Seis maneras en que los líderes aprovechan el estrés

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De HBR.org

Los ejecutivos rinden al máximo cuando comprenden sus reacciones instintivas y amplían su abanico de respuestas.

Los líderes siempre han convivido con el estrés; es algo que viene con el cargo. Sin embargo, la presión actual se siente especialmente intensa. Muchos ejecutivos describen una coacción creciente en múltiples frentes, desde la incertidumbre económica hasta la disrupción tecnológica y la volatilidad geopolítica.

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Aunque no hay dos líderes que tengan la misma reacción biopsicológica al estrés, sí surgen patrones coherentes. Hemos desarrollado un marco que los organiza en seis tipos principales de respuesta.

Nuestro objetivo aquí no fue crear una taxonomía científica, sino ayudar a los líderes a comprender cómo actúan bajo presión y a tomar mejores decisiones cuando más importa. A continuación, explicamos cómo se manifiestan estos seis patrones en momentos de tensión, qué fortalezas ofrecen y en qué aspectos cada uno puede fallar bajo una presión sostenida.

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El Faro

Los líderes "Faro" transmiten calma cuando los demás están nerviosos. En una crisis, mantienen un ritmo mesurado, regulan su respiración, bajan el tono de voz y se mantienen enfocados en el horizonte, no solo en la crisis que tienen justo frente a ellos. El estrés los orienta hacia la estabilidad por encima de la rapidez, y es más probable que la primera evaluación rápida que se haga de una nueva situación identifique oportunidades en lugar de amenazas. En lugar de responder a la urgencia con más urgencia, tienden a mantenerse firmes y a guiar con firmeza a los demás a través de la ambigüedad.

En períodos prolongados de estrés, la búsqueda de estabilidad puede convertirse en inercia; es probable que no se atrevan a enfrentar las malas noticias, que carezcan de la urgencia adecuada o asuman en silencio demasiadas responsabilidades.

El Alquimista

Los alquimistas ven la presión no como una amenaza, sino como un catalizador para el crecimiento. En un mundo definido por disrupciones superpuestas, tratan la turbulencia como la materia prima para la reinvención --una señal de que la vieja lógica ya no encaja--. Exteriormente se muestran firmes, pero interiormente son dinámicos. Piensan de una forma que ayuda a conectar puntos que otros aún no ven. Bajo presión, buscan lo posible, no lo predecible.

En situaciones de incertidumbre prolongada, los alquimistas pueden pasar de ser creativos a caóticos; pueden perseguir la novedad por sí misma o agotar a a los equipos con cambios constantes de rumbo.

El bombero

Los bomberos se nutren de la presión y el impulso. Prefieren la decisión a un análisis prolongado. Cuando estalla una crisis, actúan con rapidez, irradian urgencia y movilizan a los demás. No solo responden al estrés de manera muy dinámica, sino que tienden a verlo como una oportunidad. La presión no los paraliza; los impulsa.

Sin embargo, bajo una tensión prolongada, la inmediatez de un bombero puede volverse problemática. Cada chispa comienza a parecer un incendio y las decisiones pueden volverse impulsivas.

El estoico

Los estoicos lideran a través de la disciplina y el autocontrol. Cuando la presión se dispara, se vuelven analíticos. Tienen una respuesta serena ante el estrés, comparten la calma externa del faro, pero por razones diferentes: mientras que el faro utiliza la estabilidad para crear espacio y perspectiva, el estoico la utiliza para manejar la volatilidad interna. Cuando surge una crisis, los estoicos naturalmente reducen el ritmo, regulan sus emociones y restablecen el orden.

Sin embargo, tratar las emociones como una distracción puede llevar a los estoicos a aislarse justo cuando la conexión humana es más vital. El deseo de mantenerse racionales puede empujarlos a sumergirse de manera más profunda en los datos y los procesos, lo que genera decisiones técnicamente precisas, pero emocionalmente torpes. Los costos suelen ser internos: el estrés no expresado puede causar insomnio, fatiga o agotamiento silencioso.

El diplomático

Los diplomáticos guian con tacto. Alivian la tensión a través del diálogo y mantienen a los equipos unidos cuando el estrés amenaza con dividirlos. Para estos líderes, una crisis es tanto una prueba social como estratégica. Bajo presión, fomentan la conexión social.

Bajo estrés prolongado, los diplomáticos pueden inclinarse por el consenso en lugar de la franqueza, suavizando el conflicto en lugar de abordarlo directamente. La compostura puede convertirse en cautela y la diplomacia puede derivar en demoras.

El contenedor

Los "contenedores" guían con control. Responden al estrés imponiendo estructura y manteniendo unido el sistema cuando otros se sienten abrumados. Destacan por gestionar múltiples exigencias de manera coherente. A menudo confían en un círculo íntimo muy cerrado --un equipo pequeño y de confianza con el que pueden actuar de manera decisiva mientras filtran el ruido.

Sin embargo, la intensa concentración puede excluir las voces ajenas al círculo íntimo, lo que hace que los equipos se sientan marginados o mal informados. Cuando la presión aumenta, el "contenedor" puede absorberla de más, de manera muy silenciosa.

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A medida que los líderes enfrentan mayor presión, los que destaquen no será por la inmunidad al estrés, sino por la capacidad que tengan para controlar la reacción ante él. Al final, dirigir bien bajo presión se trata tanto de aferrarse a un solo estilo, sino de saber cuándo cambiar. Esa adaptabilidad es lo que convierte una crisis en claridad y la tensión en fortaleza.

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