio de la Roza convocó a la gente y al día siguiente se votó, resultando electo Oro. El 12 de septiembre se volvió a votar para elegir al otro representante, que fue Francisco Narciso Laprida, pero éste impugnó su propia designación, aduciendo que no habían podido votar los que vivían en las afueras. Pero San Martín insistió y Laprida fue a Tucumán.
Junto a Tomás Godoy Cruz partieron a la provincia del norte, guiados por el arriero Pantaleón Funes, en un cansador trajinar de dos meses.
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El 11 de diciembre de 1815 ya estaba en San Miguel de Tucumán y fue uno de los primeros en arribar. Se alojó en el convento de los dominicos y también pasaba tiempo en la casa de descanso que esa orden tenía en la quebrada de Lules, a unas cuatro leguas de la ciudad. Allí se recluía cuando necesitaba meditar o pensar a fondo algún asunto.
Su diploma fue aprobado el 25 de marzo, un día después del inicio de las sesiones. En una de ellas, propuso que Santa Rosa de Lima fuera la patrona de América.
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Participó de la sesión secreta del 6 de julio donde Manuel Belgrano, recién llegado de Europa, puso al tanto a los diputados de la actualidad política en el Viejo continente.
Ya declarada la independencia, el 15 de julio alteró los ánimos cuando se debatía sobre la forma de gobierno a adoptar, insistió que antes de tomar alguna decisión se debía consultar a los pueblos y que, en caso de que esto no ocurriese, se le permitiese retirarse del congreso. Con un discurso republicano, y muchos interpretaron que no era partidario de la instalación de una monarquía.
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Renunció a la diputación cuando el congreso se trasladó a Buenos Aires. En 1818 fue deportado a Chile, acusado de “introducir el desorden” al involucrarse en cuestiones políticas. Allí llegó a ser superior de su orden. Fundó el colegio de San Vicente en Apoquindo.
En 1825, acusado de conspirar contra Ramón Freire, comandante general del ejército, debió regresar a Cuyo. El 15 de diciembre de 1828 el Papa León XII, reconociendo su labor, lo ungió obispo y vicario apostólico de esa región del país.
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Entonces, desarrolló una profunda tarea pastoral, como la construcción en San Juan de la catedral y la fundación de un centro educativo para mujeres, transformándose en un precursor de la enseñanza primaria y secundaria a niñas. Fue el Pensionado de Santa Rosa de Lima, quien no lo pudo abrir porque la muerte lo sorprendió. Tres años después lo haría su sobrino Sarmiento, en la casa natal del fraile, y serían maestras las hermanas del futuro presidente, Procesa, María del Rosario y Vicenta. La hermana del fraile sería la directora. Ese colegio funcionó hasta 1840, cuando Sarmiento debió emprender un nuevo exilio.
Cuando estalló el conflicto entre unitarios y federales, prefirió quedarse al margen. Falleció en San Juan el 19 de octubre de 1836. El 23 fue sepultado en la catedral de San Juan.
El terremoto de enero de 1944 destruyó casi por completo la casa natal de Oro, ubicada en la calle San Luis 123 este, y solo quedaron en pie algunos ambientes, entre ellos la habitación donde nació. Allí se conserva su corazón que había latido con tanta fuerza y pasión por la educación, la fe y la libertad.
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