El jueves 13 de diciembre de 1973, dos meses después de asumir el poder, el presidente Juan Domingo Perón presentó en la CGT algunos lineamientos de la política económica proyectados hasta 1977.

Estaba en mangas de camisa frente a más de un centenar de dirigentes gremiales reunidos en el salón principal.

Perón recordó anécdotas de sus primeras gestiones desde el Estado en el mundo laboral en los años 40.

"Nosotros iniciamos la industrialización en nuestro país. No se fabricaba ni los alfileres de las modistas; todo venía del exterior".

"La primera carta que recibí (quejándose del aumento de salarios a los peones rurales) fue de mi madre, que tenía una estancia en la Patagonia. Si vos creés que le puedo pagar 150 pesos a los peones te has vuelto loco".

El auditorio reía y aplaudía. Perón tenía 77 años. Se sentía en su casa. El apoyo de la dirigencia sindical era clave para la realización de las metas de su tercer gobierno, aunque "algunos tontos digan que son burócratas".

Había cerrado filas con la CGT. Hacía poco más de dos meses, Montoneros había matado a su secretario general, José Ignacio Rucci. Su sucesor era el textil Adelino Romero, que estaba a su lado en el estrado. Perón lo aplaudió cuando fue anunciado y también aplaudió a su ministro de Trabajo, Ricardo Otero. Al único que Perón no aplaudió cuando lo presentaron fue a su ministro de Bienestar Social, José López Rega, como se observa en el video.

A un costado, detrás de López Rega, con trajes oscuros y anteojos de sol en el auditorio cerrado, estaban sus custodios. Se convertirían en el emblema de la acción represiva paraestatal, identificados como miembros de la "Triple A".

Después de retratar las líneas económicas en sus dos primeras presidencias, Perón presentó el Plan Trienal 1974-1976, la planificación económica que, prometía, signaría su nuevo gobierno. Remarcó antecedentes auspiciosos, las primeras realizaciones en las breves presidencias de Cámpora y Lastiri, aunque no los mencionó.

"En seis meses, hemos pasado del 33% al 42% (en la de beneficios para los obreros). Nuestra moneda, que estaba desvalorizada, mejoró en un 40%. Es decir, un dólar costaba 1.450 pesos cuando llegamos aquí (25 de mayo de 1973) y ahora cuesta 970. Cuando asumimos el gobierno no teníamos ninguna reserva financiera y hoy ya tenemos 1.300 millones de dólares en caja".

Los datos reflejaban la expectativa de un país en expansión.  

La tasa de crecimiento del producto bruto interno –que en 1972 había alcanzado el 4,5% y en 1973 proyectaba un 5%-, se esperaba que alcanzase al 7,5% en 1977. También se esperaba que la producción agropecuaria se triplicaría para ese año. Perón calculaba que ya en 1975 se advertiría "una economía de abundancia".

El Plan Trienal, construido bajo el paraguas del "Pacto Social", una concertación entre empresarios y representantes gremiales con la orientación del Estado, el gobierno peronista se proponía, en su trazo grueso, aumentar la inversión pública, desarrollar el mercado interno, ampliar la exportación a mercados no tradicionales (países socialistas y No Alineados), y fomentar la producción energética con nuevas obras de infraestructura.

De este modo alcanzaría sus metas: la redistribución del ingreso nacional (para llegar al fifty-fifty entre empresarios y trabajadores); la reducción de la desocupación (establecida en torno al 7%) hasta llegar la ocupación plena y la neutralización del proceso inflacionario (con el congelamiento de precios y salarios). Con estas políticas, el sector dinámico de la economía se trasladaría de los monopolios extranjeros al sector productivo nacional.

Toda la arquitectura del programa económico sería definida con dos palabras, que marcaban el rumbo y la utopía del país por venir: "Argentina potencia".

Era una marca de pertenencia que se expresaba en el día a día con sus propios universos icónicos: el Rastrojero, un utilitario producido por la empresa estatal IME (Industrias Mecánicas del Estado); las piletas populares en los bosques de Ezeiza, o las zapatillas Flecha, la primera de lona con suela de PVC, para la "juventud".

