
En junio de 1582, Oda Nobunaga, uno de los líderes más influyentes de la historia de Japón, se encontraba en el templo de Honnō-ji, en Kioto, cuando fue traicionado por uno de sus generales, Akechi Mitsuhide. Este acto de deslealtad marcó el final de la vida de Nobunaga, quien, acorralado y sin posibilidad de escapar, optó por el suicidio ritual, conocido como seppuku. Pero para llegar a este momento, tuvo que recorrer una emocionante historia de vida.
El ascenso de Nobunaga tuvo lugar durante el período Sengoku (1467-1615), una era de inestabilidad política y conflictos armados en Japón. Según detalló The Collector, este período comenzó con la Guerra Ōnin (1467-1477), un enfrentamiento interno entre facciones del clan Ashikaga que debilitó el poder central del shogunato y dio paso al surgimiento de los daimyos, señores feudales que luchaban por el control territorial. En este contexto, el clan Oda, al que pertenecía Nobunaga, era considerado un actor menor, limitado a la provincia de Owari, en el centro del país.

Nobunaga nació en 1534, en el seno de este clan, y desde joven mostró un comportamiento excéntrico que le valió el apodo de “El Loco de Owari”. Ssu actitud irreverente y su desprecio por las normas sociales lo hicieron impopular entre los miembros de su familia y sus vasallos. Sin embargo, su pragmatismo y su capacidad estratégica pronto lo convertirían en un líder formidable.

La muerte de su padre, Oda Nobuhide, en 1551, desató una crisis de sucesión en el clan Oda. Aunque Nobunaga era el heredero legítimo, muchos de sus familiares y vasallos se opusieron a su liderazgo. Según Smithsonian, Nobunaga respondió con fuerza militar, reuniendo un ejército de 1.000 hombres, en su mayoría campesinos armados con armas de fuego, y eliminando a sus rivales internos, incluidos su tío Oda Nobutomo y su hermano Oda Nobuyuki. En 1559, Nobunaga había consolidado su control sobre Owari, unificando la provincia bajo su mando.
El verdadero salto a la prominencia de Nobunaga ocurrió en 1560, durante la batalla de Okehazama, un enfrentamiento que, según La Vanguardia, es considerado uno de los episodios más sorprendentes de la historia militar japonesa. En esta batalla, este hombre enfrentó al poderoso clan Imagawa, liderado por Imagawa Yoshimoto, quien había reunido un ejército de 25.000 hombres con el objetivo de avanzar hacia Kioto. Nobunaga, con apenas 3.000 soldados, utilizó tácticas innovadoras para derrotar a un enemigo numéricamente superior.

De acuerdo con The Collector, Nobunaga aprovechó su conocimiento del terreno y lanzó un ataque sorpresa mientras las tropas de Yoshimoto celebraban una victoria previa. La estrategia fue un éxito rotundo: el ejército de Imagawa fue aniquilado, y Yoshimoto murió en el combate. Esta victoria marcó el inicio de su campaña para unificar Japón.
Uno de los aspectos más destacados del liderazgo de Nobunaga fue su capacidad para adoptar y mejorar las tecnologías militares introducidas por los europeos. Según Smithsonian, los portugueses habían llevado armas de fuego a Japón en 1543, y Nobunaga fue uno de los primeros en utilizarlas de manera efectiva en el campo de batalla. En 1575, durante la batalla de Nagashino, Nobunaga empleó una táctica revolucionaria: organizó a sus arcabuceros en filas que disparaban de manera alternada, lo que permitió un fuego continuo y devastador contra la caballería del clan Takeda. Esta estrategia, según La Vanguardia, se adelantó en dos décadas a su uso en Europa y cambió para siempre la forma de hacer la guerra en Japón.

Además de sus innovaciones militares, Nobunaga implementó reformas económicas en los territorios que conquistaba. Según Smithsonian, abolió los monopolios, estableció mercados libres y reorganizó el sistema tributario, lo que fomentó el comercio y debilitó el poder económico de los daimyos rivales y las sectas budistas militantes. También introdujo una nueva moneda, unificando el sistema económico en las regiones bajo su control.
El avance de Nobunaga hacia la unificación de Japón no estuvo exento de resistencia. Según La Vanguardia, uno de sus mayores enfrentamientos fue contra los monjes guerreros de la secta Tendai, quienes representaban una amenaza tanto militar como política. En 1571, Nobunaga ordenó la destrucción del monasterio de Enryaku-ji, cerca de Kioto, masacrando a miles de monjes y civiles. Este acto, aunque brutal, eliminó un obstáculo significativo en su camino hacia el poder.

Para 1573, Nobunaga había derrocado al último shogun del clan Ashikaga, Ashikaga Yoshiaki, poniendo fin al shogunato y consolidando su control sobre el centro de Japón. Según The Collector, en 1582, Nobunaga gobernaba 32 de las 68 provincias del país, aproximadamente un tercio del territorio japonés.
A pesar de sus logros, Nobunaga no pudo prever la traición que pondría fin a su vida. Según Smithsonian, en junio de 1582, mientras se encontraba en el templo de Honnō-ji, Mitsuhide, uno de sus generales, dirigió un ataque sorpresa contra él. Las razones detrás de esta traición siguen siendo objeto de debate, aunque algunos historiadores sugieren que pudo haber sido motivada por resentimientos personales o ambiciones políticas. Sin posibilidad de escapar, Nobunaga optó por el seppuku,(suicidio) poniendo fin a su vida y dejando un vacío de poder que sería llenado por su aliado y sucesor, Toyotomi Hideyoshi.
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