En términos políticos, la "Argentina Potencia" se contrastaba con el "Socialismo nacional", bosquejado en forma genérica desde la izquierda peronista.

La "Argentina Potencia" tuvo ciertos condicionamientos apenas se lanzó.

El primero fue externo: el aumento del precio del petróleo generó una "inflación importada" para insumos básicos, que se trasladó a  los costos de las empresas y desajustó las metas del programa. Además, los grandes grupos económicos desconfiaron del protagonismo del Estado en la planificación y el sistema de concertación del proyecto. Pero el condicionamiento más gravitante fue el político o, mejor dicho, la violencia política.

El enfrentamiento en el peronismo, resuelto a dirimir sus contradicciones internas de manera violenta, provocó un cambio de escenario. Las fuerzas legales del Estado comenzaron a transformarse en ilegales, para reprimir la ilegalidad. Estos factores minaron la posibilidad de una "reconstrucción en paz".

El "Pacto Social" fue perdiendo sus herramientas de acción, y el impulso a favor de la productividad, nivel de empleo y redistribución del ingreso se fue desvaneciendo.

El "mercado negro" de productos y el desabastecimiento fueron los síntomas visibles de su gradual descomposición.

Perón alertó sobre la necesidad de mantener el Pacto Social, e incluso amenazó con su renuncia a la Presidencia. Fue su última aparición pública, el 12 de junio de 1974, en el balcón de la Casa Rosada.

Con su muerte, el Plan Trienal perdió a su conductor, y las metas económicas no pudieron sostenerse. Ya no existían recursos políticos para aplicarlas. La renuncia de José Gelbard en el Ministerio de Economía, en octubre de 1974, marcó el final de la orientación económica original del tercer gobierno peronista.

Pero habría más.

López Rega asumió el slogan de "Argentina Potencia", con la fuerza de propaganda del Estado, y lo convirtió en el centro de su proyecto político, para concentrar espacios de poder.

La "Argentina Potencia" quedó identificada con la construcción  de un "Altar de la Patria", entre la estación Retiro y la Facultad de Derecho (UBA) con túneles internos, escaleras y una bóveda central donde descansarían los restos de los próceres nacionales, Perón, Evita, San Martín… con la leyenda "Hermanados en la gloria, vigilamos los destinos de la Patria. Que nadie utilice nuestro recuerdo para desunir a los argentinos".

También López Rega proyectó un complejo náutico en El Delta, con hoteles internacionales, estaciones fluviales, helipuertos y embarcaciones que unirían El Tigre con el puerto de Buenos Aires en 15 minutos.

Con sus proyectos magnánimos la "Argentina Potencia" intentaba demostrar que el país estaba en pleno crecimiento económico, a la vez que "eliminaba a la subversión". En su faceta pública el ministro de Bienestar Social, y hombre fuerte de la Argentina, identificaba su imagen con el primer ítem; en su faceta clandestina, las fuerzas del Estado se ocupaban del segundo ítem.

En junio de 1975, López Rega, aliado a grupos neoliberales decididos a romper el estado de bienestar, que había marcado la tradición del peronismo, lideró el ajuste económico. López Rega introdujo a Celestino Rodrigo en el Ministerio de Economía. Su plan, "el Rodrigazo", liquidaba las políticas de concertación económica y social iniciales y conducía irremediablemente a la fractura del país. Solo pudo ser contestado en parte por movilizaciones obreras y amenazas de ruptura de la CGT con Isabel Perón.

José Alfredo Martínez de Hoz, al año siguiente, con el soporte represivo de la dictadura militar, se ocuparía de restablecer y profundizar las políticas económicas de ajuste.

De la "Argentina Potencia" quedaron las utopías y algunas calcomanías.

 

El autor es periodista e historiador (UBA). Su último libro es Primavera Sangrienta. Un país a punto de explotar. Argentina 1970-1973. Guerrilla, presos políticos y represión ilegal (Editorial Sudamericana, 2017)